lunes, 31 de octubre de 2016

Taller de sistematización de experiencias Funprocoop-Red Alforja

En el marco de la Escuela Metodológica de Educación Popular impulsado por Funprocoop-Red Alforja, se llevó a cabo el taller denominado “La Sistematización para aprender de nuestras experiencias” del 17 al 21 de octubre en la Granja Escuela de Capacitación Agrícola (GECA) en Nueva Concepción, Chalatenango.

A este taller participaron representantes de agrupaciones campesinas, cooperativistas, estudiantes universitarios, defensores de derechos humanos y militantes de movimientos populares quienes trabajaron propuestas de sistematización para sus respectivas organizaciones.


A continuación un vídeo que resume los principales momentos de la propuesta metodológica que trabajamos.

viernes, 28 de octubre de 2016

CRÓNICA DE UNA EMERGENCIA (III)

CRÓNICA DE UNA EMERGENCIA (III)

Erick Tomasino.


Siguiendo con esta crónica. El día que mi abuela fue ingresada al hospital, a pesar de los comentarios de la enfermera, el hecho de que ella estuviera rodeada de profesionales de la salud me tranquilizaba.

Por la tarde fuimos con mi hermana y otros familiares a visitarla y saber cómo iban las cosas, nos turnamos pues para la visita sólo entregan una tarjeta y debíamos verla uno a la vez; mi hermana fue la última en entrar y al salir salió más preocupada. Le dijeron que un familiar tendría que quedarse para asistirla, que debía ser una ‘hembra’ para que le estuviera dando la comida, la bañara y le diera los cuidados. Que eso se hacía con todos los pacientes y que así tenía que hacerse con mi abuela. Nos llamó la atención pues con base a nuestra experiencia en otros hospitales, jamás nos habían pedido eso. Podría ser algo lógico si no fuera porque en ningún sitio del nosocomio se informa sobre esa “política” y más aún, que esos sitios no tienen la infraestructura para que las cuidadoras se queden internadas de igual manera que las pacientes.

Veamos: por cada paciente hay una cama, en cada sala hay aproximadamente ocho camas separadas una de otra por casi cincuenta centímetros, es decir que con suerte hay alguna mesa para ubicar equipo médico u otros utensilios, mucho menos para ropa o productos de higiene de cada paciente. Por lo general estos están sobrepuestos en la cama. Apenas hay espacio para sillas, en general las visitas están de pie o sentadas en el borde de las camas –si esto es posible según el estado de la persona enferma- Para ir al baño, hay que salir de la sala y en horarios de ducha, se topan personas de las diferentes salas. Sin profundizar más en la descripción la pregunta es ¿qué condiciones hay para que una persona cuidadora –por lo general una familiar- esté las veinticuatro horas el tiempo que la enferma queda ingresada? una persona que también come, se ducha, va al baño, duerme… y qué pasa con aquellas personas que no tienen una persona cuidadora disponible (como pudo ser el caso de mi abuela) ¿Cuál es la función del personal de enfermería?

Con todas estas inquietudes nos fuimos esa tarde-noche. Además mi hermana me dijo que había que estar el siguiente día a las siete de la mañana para poder consultar al médico sobre el caso de mi abuela. Eso me sacó de onda pues pensé que se podría aprovechar la hora de visita para consultar sobre el estado de salud del familiar. Pero como ya había varias situaciones incómodas, decidí asistir a las siete de la mañana del siguiente día para saber qué me decía el médico.

Acudí ese nuevo día a las siete de la mañana. Después de explicarle al vigilante de la entrada y que luego de un par de consultas me dejara entrar, llegué a la sala indicada. Una de las enfermeras me pidió que me sentara en una salita cerca del mostrador donde se supone dan información y que esperara por el doctor para consultarle. Yo le pregunté cómo iba a reconocer al “doctor”, ella me miró fijamente, yo le hice saber que como veía a muchos doctores y que además a todos les llaman así, se me iba hacer muy difícil saber a cuál de todos ellos tendría que consultar. Ella me dijo un tanto extrañada que esperara que ella le diría a “el doctor” que yo estaba esperándolo.

En la espera pude notar la dinámica de aquel sitio. Las cuidadoras llevando a sus familias –las que podían andar- a la ducha. Otras dando de comer, alguna que otra intentando descansar en una de las pocas sillas disponibles. Y algo que me llamó la atención fue presenciar cómo una enfermera no quiso atender a una anciana que se encontraba en una camilla en el pasillo simplemente porque no le daba gana. ¿Y esto pasa todos los días? Hubo en mí una mezcla de emociones que no logro describir.

Luego de casi dos horas –es decir casi a las nueve- aparecieron dos doctores, me avisaron que uno de ellos era el que había estado esperando. Me acerqué y frente a mí se puso a opinar con su colega, tomando decisiones sin consultarme a mi ni mi abuela; luego me informaron de la condición de la fractura y lo que habría que hacer, de las pruebas que habría que tomar y el tiempo que eso tomaría. Pues si eso hay que hacer ni modo nos dijimos con mi abuela. Ellos se fueron a ver otros pacientes y yo me quedé un rato con  mi abuela pensando que pronto llegaría la enfermera a sacarme.

