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lunes, 25 de mayo de 2020

Rituales de despedida en tiempo de confinamiento

RITUALES DE DESPEDIDA


Las medidas adoptadas por la crisis del Covid-19, han obligado a que nos adaptemos a nuevas modalidades de convivencia que afectan aspectos de nuestra vida cotidiana o la posibilidad de hacer rituales de acuerdo a nuestras costumbres y creencias.
Tal es el caso de las personas que han perdido a un ser querido y a quienes por las circunstancias actuales, no se pudo despedir según las tradiciones acostumbradas, como realizar velorios o acudir en familia al entierro; tampoco se ha podido llevar a cabo un adecuado proceso de despedida obligando a modificar los rituales que nos permiten transitar el duelo.
Es por ello que a continuación se comparten algunas ideas para realizar los rituales de despedida en tiempo en época de confinamiento.

Los rituales de despedida
De acuerdo a la psicóloga Belén Picado[1]: “los rituales de despedida, como los funerales, dan la oportunidad a la persona doliente de hacer más real la pérdida y también cumplen una función social al permitir compartir el dolor. Es como si la mente necesitara ver y participar de esta experiencia para marcar el inicio del duelo y no aferrarse a una fantasía de continuidad, a la sensación de que esa persona pueda volver en cualquier momento”.
En el texto elaborado por el Centro de Recursos en Salud Mental y Derechos Humanos[2] se expresa:
Los rituales de despedida son ceremonias que nos ayudan a decir adiós. Vivimos un tiempo en el que quizá se nos es imposible realizar los rituales acostumbrados para despedirnos de nuestros seres queridos y que nos ayudan a iniciar el duelo.
Hacer el duelo no es olvidar, no es dejar de amar, no es perder el contacto. Hacer el duelo es integrar y aprender a convivir con la ausencia, transformando el sufrimiento.
Podemos intentar poner el foco en aquello que está a nuestro alcance para atenuar este dolor. Los ritos alternativos y el uso de las redes sociales, el teléfono o las videollamadas para compartir, recibir afecto o crear lazos, son herramientas fundamentales en este momento. Así como hacerlas accesibles a personas no familiarizadas con estos canales, como pueden ser las personas mayores.

Hay que tomar en cuenta
Ese mismo texto nos sugiere que el duelo es un proceso y continúa aún cuando esto acabe. No podemos hacer duelo sin dolor. Es importante respetar nuestro proceso y el de quienes están alrededor. Y si lo necesitamos, expresar cómo nos sentimos.
Las emociones pueden ser muy intensas o estar contenidas. No hay una manera única ni correcta de enfrentar una vivencia tan compleja como esta.
Puede ser que haya enfado, ansiedad o culpa por no sentirnos tan tistes como debiéramos. Aceptar nuestros sentimientos y no juzgarnos es importante. Cada persona sentimos distinto ante una pérdida, no todas las personas sentimos tristeza e incluso al principio puede parecer que no nos afecte.
Aliviar el dolor es expresarlo y darle salida a través de las palabras, la expresión o las sensaciones físicas: llanto, rabia, gritar. Llorar puede aliviar y hablar puede ayudar a sentir menos angustia.
Cuidarnos, aunque no haya ganas de hacerlo. A través de actividades gratificantes y que nos otorguen bienestar, mantener rutinas, reducir el aislamiento y continuar con medidas básicas de autocuidado.

Se recomienda
Reconocer y recordar el legado de la persona ausente, lo que ésta ha dejado en cada doliente. Despedirla agradeciéndole su paso por nuestras vidas.
Incluir, si los hubiese, a niños/as en estos ritos. También están viviendo la pérdida muy intensamente, y participar les ayudará y nos va a ayudar.

Rituales de despedida

ü Expresión, a través de escritura, pintura, foto o música para: decir lo que queremos a la persona ausente. Representar a la persona y tenerla presente. Expresar todas las emociones que estamos exprimentando.
ü Cartas no enviadas. Escribir una carta de despedida, dirigida a la persona ausente y leerla en voz alta.
ü Cuaderno de la ausencia. Llevar un cuaderno o libreta personal en la que vamos documentando nuestro proceso de duelo y en el que también vamos recopilando fotos, recuerdos, emociones…
ü Crear un grupo de whatsapp entre las personas que la conocían para compartir la despedida, recordarla y servir de apoyo.
ü Compartir rituales con la familia. En unidades convivenciales, buscar una iniciativa juntas que consuele y sea ceremonial (danza, oración, comida, cantos, círculos de palabra), que permitan conectar, expresar y compartir. Si no viven juntos buscar la conexión online. También puede ayudar planear un encuentro presencial cuando todo esto acabe.
ü Espacios de recuerdo. Coloca objetos, en una mesita o estante, que recuerden a la persona (cartas, prendas...) Complétalo, si quieres, con velas, flores (naturales o de papel) o fotografías (solo si lo consideras necesario y te hace sentir bien). Prepara palabras de despedida, texto de una canción, poema, extracto de carta u oración de algún libro sagrado (si eres creyente). Este espacio puede ser puntual o mantenerlo, para usarlo cuando lo necesites.

Y recuerda que aunque estas pautas pueden ayudar a transitar el proceso de duelo, a veces es necesaria la ayuda profesional, en ese caso, sugiero buscar y contactar a estas personas para que puedan acompañar este proceso.

Referencias:
[1] Muerte por coronavirus: rituales simbólicos de despedida para facilitar el duelo. Disponible en https://belenpicadopsicologia.com/coronavirus-muerte-duelo/ 
[2] Centro de Recursos en Salud Mental y Derechos Humanos. Poder despedirnos. Rituales alternativos que pueden ayudarnos en el duelo en tiempo de confinamiento.


lunes, 6 de abril de 2020

10 consejos de Frei Betto para enfrentar la reclusión



10 consejos para enfrentar la reclusión


Frei Betto

Estuve recluido durante la dictadura militar en Brasil. En los cuatro años en prisión me encerraron en celdas solitarias en los Departamentos de Orden Política y Social (DOPS) de Porto Alegre y de la capital paulista, así también en el Estado de Sao Paulo en el cuartel general de la Policía Militar (PM), en el batallón de la ROTA, en la Penitenciaría del Estado, en Carandirú y en la Penitenciaría Presidente Wenceslau.

Es por ello que comparto 10 consejos para soportar mejor este período de reclusión por la pandemia del COVID-19.