Pero no fue así, quien se asomó fue otra enfermera y me dijo que debía de seguir a la mujer que iba allá caminando. La seguí y al alcanzarla me pidió que la acompañara, fuimos hasta una oficina, muy amable me pidió que me sentara. Me informó que a mi abuela le tenían que hacer un examen, firmó un papel y me dijo que con ese papel fuera a una clínica privada a una cuadra del hospital, que con su firma el examen sólo costaría veinte dólares pero que sólo lo podía solicitar en esa clínica. Y que si andaba los veinte dólares que lo fuera hacer en el momento pues el especialista sólo llegaba los sábados por la mañana al hospital. Vi la hojita que me había dado con su firma y sello. Entonces entendí que era una trabajadora social. Aunque por las circunstancias también parecía la que “bisniaba” con los consultorios privados. ¿Por qué no hacían ese examen en el hospital? ¿Por qué debía ir sólo a aquella clínica? ¿Por qué hay profesionales que se prestan a estas cosas?

Fui al consultorio privado aledaño al hospital nacional, me atendió una mujer y sin más preguntas me cobró los veinte dólares, ni siquiera me entregó comprobante (¿evasión de impuestos?) y volví al hospital confiado en que aquel desconocido especialista llegara el único día que puede llegar pues me imagino tendrá otros trabajos por fuera.

Otras cosas sucedieron pero ya no hago más largo el cuento…


P.D. Estarán consientes estas personas que lo que hacen es que la gente (que puede) decida mejor acudir a los servicios privados de salud. Que con sus acciones justifican que el servicio se privatice en lugar de luchar por el servicio público con gratuidad y calidad bajo el entendido que la salud es un derecho humano y no una mercancía. Sin hablar de la vocación y esas cosas que no dan de comer…

viernes, 14 de octubre de 2016

PIERNAS LOCAS

PIERNAS LOCAS
Erick Tomasino


Su padre siempre lo preparó para ser el mejor atajador de todos los tiempos. Quería que fuera mejor portero que Magaña o aún mejor que “La Araña Negra” Lev Yashin. Quizá por haber nacido un quince de junio de mil novecientos ochenta y dos, día en que por una mala jugada de dios le propinaron diez goles a la selecta con el pobre de Ricardo Guevara Mora como arquero, su padre decidió que había sido el destino y no otra cosa lo que orientaba que su hijo debía salvar la imagen del país. Tenés que ser el mejor de todos los tiempos le indicaba casi como una orden militar, pero Piernas Locas nació para el dribling, para llevarse por encima a todos los rivales, para construir jugadas en el medio campo y hacer goles de antología. Con su porte espigado y flacucho era el mejor delantero que se haya visto en los arrabales de aquel cantón extraviado que nadie sabe ubicar en el mapa. Lo demostraba cada tarde de juegos improvisados mientras llevaba a pastorear las dos vacas familiares en aquel campo que funcionaba al mismo tiempo como potrero y como cancha de fútbol. Por más jornadas de arduo entrenamiento que su padre le hizo sufrir bajo los tres palos, Piernas Locas demostró que era un chico de campo.
En la escuela no le interesaba nada de aritmética ni de geografía, apenas había escuchado de un país llamado Brasil, del cual sabía que había ganado la copa del mundo del noventa y cuatro y del cual no le importaba el nombre de su capital. Pero aprendió a celebrar los goles como su ídolo Bebeto, aunque Piernas Locas a esa edad nunca había llevado un bebé en los brazos. Su vida era el balón en sus pies al que sabía llevar felizmente hacia el gol, eso lo supo mientras estudiaba el bachillerato cuando, jugando para la selección del instituto, hizo uno de los goles más recordados por su generación y que le valió ganarse un besito de la reina del instituto. El gol era también alegría.
Uno de sus profesores, profeta de los cracs, al advertir que el talento de Piernas Locas no estaba en los salones de clase sino en las canchas, lo llevó a probarse con el equipo local de la tercera división que rápidamente lo fichó como una de sus promesas y que a los pocos meses lo cedería a las reservas de uno de los clubes más importantes del país, equipo que inmediatamente lo vio como uno de los suyos, como el sustituto de la magia de uno de los mejores futbolistas de toda su historia, aunque para esos días no le daban ni  para el pasaje del autobús; es así que en esos primeros meses como reservista del equipo, acudía a los entrenos con dinero prestado o lo que le daba su padre como producto de la venta matinal de la leche que le extraían a las dos vacas familiares. Pero poco a poco se fue haciendo un lugar en el equipo e inmediatamente fue convocado para el plantel mayor, había promesas de salario y premios. Piernas Locas sólo quería jugar.
Cuando debutó en la liga mayor, apenas comido y vivido, metió tres goles de leyenda, en las estadísticas quedó como el primer “hat trick” de un debutante en un torneo, parecía que bailaba twist con el balón. Había nacido un nuevo ídolo de la fanaticada a quien ya le habían llegado los rumores de la novel promesa, pero que hasta esa tarde fue testigo de ello. Ni uno ni dos ni tres rivales daban abasto para marcar aquel chico que llevaba en sus piernas una joya del fútbol nacional, fue en ese momento que por su particular manera de driblar le apodaron el Piernas Locas.
Asentado ya en el equipo soñaba cada vez con cosas más grandes. Una vez le preguntaron para qué equipo le gustaría fichar, dudó un momento, pero luego respondió casi salomónico: para el Real Madrid o para el Barcelona, porque sépase bien, que en la cabeza de Piernas Locas no había lugar para las ideologías ni disputas históricas, poco a poco se fue enterando que la única ideología en el fútbol es la de las ganancias que se miden en millones de dólares. Lo supo cuando luego de ganar la liga nacional en aquel año, le dieron como premio un auto que aprendió a manejar de poco a poco.
La siguiente temporada iniciaba con la noticia de que Piernas Locas sería el único jugador en toda la liga en ser fichado por más de una temporada, un acontecimiento histórico para una liga de semi profesionales que cada año tenían que renovar contrato o jugar casi de gratis. Es así que ese año pudo comprarse una casa y otro carro, volvió a su pueblo para ofrecerle matrimonio a la ex reina del instituto con quien meses después se casarían. Ese año volvió a ganar la liga y el título de máximo goleador. Piernas Locas era todo un ejemplo para chicos y grandes.
Su profesión iba en ascenso, el siguiente año volvería a ser noticia al firmar para una importante marca deportiva un contrato de patrocinio, ni equipos enteros lo habían logrado nunca y Piernas Locas era así el primer jugador que lograba rubricar un contrato individual con una empresa, luego le sucedieron otras y el rostro de Piernas Locas aparecía en banners, rótulos, spots televisivos y hasta en camisetas. Era la imagen de gaseosas, yinas y empresas lotificadoras. La gente lo adoraba, era un verdadero ídolo nacional de masas. Fue así como lo convocaron a la selección nacional y uno de los sueños de infancia de Piernas Locas se hacía realidad. No hay que obviar que en su debut con el equipo de todos, en una ciudad de Estados Unidos y en una estupenda noche y pese a las genialidades de Piernas Locas perdieron, es así que aprendió de la derrota sin perder las esperanzas. Sin embargo, esa noche le dieron ganas de tomarse un vaso de leche con vodka.
Pero Piernas Locas no se dejaba vencer y en el segundo juego de la gira, se echó el equipo a los hombros y lo encaminó a un sendo triunfo contra una selección del Caribe del que Piernas Locas nunca había escuchado, pero lo celebró a lo grande. Al ser entrevistado por un periodista de una importante cadena de televisión, sus inmortales palabras quedaron registradas: “Bueno, primeramente quiero agradecer a dios por este triunfo y a la noble afición que vino a darnos el respaldo, lo importante fue que nos aplicamos, seguimos las recomendaciones del profe y dimos el todo por el todo, sólo nos queda seguir trabajando y pensar en el próximo partido”. Piernas Locas se rascó la nariz y se retiró corriendo a las duchas.
De regreso al país le informaron que en su equipo tendría un nuevo compañero de ataque, su nombre era Fernandinho Pipoca, un brasileño que había llegado para reforzar la delantera, la magia de ambos los convirtió en una de las duplas más temidas en todo el redondo nacional. Casi como por arte de magia, ambos arietes se entendían en el campo como si se hubiesen criado juntos. La afición enloquecía cada tarde de fútbol.
Aquella temporada los dos llevaron al equipo a una nueva copa, disputando entre ambos el liderato de goleo que rompió records históricos y por ese mérito llegaron de nuevo los premios, los agradecimientos, firmas de nuevos patrocinios, ofertas de otros equipos nacionales y extranjeros. Ese mismo año nació el primer hijo de Piernas Locas.
El padrino –como no podía ser de otro modo- fue Fernandinho Pipoca. El bautizo del pequeño ídolo apareció en las portadas de los principales periódicos y revistas del país; la prensa rosa lo aprovechó muy bien y era la comidilla en casi todos los medios. La gente lo quería mucho y se emocionaba con la presencia del pequeño príncipe, descendiente de aquel que había alcanzado el éxito y que seguía subiendo como la espuma. Pero se venía una nueva temporada y había que volver a los entrenos.