1. Mantenga el cuerpo y la cabeza juntos. Estar con el cuerpo confinado y con la cabeza allá afuera, puede causar depresión.
2. Cree una rutina. No se quede en pijama todo el día como si estuviese enfermo. Impóngase una serie de actividades: ejercicios físicos, en especial aeróbicos (para estimular el aparato respiratorio), lectura, ordenamiento de armarios, limpieza de las cómodas, investigar en internet, entre otras actividades.
3. No se quede todo el día frente a la TV o a la computadora. Diversifique sus ocupaciones. No sea como el pasajero que permanece todo el día en la estación sin la menor idea del horario del tren.
4. Use el teléfono para hablar con parientes y amistades, en especial con los más viejos o los más vulnerables y quienes viven solos. Entretenerlos le hará bien a ellos y a usted.
5. Dedíquese a un trabajo manual: reparar artefactos, armar rompecabezas, coser, cocinar etc.
6. Entreténgase con juegos. Si está en compañía de otras personas, establezcan un período del día para jugar ajedrez, damas, barajas.
7. Escriba un diario de la cuarentena. Aunque no tenga intención de que otras personas lo lean, hágalo para sí mismo. Escribir en el papel o en la computadora ideas y sentimientos, es profundamente terapéutico.
8. Si hay niños u otras personas adultas en casa, divida con ellas las tareas domésticas. Establezca un programa de actividades con momentos comunes y momentos de tiempo libre para cada una.
9. Medite, aunque usted no sea una persona religiosa, aprenda a meditar, pues eso limpia la mente, retiene la imaginación, evita la ansiedad y alivia tensiones. Dedique al menos 30 minutos al día para la meditación.
10. No se convenza de que la pandemia cesará rápido o durará tantos meses. Actúe como si el período de reclusión fuese a durar mucho tiempo. En prisión, no hay nada peor que el abogado que garantice al cliente que él recuperará la libertad dentro de dos o tres meses. Eso desencadena una expectativa desgastante. Así, prepárese para un largo viaje dentro de su propia casa.

Traducción: Erick Tomasino.

jueves, 2 de abril de 2020

Consejos psicológicos para quedar en casa


Ante la recomendación de quedar en casa (para quienes podamos) para reducir la propagación del COVID-19, realicé un víde básco con algunos consejos para afrontar largos períodos de encierro que nos pueden ayudar a soportar mejor el encierro.



miércoles, 1 de abril de 2020

COVID-19 y Estado de Excepción


El Salvador
COVID-19 Y ESTADO DE EXCEPCIÓN

Erick Tomasino
Escrito el 23/03/2020

Introducción
La pandemia del COVID-19, ha obligado a los gobiernos y pueblos de todo el mundo a tomar acciones para contrarrestar la proliferación del virus, el gobierno de El Salvador no ha sido la excepción en este tema. Frente a esta situación, el presidente salvadoreño Nayib Bukele, ha venido anunciando y aprobando medidas -a prueba de ensayo y error- que por su manejo mediático aparecen ante la opinión pública como acertadas y replicables, dado el manejo de la información como si fuera un parte de guerra en el que se anuncia el despliegue territorial del enemigo y se hace un recuento a cuentagotas de las bajas.
Un manejo de ese estilo provoca que la emergencia se aborde como una guerra en la cual el enemigo a vencer -poco conocido y proveniente de culturas extrañas- con aliados internos que le abren las puertas para la invasión, requiera entonces de un ejército sólido que le haga frente, dirigido por un liderazgo al que no le tiembla la mano a la hora de tomar decisiones que pueden salvaguardar la vida de una población necesitada de ser defendida.
Tal parece que la identificación del enemigo externo que viene a invadirnos, es la principal razón de ser todas las medidas que se están tomando actualmente, a tal punto que, al ser lo principal e inmediato, se abandone de la agenda cualquier otro tema que no sea el de atender la emergencia y cualquiera que ose ponerlo en duda, es porque no le importa la vida humana. Al ser Nayib el dueño de la verdad no se le puede contradecir. Unirse en la emergencia, es hacerle caso en todo y seguir sus órdenes sin discutirlas.
Esta forma de entender el fenómeno ha sido bien utilizado por el presidente salvadoreño quien se presenta como el hombre fuerte, el único salvador destinado a vencer y por lo tanto un líder ejemplar envidiado por otros países. Claro está que para ello se ha hecho valer de un recurso propagandístico que muestra sólo de forma parcial los hechos y que oculta aquellos aspectos que evidencien que sus acciones no sean del todo acertadas o esconden motivaciones no tan claras. Veamos.

Restricción de garantías constitucionales
El día 13 de marzo, fue presentada la solicitud de aprobación de un decreto que permitiera declarar el estado de excepción a nivel nacional con base en el artículo 29 de la Constitución. Este artículo prácticamente permite declarar el régimen de excepción que es la restricción de garantías constitucionales, en específico las que se refieren a la libertad de tránsito y de reunión con la aplicación de detención administrativa que superan las 72 horas.
Sin embargo, de acuerdo a procedimiento, esta iniciativa fue revisada en la Asamblea Legislativa, siendo aprobado en un primer momento, el decreto de “Estado de Emergencia Nacional” con votos de los 84 diputados y diputadas que conforman el pleno legislativo. Esta medida mandata a todas las instituciones del Estado a trabajar en función de la emergencia, permitiendo que se atiendan las necesidades provocadas por la situación. Además establece la restricción de la circulación de personas que puedan ser portadoras del virus, en su ingreso y dentro del territorio y el no despido de aquellas personas que fueran llevadas a cuarentena. La medida podría haber sido suficiente; sin embargo, el gobierno de Bukele, no conforme con el primer decreto insistió que ese mismo día se aprobara también la “Ley de restricción temporal de derechos constitucionales concretos para atender la pandemia COVID-19”, ante la negativa del FMLN que consideraba que con la declaración de estado de emergencia era suficiente, las fracciones de derecha realizaron una negociación nada transparente y en unas horas, con algunas modificaciones, el decreto fue aprobado sin los votos del FMLN y un diputado del PDC, dando al gobierno la facultad de omitir tres garantías constitucionales: la libre reunión pacífica entre personas, el derecho a no ser obligado a cambiar de domicilio y el libre tránsito. El decreto tiene una vigencia de 15 días. Otras medidas a propuesta del Frente como la compra de medicamentos y una financiación por 30 millones, no consiguieron los votos necesarios.
Por otra parte Bukele de manera continua, ha girado una serie de órdenes entre las que se encuentran: el cierre de todos los bares y discotecas por 14 días en todo el país, a ello le siguieron gimnasios, restaurantes, pupuserías, permitiendo sólo servicio para llevar o a domicilio. Una ventaja demasiado favorable para las cadenas de comida que cuentan con estos servicios frente a la pupusería del vecindario que apenas tiene a su grupo familiar como para sostener la medida. También se ordenó el uso del Centro Internacional de Ferias y Convenciones (CIFCO) como un hospital temporal para futuros posibles pacientes, con 300 unidades de cuidados intensivos y dos mil camas hospitalarias (el hospital más grande de Centroamérica sentenció). También prohibió las aglomeraciones de más de 75 personas (más tarde reduciría a 50).
Mucha gente aplaudió estas medidas y El Salvador construía una barricada para impedir la inmersión del enemigo. Pero no sería del todo cierto.