El equipo les informó que debido al gran éxito alcanzado, habían sido invitados a realizar una gira por los Estados Unidos, ya había fechas comprometidas para jugar en las principales ciudades donde había compatriotas que -hay que decirlo- vivían en una situación irregular pero que aun así podían enviar remesas y pagar sus entradas, por lo tanto había que llevarles alegría y qué mejor que un buen espectáculo con Piernas Locas como protagonista y de Fernandinho Pipoca como el mejor de sus compinches. Piernas Locas se emocionó pues uno de los directivos les prometió una jugosa bonificación, se emocionó porque pensó que con ese dinero podría ampliar el lote donde vivían sus padres y poder construir una piscina para recrearse con los suyos. Piernas Locas seguía siendo un chico de familia.
Al final de la reunión con todo el equipo, Fernandiho Pipoca se le acercó para invitarlo a celebrar, celebrar qué, nuestra amistad y los triunfos compartidos dijo él en un portuñol al que Piernas Locas ya se estaba acostumbrado. No puedo dijo él, tengo que volver a casa, porra pa’carajo fue la expresión de Fernandinho Pipoca, no credo, si tú estás un adulto, vamos celebrar. La expresión en los ojos de aquel alegre brasileño, terminó de convencer a Piernas Locas, así que accedió y se fueron juntos a una zona llena de bares y gente jovial. Piernas Locas entendió que ese era el ambiente al que le gustaba ir a su compañero de goles, lo supo porque al nomás entrar un grupo de jóvenes le gritó vocé, vocé, pipoca gosta da maconha y el otro más alegre les abrazó diciendo e aí carajo, os feomalditos, mira, voy a te presentar a mi amigo el Piernas Locas, por favor siéntense con nosotros, qué honor, qué placer, qué orgullo tenerlos por acá. Van a pedir algo. Cerveza. Un vaso de leche. Un qué. Toma otra cosa. Un vaso de leche con vodka. Un vodka sin leche será. Todos reían. En eso, uno de los chicos le hizo la indicación a Fernandinho Pipoca, ambos se pusieron de pie y se dirigieron hacia el baño. Mientras los otros dos chicos se deshacían en elogios. Sos el más grande, el mejor de todos los tiempos, en serio cerote, no hay nadie como vos, valen verga los demás, firmame la servilleta, haceme un bicho. En eso estaban cuando los que se habían ido regresaron, Fernandinho Pipoca un poco más alegre lanzó un papelito sobre la mesa que Piernas Locas alcanzó a leer: “He aquí vuestro placer, vuestro placebo”. Él no entendía nada, hasta que minutos después, Fernandinho le pidió irse a sentar a otra mesa, dejando aquellos chicos solos para quedarse ellos solos y hablar de sus temas.
Muy amena la noche, cuando un tipo gordo, vistiendo de corbata y saco se les acercó, les preguntó si podía sentarse junto a ellos a lo que el brasileño respondió con un sí, el hombre se sentó casi con fatiga y simuló una sonrisa. Se fue directamente al grano y preguntó si estaban de acuerdo con ganarse algunos dolaritos extras. Piernas Locas pensó que se trataba de un nuevo patrocinio y muy interesado le pidió que les explicara. El tipo gordo les dijo que sabía que el equipo haría una gira por los Estados Unidos y se enfrentaría a importantes equipos de la región, que sabía de la buena racha que aquella dupla tenía y que eran una de las más prometedoras, que nadie se podía esperar menos que importantes triunfos y una serie de éxitos y que eso les vendría bien para las estadísticas, pero la oferta que él tenía era más tentadora. Se trataba de agenciarse unos sus buenos billetes si hacían caso a las casas de apuestas, es decir, si en todos, todos los partidos se dejaran vencer para que de esa forma esas casas de apuestas e importantes apostadores ganaran un dinero fácil, de lo cual de esas ganancias ellos se podrían llevarse una jugosa bonificación. Los dos arietes se miraron a los ojos y Fernandinho Pipoca se mostró el más interesado y quería que le explicara cómo funcionaba aquello. Mientras el tipo gordo y con corbata les explicaba cómo era la movida, en el Xibalbar sonaba la música a todo volumen que hizo más confusa la propuesta. A Piernas Locas no le quedaba muy claro y no estaba seguro de aceptar el trato, pero el tipo gordo le pasó un papelito donde se detallaba la cantidad que se podría ganar por cada partido perdido. Era más de lo que ganaba por temporada, en ese negocio los dólares caían por miles.
Desconcertado al terminar la plática, Piernas Locas decidió marcharse, Fernandinho Pipoca trató de persuadirlo para que aceptaran la propuesta de inmediato, pero había que pensarlo muy bien, las esperanzas de cientos de aficionados estaban puestas en aquella maravillosa dupla y no había lugar para decepcionarlos. El brasileño lo regañó, le dijo que se portaba como una crianza, que con ese billete podían resolver el futuro, que jugando para equipos mierdas nunca iban a lograr nada. Piernas Locas lo paró en seco y le dijo que lo iba a pensar, que le diera unos días, que la cosa no era así nomás. Fernandinho lanzó una manotada al aire y dijo ¡bah! Hasta mañana entonces. Cada quien tomó su camino. En el trayecto a casa, a Piernas Locas se le atravesó un amarillo school bus cuyos pasajeros le gritaron que era el mejor. La gente parecía andar desenfrenada.
Al llegar a casa, su esposa lo estaba esperando, por qué llegás tan tarde, el niño no ha dejado de llorar, traés hambre. Te tengo una noticia. El te tengo una noticia lo asustó un poco y lo sacó de aquel pensamiento que llevaba entre ceja y ceja. Qué noticia, habrá un nuevo miembro en la familia le dijo y se sobó la panza y sin esperar respuesta del crac, le empezó a enlistar las necesidades que se vendrían, ampliar la casa, comprar cosas, buscar una persona que le ayudara con los cipotes y un larguísimo bla bla bla. En resumidas cuentas, vamos a necesitar más dinero. Lo importante es tener salud, le habría gustado decirle.
Piernas Locas acostumbrado a esas alturas a invertir en la familia, pensó que el futuro era incierto, que los éxitos no duraban para siempre, se contaban por miles las historias de futbolistas afamados que terminaron en la ruina y en el olvido. Había que garantizar a su familia -cada vez más grande- cierta estabilidad. Eso pensó y entonces decidió aceptar la propuesta de aquel viejo gordo de corbata. Se lo contó a Fernandinho Pipoca quien lo abrazó efusivamente y ambos se prometieron guardar el secreto. En aquella gira, que supongo todo el mundo recuerda, el equipo del dúo dinámico perdió todos los juegos de manera insólita. Y la famosa dupla no anotó ni un tanto. Piernas Locas incluso falló un penal que pudo haber cambiado la historia.
Después de aquello la fama de Piernas Locas fue decayendo, al final de la temporada, su compañero de goles Fernandinho Pipoca abandonó al club y regresó a su natal Brasil. Piernas Locas se quedó en solitario y ya no destellaba ni magia ni emoción, la grada se puso en su contra y en el estadio se leían pancartas exigiendo que se fuera del equipo. Meses más tarde se destaparían los casos de corrupción en el fútbol y el nombre de Piernas Locas aparecía como uno de los principales implicados. La justicia lo requirió para que diera declaraciones pero él nunca se apareció. Lo buscaron por todas partes pero nadie daba cuenta del ex-héroe de chicos y grandes.
En la sede del club borraron todo registro del paso de Piernas Locas. La afición aprendió a olvidarlo como había hecho con muchos futbolistas. La prensa rápidamente encontró otro personaje de quien hablar. Las esperanzas se renovaron lanzando al olvido toda la historia.

Piernas Locas desapareció por completo. Sin embargo hay quienes afirman que ahora vive en los Estados Unidos de forma ilegal, que con el poco dinero que logró llevarse puso una pupusería a la que frecuentan personas indocumentadas que están en la lista de quienes serán lanzadas como carne de cañón en alguna aventura militar con la esperanza de obtener la residencia si vuelven con vida; compatriotas que acuden bíblicamente a realizar su última cena y beben vodka con leche en espera de ser enlistados al próximo contingente de invasión gringa. Dicen que ese lugar se llama Crazy Legs Pupusas, y también dicen que en ese sitio todo mundo habla de la guerra y nadie habla de fútbol. Nadie.

lunes, 10 de octubre de 2016

Taller de formación "La sistematización para aprender de nuestras experiencias"















FUNDACIÓN PROMOTORA DE COOPERATIVAS. FUNPROCOOP

RED MESOAMERICANA DE EDUCACIÓN POPULAR. RED ALFORJA




Estimados amigos y estimadas amigas.
Con la presente anunciamos la realización del taller de formación de la Escuela Metodológica de Educación Popular 2016 denominado: “La Sistematización para aprender de nuestras experiencias” que se llevará a cabo los días del 17 al 21 de octubre y cuyos objetivos son: 

1) Desarrollar una propuesta formativa para fortalecer las capacidades metodológicas de sistematización de experiencias desde la Educación Popular y 2) Delinear propuestas concretas y prácticas de sistematización de utilidad para las organizaciones participantes.

Los principales contenidos serán:
-Propuesta metodológica de sistematización de Alforja.
-Concepciones, características, utilidades de la sistematización de experiencias.
-Relación entre Sistematización, evaluación e investigación.
-Sistematización de experiencias de las organizaciones participantes.
-Aplicación práctica.

PERFILES Y REQUISITOS PARA PARTICIPAR
 -dirigentes, militantes de organizaciones populares, educadores/as o técnicos/as, trabajadores/as rurales, promotores/as, con cierto nivel académico y/o experiencia organizativa.
-comprometerse a asistir durante todos los días del taller.

-estar dispuestas a reproducir los nuevos conocimientos con las organizaciones donde trabajan, estas a su vez se comprometerán en abrir los espacios necesarios para aplicarlos.

Costos
El costo del taller es de US$200.00 por persona. Esta tarifa incluyen transporte desde San Salvador al lugar del taller, comidas, alojamiento y materiales de apoyo.

Sede de la Escuela
Este curso se realizará en la Granja Escuela de Capacitación Agrícola GECA, Nueva Concepción, Chalatenango (a una hora y media de San Salvador) TEL.: (503) 2354-2101.

Parara mayor información comunicarse a:

Correo electrónico: educacion@funprocoop.org.sv 

Funprocoop
Colonia Flor Blanca, 12 calle poniente. N° 2422. San Salvador. El Salvador.
Teléfonos: (503) 2223-0453 ó (503) 2298-3445


martes, 20 de septiembre de 2016

CRÓNICA DE UNA EMERGENCIA (II)

CRÓNICA DE UNA EMERGENCIA (II)
Erick Tomasino.