El primer caso y un Plan de alivio económico… pero sin plan
El miércoles 18 se anunció el primer caso confirmado por COVID-19, de una persona a la que se le acusó de haber entrado por un punto ciego para evitar los controles sanitarios y la puesta en cuarentena. Esta noticia desató las alarmas en buena parte de la población que, ante la amenaza, tomó la decisión de hacer compras de pánico en las grandes cadenas de supermercados (con aglomeraciones de más de 50 personas), además de pedir el linchamiento de esa persona y de sus familiares, como si de un delito de alta traición a la patria se tratara. Esto se manejó como una “ irresponsabilidad” de la persona y no como una debilidad de las medidas de defensa. Por su parte, el gobierno decidió acordonar y aislar la ciudad de domicilio de aquella persona como una medida de contención y la ubicación de retenenes policiales y militares en distintos puntos del país. El enemigo no se burlaría de nuevo, había que impedir su avance en el territorio. Era necesario elevar la moral y el ánimo nacional.
En este marco, se vinieron experimentado una serie de hechos de tipo económico, como el cierre o la reducción de actividades en los sectores de producción y servicios, sobre todo del sector informal. Por ello, el gobierno no podía quedarse de brazos cruzados, así que además de combatir con la fuerza militar y policial al invasor, había que responder las necesidades de ayuda del pueblo indefenso y también afectado en su bolsillo. Hasta aquí todo bien a excepción que además del confinamiento y las promesas de apoyo económico, no se anuncia ninguna medida sanitaria.
El viernes 20 de marzo, el gobierno, a través del Ministro de Hacienda, presentó el “Plan de respuesta y alivio económico ante la emergencia del COVID-19”. Entre algunas de estas medidas, que han sido aprobadas por la Asamblea Legislativa, se encuentra la suspensión por tres meses de los pagos de energía eléctrica, de agua, de teléfono, internet, créditos, préstamos y alquileres. El mundo admiraba esta acción temeraria, los empresarios por fin entenderían que en estos casos el pueblo es primero.
Ahora bien, retomando el manejo propagandístico de Bukele, esta iniciativa se manejó como una decisión exclusiva y unipersonal del Presidente, se ha asumido como un alivio que, de nuevo gracias a Él, la población ya no va a pagar los gastos mencionados. Pues no, la medida no significa que las personas ya no tengan que pagar debido a que no se trata de una condonación de deuda, sino más bien de una reestructuración de los pagos; es decir, que no es que no se vaya a pagar las facturas por esos tres meses, sino que esos montos (deuda adquirida y acumulada por tres meses) deberá cancelarse en cuotas diluidas hasta en unos 24 meses.
En un estado de emergencia, esa medida puede ser válida en lo inmediato, pues las personas que evidencian reducción de ingresos o que no los percibirán mientras dure la crisis, les es favorable; pero hay que tener presente que a corto plazo significa que las personas acumularán deuda, mientras que las empresas financieras y de servicios, aún con el atraso de los pagos, de todas maneras percibirán ingresos. En una guerra como esta, parece que no todos los actores se sacrifican por igual. Pero también, a una semana de anunciado aquello, empresas de telefonía argumentan que la medida sólo es válida para las personas que presentan casos positivos.
Otra de las acciones tomadas por el gobierno, es la solicitud a la Asamblea Legislativa para la autorización de gestión de recursos hasta por 2mil millones de dólares, aunque el mecanismo específico todavía no se ha aprobado, es muy probable que sea el de contraer deuda ante organismos financieros (welcome mister FMI). El destino del préstamo se resume en una frase: “Financiar el Fondo de Emergencia y de Reconstrucción Económica del país, por los efectos de la pandemia a causa del COVID-19”, pero hasta la fecha no se conocen los detalles de para qué y dónde serán usados los recursos. Considerada esa suma, no tener claridad de su uso genera justificadas sospechas.
Para ilustrar la dimensión de esa deuda, la economista Tatiana Marroquín, advierte que la cifra de los 2mil millones, representa el presupuesto de salud de más de dos años y más del 30% del presupuesto nacional de todo el año; representa también el 7.6% del PIB, lo que significa que llevará la deuda de 73% del PIB a 80%. Todavía no está claro en que se invertiría ese dinero pues no se cuenta con planes económicos. La sospecha radica en que el gobierno ha manifestado un comportamiento compulsivo por la contracción de deuda pública para financiar planes llamativos en sus nombres, pero vacíos en sus contenidos, no obstante son redituables para promover la figura presidencial que las presenta no como fondos públicos sino ayuda de su bolsillo. Esa actitud se percibe no sólo con este posible préstamo sino con todo lo que ha anunciado desde que asumió el mandato, pues a la solicitud de fondos, los supuestos planes se manejan como secretos de Estado que no deben caer en manos de los enemigos. Nadie más que el grupo más cercano al presidente sabe cuál será el destino de la inversión y de los gastos.
Un ejemplo de lo anterior es el anunció de la construcción del ahora "hospital más grande de Latinoamérica" (porque el presidente de Guatemala anunció que haría el más grande de Centroamérica, siempre hay que ser más más que los demás). Para ello el Ministro de Obras Públicas afirmó que esto tendrá un costo de "entre 70 y 100 millones de dólares"; es decir, ni siquiera tienen un presupuesto ya definido para ello. Esta diferencia de de 30 millones de dólares puede ser bastante cuestionable y si a ello le sumamos que en realidad no es la construcción de un hospital como tal, sino que es el acondicionamiento de las instalaciones de un centro de ferias y convenciones para que haga las labores de un hospital provisional, que una vez pasada la emergencia será desmontado.
Esa cifra parece ser sacada de la manga pues hay que mencionar que el presupuesto para la construcción del nuevo hospital Rosales será de 80 millones, que sería un hospital con una estructura permanente. Lo cuestionable acá no es la atención de la emergencia, sino la solicitud de préstamos para realizar acciones de las que no tienen idea de cuánto realmente podrían costar, lo que confirma el carácter improvisado del gobierno. (No hay que olvidar que cuando Nayib fue a China, de nuevo sin plan y sobre la improvisación, en lugar de solicitar inversión para la construcción de hospitales, pidió la construcción de un nuevo estadio de fútbol!).

Cuarentena domiciliar, compensaciones económicas y penalización de la pobreza
Con lo anterior y aún siendo El Salvador uno de los países con menos casos positivos confirmados a la fecha (3), el día 21 de marzo, Bukele anunció en cadena nacional, la aplicación de una cuarentena domiciliar por 30 días en todo el país. A través del Ministerio de Salud presentó el decreto denominado “Medidas extraordinaraias de prevención y contención para declarar el territorio nacional como zona sujeta a control sanitario, a fin de que contener la pandemia COVID-19”. Esta medida refuerza la prohibición al libre tránsito y a reuniones que, con sus excepciones, obliga a todas las personas a mantener cuarentena domiciliar por el plazo mencionado bajo riesgo de ser “retenida” y llevada a “Centros de Contención”. Prácticamente es la aplicación de hecho del Estado de Excepción que se mencionó anteriormente sin la aprobación del legislativo. Es, como dice un amigo: “arresto domiciliario con libertades específicas”.
En concordancia con ello, el Fiscal General dictó la orden de procesar bajo el ilícito de desobediencia de particulares, a aquellas personas que no cumplan las disposiciones del Ejecutivo. Quien no acate este decreto, corre el riesgo de someterse a responsabilidades penales. Esto significa que si una persona incumple la medida, (justificada o no, legal o no) será llevada a un “centro de contención” para que pase el período de la cuarentena y pasado el período, se le someterá a juicio por desobediencia, lo que implica una pena de entre uno a tres años de cárcel. Lo peligroso aquí es la justificación de detenciones arbitrarias por parte del ejército y la policía con justificación por la emergencia y con aceptación popular. De hecho en sí misma es arbitraria pues no está contemplada en ninguno de los decretos aprobados.
Lo anterior parece no importar mucho debido al manejo mediático de las medidas anunciadas, no son las restricciones a las libertades de tránsito y de reunión, sino lo que más eco ha hecho y las que más han aumentado la fama del mandatario, son las de carácter económico que han sido vendidas como medidas que están hechas pensadas en la necesidad de las personas.
El decreto anunciado, en su artículo 7 menciona una medida de compensación de un bono por 300 dólares a las personas afectadas económicamente y de forma directa por la pandemia.
Quiero detenerme en este punto pues al parecer es el que más reacciones positivas ha generado; sin embargo por su aparente beneficio, está llena de contradicciones:
El decreto utiliza dos categorías como sinónimos (vivienda y persona) y en la conferencia se usó otra (familias), Nayib dijo que el bono aplicaría a un aproximado de un millón y medio de familias (siendo un desembolso de 450 millones mensuales), el uso de las tres categorías puede resultar confuso pero en concreto, para la aplicación del bono se aplicaría la de vivienda, pues las personas afectadas para acceder deberán presentar un recibo de energía eléctrica de aquellas hogares en cuyas viviendas tengan un consumo inferior a los 250 kilovatios, además de que en el seno familiar no haya ninguna persona recibiendo salario; por lo tanto, no es un beneficio asignado de forma individual a cada persona afectada, como se presupone, tampoco corresponde necesariamente a la cantidad de familias dentro de una vivienda ni toma en cuenta las diferencias en la cantidad de personas que la habitan. Tampoco considera aquellas familias que no tienen servicio de energía eléctrica en su casa ni mucho menos aquellas personas que no tienen vivienda y siendo un subsidio podría presentar desigualdades en el beneficio.
Pongamos por ejemplo, si en una familia hay dos o tres personas que se dedican a trabajos en el sector informal, aplicará solo una de ellas. No diferencia si en una vivienda viven dos personas o diez personas, aplicaría sólo una de ellas. No considera si en una vivienda vive una familia o tres familias, aplicará sólo una persona de ellas. Siempre que ninguna de ellas perciba salario. Esto sin mencionar todos los conflictos que puedan derivarse sobre quien será la persona beneficiara que controlará el dinero, entre otras. Y si retomamos que es por debajo del consumo de energía, una persona que tenga una vivienda que usa poco tiene más posibilidad que el de una vivienda que por la cantidad de personas o porque tiene una actividad dentro de ella (como un comedor familiar, por ejemplo) pueda no acceder. Antecedentes ya hay.
Aunque esta medida parece de aplicación inmediata, lo que no se dijo en la conferencia es que se tiene que solicitar a la Asamblea permiso para gestionar esos fondos. Por lo tanto, la gente que aplique al bono, no lo va a recibir en los próximos días, ni siquiera se sabe cuales serán los mecanismos para aplicar ni para recibirlo.
Otra medida consignada en el mismo artículo es el de un bono de 150 dólares para empleados públicos que estén trabajando frente a la crisis. Aquí hay recordar que Nayib tiene experiencia demostrada en prometer bonos a empleados públicos pero también el de incumplir sus promesas. Tampoco se sabe de donde saldrá este dinero. No importa, él y lanzó las medidas, hay que vean aquellos que no estén de acuerdo a aprobarles aún a costa de endeudar todavía más al país, igual habrá algún recurso del Estado que después se pueda vender para pagar la deuda. Lo que parece inamovible, es la revisión y reasignación del presupuesto.
Ahora bien, la suma de las medidas anunciadas, más la imposición de hecho de acciones represivas y el manejo mediático de la crisis, en la que se hace ver que contraer el COVID-19 es más bien un delito que debe ser penalizado que una enfermedad que debe tratarse como tal, está provocando -por imposición- el cierre o suspensión de actividades en el sector no capitalista (sector informal) y al mismo tiempo desde el aparato gubernamental se promueve y se incentiva el consumo exclusivamente en el sector capitalista; es decir que se impone el cierre de ventas en los mercados y pequeños comercios que no sean exclusivamente de alimentos, bajo riesgo de que a estas personas se les aplique la ley penal; mientras que se permiten licencias para mantener la actividad económica a través del consumo en las cadenas de supermercados y franquicias de comida.
Esto hace que el subsidio de los 300 dólares, aportados por deuda del sector público, que no se puede negar serán de ayuda las familias afectadas, también servirán para la reactivación del sector privado comercial y de servicios -principalmente- aunque sea de forma mínima y velada.