Llegamos a la unidad de emergencias del Hospital de Ahuachapán. Quizá como era 15 de septiembre no había mucha gente o quizá era un hospital que no suele estar saturado como otros de la red de hospitales públicos.
Colocaron a mi abuela en una camilla y nos preguntaron qué había pasado. Les dije que se había caído e inmediatamente la atendieron, hasta ahí todo bien. Me llamaron hacia un mostrador para que diera los datos y alcancé a ver que el diagnóstico previo era lo que sospechaba: “fractura de cadera”, así también noté cómo la enfermera marcó en la ficha que el nivel de emergencia era amarillo.
Luego me pidieron que fuera hacia archivo para registrar a mi abuela y sacar la tarjeta de visita. Entonces la van a ingresar deduje. Como no sabía dónde quedaba, una enfermera me dijo que siguiera la línea de color… no me acuerdo qué color, pero la seguí y di cabal. No había nadie. Espere un par de minutos y se acercó un chico para atenderme. Levantó los datos y ya. Que al suave este hospital, me dije.
Volví hacia emergencias y ya había un poco más de gente. A mi abuela la habían puesto a un ladito para que no interrumpiera las emergencias que iban llegando. El que más llamaba la atención era el de un niño de doce años con fractura de peroné, que le había ocurrido por querer alcanzar su instrumento musical –el que tocaría en los desfiles- en un sitio que debido a las torrenciales lluvias estaba liso. El pobre gritaba hasta más no poder.
Nos tocaba esperar pues logré leer en un cartel que la atención dependía del nivel de emergencia: nivel rojo la atención tarda entre 0 a 10 minutos; el nivel amarillo entre una a dos horas. Así que me dije que estaríamos ahí por lo menos unas dos horas.
Luego llega alguien y me dice que lleve a mi abuela a Rayos X para que le hagan las radiografías, me le quedo viendo un tanto sorprendido, otra enfermera entonces le dice a otra enfermera que la llevemos, a ello se sumó un chico de la limpieza, así se iba poniendo un poco extraño aquello.
Llegamos a Rayos X y preguntan quién iba acompañando a la señora, les dije que yo, me preguntaron de nuevo qué le había pasado, repetí lo que había dicho antes. Hay que ponerla en este sitio para hacerle la radiografía. La enfermera me preguntó si la podía “chiniar” la miro sorprendido y le digo que no lo puedo hacer, que está fracturada, que la que debía saber cómo movilizar a una paciente de 88 años con fractura de cadera era ella. Todo mundo se quedó mirando. Tuve que describirles cómo lo habían hecho los de la unidad de emergencias que nos habían llevado en la ambulancia. Así hicimos.
Volvimos esta vez a otra unidad para que le leyeran las radiografías. Tuvimos que esperar varios minutos. Una de las enfermeras nos ofreció desayuno. Ni mi abuela ni yo desayunamos, pero se lo agradecimos. Después aparece el chico de la fractura en el peroné dando gritos de dolor. Lo atendieron antes, estaba bien, se veía que era más urgente. Al final la doctora ve a mi abuela y confirma lo sospechado. Será necesario ingresarla, me piden que la lleve a otro lugar para hacerle un electrocardiograma. La llevo no sin antes recibir un regaño por no saber exactamente donde estaba, ahí pensé que mucho del personal actúa como si uno conociera o debería conocer todos los procedimientos y ubicación de los sitios.
Me mandan a por un medicamento a la farmacia del hospital, llego y no había nadie haciendo fila, la señora de la farmacia me dijo que me sentara y que esperara. No sé para qué, si sólo llegaba por un medicamento. Minutos después llega una enfermera y me pregunta si ya me atendieron, le digo que no, me toma la receta y empieza a pedirle a la de la farmacia que por favor le atendiera, tuvo que llegar otra enfermera para pedirle encarecidamente que nos despachara. Y yo me dije ¡esto es en serio!
Volvimos y ya mi abuela estaba en dirección a la sala de cirugía mujeres donde hasta hoy está ingresada. La colocan en una cama y yo me quedo ahí acompañándola un rato y a esperar si alguien me informa de qué es lo que va proceder. No se acercó nadie. De pronto una enfermera se aparece y grita en toda la sala “¿cuántos años tiene esa viejita?” le respondo que 88. “Hay no, esa viejita ya no aguanta una operación. A nosotros la semana pasada se nos murió una porque no aguantó. Esta señora se va morir si la operan.” Las otras mujeres en la sala me vuelven a ver. Y yo le digo –también en vos alta para que se escuche en toda la sala- que eso lo deberían saber los médicos, que para eso la hemos llevado al hospital.
Al final me dijo que no podía estar ahí. Que en esa sala sólo podía haber “hembras”, porque era una sala de “hembras” y que debía de haber una “hembra” que la cuidara porque ellas no daban abasto con todas las “enfermitas”. Me dieron ganas de decir algo, pero se me quebró la voz, luego pensé que habría sido importante pedirle su nombre y denunciarla por ese tipo de trato y comentarios contra pacientes. Pero mi abuela me pidió que me fuera y esperara llegar con el resto de la familia.

A la salida quise ver si en las salas de hombres, sólo habían “machos cuidando machos” o si ahí sí estaba permitido que “hembras” cuidaran a los “machos”…

sábado, 17 de septiembre de 2016

CRÓNICA DE UNA EMERGENCIA (I)

CRÓNICA DE UNA EMERGENCIA (I)

Erick Tomasino.


Mi abuela se cayó del sofá. Escuché su grito y sus quejas de dolor. Como pude la llevé hacia la cama para acostarla y le sugerí que no se moviera. En un principio creí o quería creer que sólo se trataba de un dolor sin complicaciones. Una hora después ella me dijo que le dolía mucho y cuando la vi, tenía inflamado la parte izquierda de la cadera. Mierda, esto puede ser una fractura me dije. Entonces pensé que lo mejor sería llevarla al hospital, pero pensando en la posible fractura, lo mejor sería llevarla en una ambulancia. Ahí fue donde me acordé que cuando mi madre estuvo muy enferma traté de elaborar una guía de números de emergencia que nunca logré hacer.

Le llamé a mi amigo Luis para ver si él me podía ayudar. Obviamente se preocupó. A los pocos minutos me devolvió la llamada diciendo que se había comunicado con el 911, pero que si yo lo podía hacer también que lo hiciera. Mientras él se encargaba de buscar números telefónicos de otras instituciones que atienden emergencias.

Llamé al 911 [si, buenas quería saber si me pueden enviar una ambulancia] el “quería saber” me pareció una mala frase, de duda, tendría que haber iniciado con un “necesito una ambulancia urgente” eso podría haber sido más enfático. En fin, al chico que me atendió le di los detalles, me dijo que enviarían una unidad para atender la emergencia y verificar si era necesario el traslado hacia el hospital, me indicó que mi abuela no se movilizara para no afectarse más y que esperara fuera de casa para que la unidad supiera el punto exacto donde debían llegar, le pregunté que cuánto se tardaría, me dijo que eso dependía de la  disponibilidad de la zona, yo le dije entonces que no se deberían tardar mucho pues la zona es muy accesible, él me dijo que bueno, que no sabía cuánto podían tardar para atender esa “emergencia”.