Los amigos del Presi
En la conferencia del día 21, Nayib junto a parte de su gabinete, se hizo acompañar de dos personajes que representan el poder real detrás del ejecutivo quienes, a parte del presidente y del representante de la OPS, fueron los únicos a los que se les facilitó el uso de la palabra. Uno de ellos era Ronald Johnson, embajador de los EEUU, quien en otras ocasiones ha aparecido junto a Nayib para anunciar medidas importantes sobre migración (firma de Acuerdo contra migración irregular) y suele darle sus espaldarazos cuando lo necesita. El otro personaje era Roberto Murray Meza, conocido empresario miembro de la gran burguesía criolla, quien además fue presidente del Consejo Ejecutivo y financista de ARENA. Su nombre aparece vinculado al llamado “Caso Flores”.
Esta exposición ha tenido un impacto mediático pero también tiene una motivación política. Lo mediático radica en enviar un “mensaje de unidad nacional” con respaldo internacional (de EEUU) al aparente liderazgo de Bukele para enfrentar la situación. Hecho que refresca la imagen de un personaje que hasta hacía unas semanas fuera duramente criticado por los eventos alrededor del 9F. Esto también tiene sus implicaciones a futuro y es la demostración de que tanto los grandes grupos de poder económicos en el país están asumiendo a Bukele como uno de sus aliados y por lo tanto podrían prescindir de ARENA que hasta hoy es su principal instrumento político. Pero lo que no se puede pasar por alto, es que ese representante de la burguesía, vinculado a un caso de desvío de donaciones financieras para ayuda, que no ha sido investigado por ello y quien llevaba una buena temporada desaparecido del espectro público, casualmente aparezca ahora como el amigo empresario que hacía falta.

Represión y cárcel para el pueblo
Las medidas anunciadas e impuestas, justificadas para el abordaje de la emergencia por el COVID-19, se han promocionado como las más efectivas siendo que por sus resultados oficiales concretos, hacen pensar que han sido las más acertadas aún con todos los problemas que en el mundo de la precariedad genera. Hasta hoy, las medidas de alivio económico son mera ilusión; lo que si se está aplicando son las medidas restrictivas. Sólo en las primeras horas del anuncio y de la aplicación de hecho, ya habían 269 personas detenidas por incumplir la cuarentena domiciliar (aumentando a más de 500), algunas incluso capturadas en los horarios en que todavía no se conocía el anuncio de esas medidas, siendo expuestas al escarnio público como si de delincuentes peligrosos y enemigos de la patria y de la familia salvadoreña se tratara.
En tal sentido lo que se teme es que mucha gente, en específico la que vive del “día a día” se verá obligada a retomar sus actividades cotidianas para obtener ingresos o buscar comida, e incluso aquella población que no cuenta con acceso domiciliario de agua tendrá que salir de su casa para poder obtenerla, a riesgo de que la policía o el ejército, con métodos arbitrarios, la lleve a un "centro de confinamiento" que es como decir prisión.
En un país con un sistema sanitario y de salud pública deficiente y mermado, de un sistema de agua y saneamiento insuficiente, con una alta tasa de densidad poblacional y con una población en mayoría del sector informal (alrededor del 70%), las medidas de prevención mencionadas pueden resultar insuficientes por lo que no se descarta que haya casos de fallecimiento a causa del COVID-19; situación que será usada para criminalizar a la población por supuestamente no acatar las medidas y ejecutar acciones cada vez más restrictivas contra el pueblo trabajador. Y, claro está, no se podrá salir a la calle a reclamar derechos porque simplemente está prohibido y esta vez justificado.
Aunado a lo anterior, un elemento que no se está tomando muy en cuenta, es que toda esta emergencia puede provocar una recesión económica, esto es la disminución de la actividad económica durante un período de tiempo, lo que provoca la disminución en el consumo, en la inversión y en la producción de bienes y servicios, lo que para el pueblo trabajador significa desempleo. Por ello, personas que están siendo despedidas (afectadas por la emergencia), no necesariamente serán reinstaladas de forma inmediata en sus empleos; aquí no aplica el bono de los 300 dólares que son por causa directa de la emergencia, esa bonificación no significa un seguro por desempleo a mediano plazo. La recesión no sería tan preocupante si previéndolo, el gobierno diseñara un plan para enfrentar ese escenario, pero hasta hoy como lo hemos mencionado, la planificación no es su principal característica, lo que si lo es, la legitimación y naturalización de lo una sociedad militarizada y con un liderazgo autoritario.
Por lo tanto, lo anterior no quita que -a mediano y largo plazo- aún pasada la emergencia, algunas de las medidas puedan ser utilizadas para imponer, legitimar y naturalizar mecanismos de represión contra la población y sus adversarios y justificar el control casi absoluto del aparato del estado para su propio beneficio y sus allegados, dada la actitud autoritaria del gobierno. Todavía está fresco el hecho de que el 9 de febrero invadiera con un asombroso dispositivo militar el edificio de la Asamblea Legislativa. Es llamativo que a la fecha, lo que más se discute son las disposiciones de tipo militar y policial y no las de tipo sanitario, si de lo que se trata es de tratar una enfermedad y no la de “combatir” a un enemigo a fuerza de bala.
Quiero cerrar afirmando que las medidas de prevención de tipo sanitarias son importantes y necesarias. Asumir medidas y hábitos para evitar y reducir los contagios también. El hecho de contar con el mínimo de casos positivos y sin ningún fallecimiento hasta la fecha, es una noticia positiva. No obstante, la alerta por CORONAVID-19 no debe ser una justificación para imponer un estado de excepción que restringe la libertad de tránsito y de reunión, ni la violación de los derechos humanos, asumiendo que “primero hay que salvar las vidas humanas para después ver si se respetan los derechos”; tampoco justifica la naturalización de la remilitarización de la sociedad. Por lo tanto, un mal manejo de estas medidas aceptándolas como la solución única y posible por sus aparentes resultados cuantitavos del número de bajas, sólo justificaría un nuevo tipo de dictadura y de gobierno autoritario que -no dudo- quieran replicar en otros países.


viernes, 26 de julio de 2019

Ricky Marxtin Homenajea a Jon Lenin



Basado en la movilización anticolonial de Puerto Rico de julio de 2019, hago este vídeo que entreteje códigos de la Revolución rusa de octubre de 1917 encabezadas por Lenin y los Bolcheviques, ambientadas con una canción de Ricky Martin e imágenes de película de Sergei Eisenstein.

lunes, 11 de septiembre de 2017

DON VEIDER

DON VEIDER
Erick Tomasino

Don Veider salía todas las mañanas de su casa, bien tempranito. Yo lo veía pasar desde el corredor que daba hacia la calle. Lo miraba y lo saludaba con un gesto que él correspondía con otro gesto.

Un día me animé a saludarlo con un “buenos días”.

-Buenos días- me respondió con su voz cansina.

-Ya va de paseo- sugerí como si en verdad me importara.

Me miró con una expresión que denotaba que a él le interesaba menos darme explicaciones. Se fue de largo.

Don Veider no era su verdadero nombre. Dicen que el apodo le venía –aunque no tenía nada que ver- de su actitud pendenciera. Cuentan que era bueno para los talegazos y por eso se le consideraba el “tata” de todos los hombres rudos del pueblo, lo que lo metió en un sinfín de problemas, incluida la “autoridad”. Pero de repente, como si alguien le hubiera secuestrado las energías, Don Veider dejó de ser aquel hombre rudo y pasó a ser una especie de fantasma que caminaba todas las mañanas bien tempranito hacia rumbos indefinidos.

Lo vi pasar muchas veces, casi siempre, al nomás clarear el día, salía de su casa hacia un rumbo desconocido para mí. En el pueblo, lo que se sabía, era que Don Veider vivía solo, demasiado solo y casi no hablaba con nadie.

Por comentarios que se compartían en lo que se consideraba el espacio sociocomunitario de la localidad -la pupusería de la Niña Lola- supe que a Don Veider le habían desaparecido a su familia durante la guerra y que luego de un rato de haberse perdido él mismo, retornó con el empeño en irlos a buscar todas las mañanas. Está loco decían.

Loco por tener memoria y esperanza. Como si la desesperanza y el olvido fueran más sanos.

La última vez que lo vi fue cuando nos encontramos por la calle, lo saludé y de forma indiscreta le pregunté que cuánto tiempo más se iba a empeñar en buscar a sus desaparecidos.

Lo haré hasta donde me alcancen las fuerzas –dijo mirando hacia el horizonte y continuando su camino-.


Entonces, que la fuerza le acompañe –susurré- y seguí el mío.



jueves, 8 de junio de 2017

Roberto Bolaño "De dónde viene la nueva literatura latinoamericana"


Cada vez que leo a Roberto Bolaño, suelo encontrar en él las palabras acertadas para decir cosas que yo apenas he esbozado con la intención de escribirlas algún día. Ejemplo de ello es la primera parte del relato "Sevilla me mata" que encontré en su libro "El secreto del mal", del que según dice Ignacio Echeverría en la nota preliminar de la edición publicada por Anagrama en 2007 "viene a ser el torso -o la armadura inevitablemente incompleta- del que iba a ser el cuarto libro de relatos de Roberto Bolaño". Es por ello que les comparto este fragmento que considero vigente.

SEVILLA ME MATA (fragmento)

Roberto Bolaño 

1. El título. En teoría, y sin que yo tuviera nada que ver en la elección del tema,, mi conferencia debía llamarse "De dónde viene la nueva literatura latinoamericana". Si me atengo fielmente al título, la respuesta no sobrepasará los tres minutos. Venimos de la clase media o de un proletariado más o menos asentado o de familias de narcotraficantes de segunda línea que ya no desean más balazos sino respetabilidad. La palabra clava es respetabilidad. Ya lo escribió Pere Gimferrer: antaño los escritores provenían de la clase alta o de la aristocracia y al optar por la literatura optaban, al menos durante un tiempo que podía durar toda la vida o cuatro o cinco años, por el escándalo social, por la destrucción de los valores aprendidos, por la mofa y la crítica permanentes. Por el contrario, ahora, sobre todo en Latinoamérica, los escritores salen de la clase media baja o de las filas del proletariado y lo que desean, al final de la jornada, es un ligero barniza de respetabilidad. Es decir, los escritores ahora buscan el reconocimiento, pero no el reconocimiento de sus pares sino el reconocimiento de lo que se suele llamar "instancias políticas", los detentadores del poder, sea éste del signo que sea (¡a los jóvenes escritores les da lo mismo!), y, a través de éste, el reconocimiento del público, es decir la venta de libros, que hace felices a las editoriales pero que aún hace más felices a los escritores, esos escritores que saben, pues lo vivieron de niños en sus casa, lo duro que es trabajar ocho horas diarias, o nueve o diez, que fueron las horas laborables de sus padres, cuando había trabajo, además, pues peor que trabajar diez horas diarias es no poder trabajar ninguna y arrastrarse buscando una ocupación (pagada, se entiende) en el laberinto, o, más que laberinto, en el atroz crucigrama latinoamericano. Así que los jóvenes escritores están, como se suele decir, escaldados, y se dedican en cuerpo y alma a vender. Algunos utilizan más el cuerpo, otros utilizan más el alma, pero a fin de cuentas de lo que se trata es de vender. ¿Qué no vende? Ah, eso es importante tenerlo en cuenta. La ruptura no vende. Una escritura que se sumerja con los ojos abiertos no vende. Por ejemplo: Macedonio Fernández no vende. Si Macedonio es uno de los tres maestros que tuvo Borges (y Borges es o debería ser el centro de nuestro canon) es lo de menos. Todo parece indicarnos que deberíamos leerlo, pero Macedonio no vende, así que ignorémoslo. Si Lamborghini no vende, se acabó Lamborghini. Wilcock sólo es conocido en Argentina, y únicamente por unos pocos felices lectores. Ignoremos, por lo tanto, a Wilcock. ¿De dónde viene la nueva literatura latinoamericana? La respuesta es sencillísima. Viene del miedo. Viene del horrible (y en cierta forma bastante comprensible) miedo de trabajar en una oficina o vendiendo baratijas en el Paseo Ahumada. Viene del deseo de respetabilidad, que sólo encubre el miedo. Podríamos parecer, para alguien no advertido, figurantes de una película de mafiosos neoyorquinos hablando a cada rato de respeto. Francamente, a primera vista componemos un grupo lamentable de treintañeros y cuarentañeros y uno que otro cincuentañero esperando a Godot, que es en este caso el Nobel, el Rulfo, el Cervantes, el Príncipe de Asturias, el Rómulo Gallegos.