Mi abuela seguía quejándose del dolor, le sugerí que se tranquilizara un poco (esas cosas que se dicen sin saber realmente qué decir) que la ambulancia estaba por llegar y pronto llegaríamos al hospital para que la atendieran. Salí de casa a esperar a la ‘unidad’ con lámpara en mano, pues es una zona rural con poca iluminación. Eran como las ocho de la noche. Todo aquello estaba ‘silencio’ como dicen pero me sentía vulnerable. Cuarenta minutos después me llama Luis preguntando si ya había solucionado, aún estoy esperando a los del 911. Te doy otros números de teléfono. Pues no sé si es conveniente llamar. Te los dejo. Los anoté. Ya casi a la hora de haber llamado al 911 les volvía a llamar, esta vez me atendió una chica, le dije que hacía casi una hora había llamado para solicitar una ambulancia pero no había llegado, me preguntó en qué departamento estaba, ¿departamento? Pues Ahuachapán ((sonido de tecleado)) pues aquí solo tengo una llamada del barrio… no, no, no es en la ciudad de Ahuachapán, es el departamento y le dije la dirección exacta. Ah sí, es en el cantón Izcaquilillo, si, si… pues se ha borrado de la pantalla… pero si hace una hora llamé y me dijeron que enviarían una ambulancia. A ese sitio no llegan ambulancias lo que le iban a enviar es una unidad de la policía [y yo para qué quiero una unidad de policía] bueno, manden lo que puedan, pero es que ya se borró su solicitud, si quiere le vuelvo a levantar los datos a ver si le enviamos una unidad. No, sabe qué, voy a resolver de otro modo, en todo caso quiero que quede registrado que esta no ha sido una llamada de falsa alarm… ((sonido de corte de la llamada)) qué curioso, hasta los del 911 me cortan las llamadas.

Voy ver el otro número de una institución encargada de atender emergencias. Llamo y de inmediato me contestan. Les digo que necesito una ambulancia pues mi abuela de 88 años se cayó y sospecho que se ha fracturado. Está bien, de donde nos llama. Les digo la dirección y me dicen que ellos no pueden atender la emergencia pues son los de Santa Ana, pero que me podía referir a los de Ahuachapán. Le digo que si puede referirme a los de Chalchuapa que están más cerca. Me dijo que me podía referir a los dos. El ‘referir’ significaba que me dictaba los números de sus oficinas en las dos ciudades mencionadas. Las anoté. Llamo a Chalchuapa. No contestan. Vuelvo a llamar –a todo esto ya han pasado casi tres horas de que mi abuela se ha caído- intento de nuevo, nada. Ni modo, llamo a los de Ahuachapán. Nada. De nuevo. Nada. ¡Puta!

Mi abuela me dice que ya no intente. Que mejor nos tranquilicemos –ella como siempre un poco más serena que yo- que al siguiente día lo resolvíamos. Le repetí que no se moviera, que tendría que quedarse en esa posición toda la noche. Así lo hizo aunque pasó quejándose del dolor. A las cinco de la mañana me levanté e intenté llamar de nuevo para que enviaran una ambulancia. En ningún lado me contestaban. Pensé que estaban más preocupados por atender a la gente que asoleada disfrutaba de los desfiles del 15 de septiembre. A las siete de la mañana por fin me atendieron de la unidad de Ahuachapán.

Si, buenas, necesito una ambulancia… a qué horas fue que se cayó. Anoche a las siete de la noche, pero he estado intentando comunicarme y hasta hoy me atienden. Sí, es que anoche por las lluvias se nos había cortado la comunicación telefónica… en fin, me dicen que en unos cinco o diez minutos estarían, pero que tendría que esperar afuera para ubicar el punto exacto. Se tardaron casi veinte minutos y ya eso me pareció rápido. Llevamos en una camilla a mi abuela y nos subimos a la ambulancia.


¿Nos pueden llevar al hospital de Chalchuapa? No, porque somos los de Ahuachapán y no tenemos permitido trasladarlos hacia allá pues es otro departamento. Pero qué loco, si es más cerca, sí, pero es una división distrital. Mi abuela gritando, llévenme donde sea que no aguanto el dolor. Ni modo pues vamos a Ahuachapán. Y hacia el hospital de esa ciudad nos dirigimos…

lunes, 5 de septiembre de 2016

Taller: "La sistematización para aprender de nuestras experiencias"


FUNDACIÓN PROMOTORA DE COOPERATIVAS. FUNPROCOOP
RED MESOAMERICANA DE EDUCACIÓN POPULAR. RED ALFORJA.

​ESCUELA METODOLÓGICA DE EDUCACIÓN POPULAR
2016.​
TALLER: “LA SISTEMATIZACIÓN PARA APRENDER DE NUESTRAS EXPERIENCIAS”


OBJETIVOS
Desarrollar una propuesta formativa para fortalecer las capacidades metodológicas de sistematización de experiencias desde la Educación Popular.
Delinear propuestas concretas y prácticas de sistematización de utilidad para las organizaciones participantes.


PRINCIPALES CONTENIDOS
La sistematización para aprender de nuestras experiencias
-Propuesta metodológica de sistematización de Alforja.
-Concepciones, características, utilidades de la sistematización de experiencias.
-Relación entre Sistematización, evaluación e investigación.
-Sistematización de experiencias de las organizaciones participantes.
-Aplicación práctica.

FECHA: 17 al 21 de octubre

PERFILES Y REQUISITOS PARA PARTICIPAR
 -dirigentes, militantes de organizaciones populares, educadores/as o técnicos/as, trabajadores/as rurales, promotores/as, comprometidos/as con algún movimiento u organización campesina o popular, con cierto nivel académico y/o experiencia organizativa con comunidades rurales.
-comprometerse a asistir a los módulos del curso básico.
-estar dispuestas a reproducir los nuevos conocimientos con las organizaciones donde trabajan, estas a su vez se comprometerán en abrir los espacios necesarios para aplicarlos.

Sede de la Escuela
GECA: Granja Escuela de Capacitación Cooperativa y Agropecuaria. Caserío Las Trancas, Nueva Concepción, Chalatenango.