lunes, 2 de enero de 2017

A BALAZOS NOS (D)ESCRIBIMOS

A BALAZOS NOS (D)ESCRIBIMOS
SOBRE EL ABORDAJE DE LA VIOLENCIA EN LA LITERATURA SALVADOREÑA

Erick Tomasino

Se ha vuelto común la apreciación de que la violencia es uno de los principales problemas del país. Es casi un tema insoslayable de conversación en diferentes ámbitos y por ende de preocupación al intentar explicarla y mucho más resolverla; y en el caso particular de la literatura un tópico relevante aunque esta se exprese a nivel descriptivo solamente. Pero debido a la complejidad del fenómeno no exista una idea común de cómo entenderla.

Cuando escuchamos la palabra violencia, irremediablemente nos remitimos a los hechos criminales que suceden diariamente y que tienen que ver con actos delictivos relativos a asesinatos, asaltos, agresiones, etc. cuya responsabilidad es asignada casi de manera automática a los grupos de pandillas juveniles conocidos como “maras”. Hecho que ha sido colocado por la prensa de tal manera que se considere el principal problema en El Salvador; sin embargo ello es sólo una forma en la que se expresa la violencia y que en todo caso, también es consecuencia de otra forma superior pero a la vez invisible: la violencia estructural.

Por violencia -nos dice Martín-Baró- “hay que entender la aplicación de una fuerza excesiva a algo o alguien, mientras que por agresión se entiende la violencia dirigida contra alguien con la intención de causarle daño. Violencia y agresión son conceptos que arrastran una valoración negativa, aunque hay muchas diferencias en el sentido con que los psicólogos emplean estos términos. (MARTÍN-BARÓ, 1997: 421).

En tal sentido, hay una diferenciación sustancial entre la violencia y la agresión. Esta última muchas veces confundida con la primera y concebida como la única forma de violencia. Por ello, la perspectiva histórica es necesaria para encontrar el sentido psicosocial de las diversas formas de violencia.  En la época en que Baró escribió el texto citado (conflicto armado) el autor identificaba tres principales formas de violencia que se distinguen en la vida social de El Salvador: “la violencia delincuencial, la violencia represiva y la misma violencia bélica”.

En la actualidad podríamos decir, que la que más se asume es la delincuencial, no obstante la forma superior a la que quiero hacer referencia es a la violencia estructural que tiene que ver con el sistema de organización social y económico que promueve la explotación, la dominación, la opresión como ejes esenciales para su reproducción, sino veamos como violento el hecho de que en país como El Salvador, apenas 160 personas concentran el 80% de la riqueza y que grandes empresas evadan impuestos por unos US$372 millones. También resaltar que en la actualidad se manifiesta en el tráfico de armas, drogas y personas como ejes de acumulación capitalista, pero que no se asumen como actos violentos dentro de un sistema que se basa en ellos para subsistir.

Por otro lado, Peter Waldmann, citado por Kohut (1999), en su artículo sobre la violencia política, distingue entre violencia personal, institucional y estructural. La violencia personal es definida como “una interacción social que se caracteriza por la imposición de pretensiones y esperanzas o, más simplemente, por el enfrentamiento corporal directo”. La violencia institucional, por su parte, es “el poder de mandar sobre otras personas, apoyado en sanciones físicas, que se concede a personas que ocupan ciertas posiciones”. Finalmente, su concepción de la violencia estructural, inspirada en la del investigador noruego Galtung, la define como “la causa de la diferencia entre la realización somática y espiritual del hombre y su realización potencial”. La violencia estructural no se puede imputar a una persona o institución determinada, sino —de una manera algo vaga— a las circunstancias reinantes que impiden; por ejemplo, que un enfermo pobre reciba el tratamiento médico adecuado. Este ejemplo hace ver que la violencia estructural pertenece, en última instancia, al campo de la violencia institucional, porque es la consecuencia de una situación política en el sentido más amplio. (KOHUT, 1999:195). Yo sumaría otra expresión de la violencia que no necesariamente tiene connotaciones negativas y esa es la violencia “revolucionaria” o de “resistencia”, como fuerza cuyo objetivo es romper los equilibrios existentes para transformar la realidad y socavar las estructuras que generan y reproducen la violencia.

Es así que para incorporar al análisis de la violencia en la literatura, es necesario primero apartarnos de todo apriorismo negativo e identificar por un lado el equilibrio existente y por otro asumir que la violencia es la fuerza que rompe con ese equilibrio. Cuál es el equilibrio y cuál es la fuerza que la rompe nos permite tomar postura para su abordaje.

A partir de lo anterior propongo analizar la violencia en la literatura a partir de su doble carácter: 1) la que aborda literalmente la violencia y sus distintas expresiones o formas y 2) la que es violenta en cuanto pretende la ruptura del canon dominante, buscando formas propias o novedosas.

Dicho esto, cuando se habla de violencia en la literatura es importante comprender los momentos históricos en los que desde la narración o la poesía, ésta ha asumido una posición o bien de seguimiento o aplicación a la literatura ya conocida o bien, de ruptura con los cánones establecidos. Para identificar el abordaje de la violencia en la literatura, quiero hacer distinción sobre el énfasis en las formas de violencia que abordan identificando períodos que podrían ser los establecidos por los momentos políticos de la historia salvadoreña definidos a partir de la guerra y conflicto armado, es así que se habla de una literatura de pre-guerra, durante la guerra y de post-guerra.

Sin ser exhaustivo se podría decir que el abordaje que ha hecho la literatura de la violencia tiene que ver con los períodos históricos en los que se ha desarrollado, enfatizando una u otra forma de la violencia; es así que en el caso de El Salvador se destaca en la literatura de “pre-guerra” elementos de la propaganda política con una opción y postura clara, usando un lenguaje violento en contra la pasividad de la palabra que en aquella época se consideraba a la tradición literaria nacional, teniendo a Oswaldo Escobar Velado quizá como su principal referente a la que le siguieron escritores de la Generación Comprometida.

En tanto que la literatura del período de guerra está marcada fuertemente por un testimonio militante, de contar experiencias de participación en el conflicto través de una “estética utópica” como diría Beatriz Cortéz (p. 24) que particularmente supera al momento político pues aún luego de la firma de los acuerdos de Paz en 1992 y más aún por ello, se amplió la producción literaria publicada con la narrativa testimonial que muchos excombatientes dieron a conocer.

Mientras que la literatura de post-guerra se define bajo “una sensibilidad que ya no expresa ni esperanza ni fe en los procesos revolucionarios utópicos e idealistas” (Idem.). Atención aquí que quisiera remitirme a no definir períodos como momentos estancos, sino más bien entender que existe un período de transición quizá inivisibilizado por haber olvidado la mirada a la producción de la literatura “durante la guerra” (al respecto ver los artículos de opinión de Vallejo-Márquez sobre “la generación olvidada”).

Los autores de los primero dos períodos señalados, adoptan una posición de denuncia frente a la violencia estructural y una posición a favor de la violencia revolucionaria, como parte del proceso por alcanzar un proyecto político popular. La denuncia de una violencia que proviene, en gran parte, de un sistema social excluyente, que no permite la participación de todos en una comunidad, pero que su vez se reconoce como miembro de un sujeto colectivo con potencialidades transformadoras; contrario al del período de post-guerra. “el tema de la violencia –dice Kohul- en tiempos democráticos, tema más difícil en cuanto que no conlleva la oposición blanco y negro propia de los tiempos de la dictadura. El estado ya no es, a priori, el enemigo, ni la resistencia armada puede estar, a priori, justificada.” (op cit. 208). Por lo que el abordaje de la violencia se va retomando, cuando lo hace, a las formas de violencia personal.

La literatura de la violencia en la actualidad podría bien referirse a aquella que aborda la violencia criminal (delincuencial) desde lo cotidiano o desde una perspectiva de la agresión. Para ello, el ejemplo característico en Latinoamérica -dice Orrego (2013) es el de la narrativa colombiana que ha propuesto el modelo conocido como “novela sicaresca” término se le atribuye al escritor y columnista Héctor Abad Faciolince, quien lo usó inicialmente en la década de 1990 para referirse a todas aquellas novelas y películas que tenían como protagonista un sicario, un adolescente quien mata por dinero. El término se usa al comparar este tipo de novelas con la picaresca española, tan popular durante el Siglo de Oro. Ambas siguen características muy similares, dentro de las que se pueden destacar el protagonista antihéroe con un pasado desconocido; el protagonista quiere mejorar su situación de vida pero fracasa; y el uso del naturalismo y realismo para describir los aspectos más desagradables de la realidad.

Por ello no sería sorpresivo que a partir de una percepción desde el sentido común, en El Salvador se instaure una literatura de la mara, lo cual me parece que inició en el campo de los audiovisuales con lo logrado por el documental “La vida loca” de Christian Poveda, quien al presentarnos la cotidianidad de un grupo de una pandilla, consigue uno de los objetivos de toda narrativa: identificarnos con el personaje. Herencia que vemos continuada aunque un poco más matizada en la película “Malacrianza”. En cambio podemos encontrar, si se le puede ubicar de esa manera, a la narrativa periodística de corte criminal, como el que realiza un periódico digital que bajo una cortina de “periodismo de investigación” nos presenta situaciones que tienen que ver con el lado humano del crimen y que logran el objetivo de que muchos de sus lectores lo retomen como hechos explicativos de un fenómeno social, logrando el objetivo señalado de identificarnos con el sujeto de la historia hasta tal punto de considerarlos víctimas inocentes de la marginación y que muchas personas leen con desorbitado morbo.

En lo personal me parece más aleccionadora y temeraria me parece la propuesta del hondureño Jorge Martínez Mejía en su libro “El mundo es un puñado de polvo” en la cual los protagonistas son miembros activos de una mara y que en el desarrollo de la historia nos lo presentan no como viles vándalos, sino como seres humanos con historia, que crecen en ciertos contextos y ciertas relaciones que los van llevando finalmente a ser quienes son. En el país me parece necesario resaltar y sin ser exagerado, una obra de ruptura con el poemario “El Disparo” de Luis Borja, quien desde un lenguaje poético pero directo aborda varias dimensiones de la violencia aunque todavía no se profundice -y no debería ser su objetivo- en formas de violencia más estructurales  y cuya propuesta está siendo retomada por otros poetas coetáneos, no así en la narrativa que si bien trata de formas de violencia me parece que no logra su cometido por ser escritos desde la pedante comodidad de los escritorios de la diáspora que no vive el día a día del “paniqueo colectivo”.

Cabe señalar que existe el riesgo de institucionalizar el tema de la violencia (de la violencia criminal) en la literatura frente al ansia de la industria editorial por encontrar el Tema que despierte pasión y morbo en potenciales lectores y no de encontrar en ella la posibilidad de comprenderla en su contexto específico; más aún, que se imponga una sola visión porque es lo que demanda un público acostumbrado al morbo y la superficialidad.

Para finalizar quisiera enfatizar que en este caso habría un riesgo de instalar una literatura de la violencia (o literatura de la mara más en específico) como el nuevo canon en la producción salvadoreña, como de algún modo se ha institucionalizado el tema del narcotráfico en la producción artística colombiana; en ese sentido, aquella literatura marginal o subalterna puede pasar a ser la literatura dominante y “oficial”, “canónica” que escribe sobre lo “violento”, pero que deje de ser fuerza que contraste contra el equilibrio de la industria literaria del entretenimiento.


DOCUMENTOS CONSULTADOS:

CORTEZ, Beatriz. (2010). Estética del cinismo. Pasión y desencanto en la literatura centroamericana de postguerra. F y G Editores. Guatemala.
MARTÍN-BARÓ, Ignacio. (1997). Acción e Ideología. Psicología social desde Centroamérica (I). UCA Editores. 8° edición.
KOHUT, Karl. (1999). Política, violencia y literatura. Congreso Anual de la Asociación Alemana de Investigación sobre América Latina (ADLAF). Hamburgo.

ORREGO, Jaime. (2013). Literatura y violencia en Colombia: del fracaso de la sociedad y el estado, a la búsqueda de la solución. Seminario Permanente de Humanidaes. 7 de agosto.