Horarios
Llegada el día lunes a las 10:00 am, a las oficinas de FUNPROCOOP, desde donde se partirá rumbo a la GECA. Regreso el día viernes saliendo a las 8:00 am, de la GECA rumbo a San Salvador.

Costos
200 US$ por cada módulo, por persona. Estas tarifas incluyen transporte desde San Salvador al lugar del taller, comidas, alojamiento, materiales de apoyo y memoria por cada módulo.

​Parara mayor información comunicarse a:
Colonia Flor Blanca, 12 calle poniente. N° 2422. San Salvador. El Salvador.
Teléfonos: (503) 2223-0453 ó (503) 2298-3445
Correo electrónico: educacion@funprocoop.org.sv

direccion@funprocoop.org.sv​

domingo, 21 de agosto de 2016

El virgen de Guadalupe

El virgen de Guadalupe


Erick Tomasino.




Lupillo de pie frente a la cortina metálica que daba a la entrada del burdel “El Correcaminos”, se aseguró de que llevaba los calzoncillos nuevos recién comprados en el puesto de mercado de su tía Angélica. Dio un profundo suspiro y justo en el momento en que había decidido entrar, la Selena se le apareció -cigarrillo en mano- como si lo hubiera estado esperando aquella tarde-noche. Hola papito, le dijo con una sonrisa pícara, como una agente publicitaria que trata de convencer a su cliente de que su producto es el mejor en el mercado. Hola, respondió Lupillo evidentemente nervioso tratando de evitar mirar ese ángel prohibido que lo invitaba a entrar en aquel paraíso del pecado atestado de bolos y música de rocola. Querés pasar, preguntó ella tomando la mano del mozo que temblaba helada, vení que aquí nos podemos relajar un rato mi amor. Lupillo, que no sabía nada de la diplomacia de aquellos lugares dudó de la sinceridad de las palabras de la mujer, se apresuró yendo al grano al preguntarle que cuánto le iba a cobrar por el polvo. Ella, muy experimentada, le dio a entender que guardara silencio poniéndole el dedo índice en los labios que a Lupillo le parecía que olía a una mezcla de sardina con tabaco, cuántos años tenés le preguntó ella, ya casi cumplo los dieciséis respondió él, siendo así, no podés entrar, a menos que nos vayamos directo al cuarto le aclaró ella, pero cuánto vale el rato pues insistió él. Ella, presumiendo que aquel cipote se le iba a ir en seco ahí mismo de las grandes ganas que ya eran evidentes, siguiendo su juego seductor le adivinó que aquella sería su primera vez. Lupillo cada vez más inquieto, tuvo que aceptar su inexperiencia en las artes amatorias, la Selena se sentía un tanto motivada por arrancarle de una sola arremetida la virginidad a aquel muchacho moreno que sudaba y miraba trémulo hacia todos lados. En el historial de ella se contaban por decenas los cipotes que la habían elegido para que con sus voluptuosidades los bendijera en el serpenteado e infinito camino de la cogedera y porque prefería a los muchachos imberbes que por su nula experiencia acababan rápido el primer round que con los bolos experimentados que podían entretenerse por más tiempo; así que sería un placer sumar a uno más en aquella cuenta que en realidad sólo ella llevaba. Hoy es tu día pajarito, te voy a hacer precio especial de introducción, andate a la mesa del fondo para que no te vean desde afuera y ya voy a llegar para ver qué puedo hacer con vos. Lupillo entró dubitativo con el pulso tan agitado que hacía que sintiera que el corazón se le iba a salir como vomitado en medio de aquel lugar que parecía observarlo y castigarlo moralmente. De los nervios no sacaba sus manos de los bolsillos de su bluejeans nuevo, uno que se había comprado especialmente para aquella ocasión con el pisto que le habían dado en su trabajo de peón en las fincas de café. Tal como se lo habían ordenado se sentó en la mesa del fondo, una que estaba lejos de la barra de donde se despachaban las cervezas y los tragos, pero cerca de aquel renglón de habitaciones que atestiguaban los más íntimos secretos de los deseos prohibidos de casi todos los hombres del pueblo. Desde esa ubicación, Lupillo observaba con inquietud la dinámica del burdel del que sólo conocía por las habladas de sus amigos, hasta ese entonces “El Correcaminos” era para él una incógnita que le ponía su miembro viril como asta para colgar la bandera nacional. Sobre todo observaba con ansiedad a la Selena que en ese momento despachaba unas cervezas y unas bocas de queso frito y de chilibín a unos bolos que cantaban a todo pulmón unas canciones de Rudy La Scala mientras un viejo bailaba pegado con otra de las muchachas en el centro de aquella sala atestada de colillas de cigarro y escupidas que a esa altura apenas eran marcas pegajosas en el piso. Lupillo se emocionó al ver que la Selena se dirigía a su mesa, ella se sentó frente a él, puesí miamor, querés algo de tomar antes, una gaseosa dijo él, ella rio indiscreta, no querés que te de lechita mejor bebé, él sonrió agüevado, dame una cerveza entonces solicitó un poco envalentonado, ahorita te la traigo mi niño. La Selena se puso de pie y antes de irse por lo pedido se le acercó a Lupillo que ya iba agarrando confianza y le dio un sutil beso en la mejía dejándole la marca de sus labios pintados de rojo carmesí. En lo que la Selena andaba por la barra, de uno de los cuartos salió un tipo tosco con señales de que lo habían despachado antes de tiempo, ajustándose el pantalón miró de reojo a Lupillo, hizo una especie de mueca, balbuceó algo y salió encorvado de aquel lugar. Otro valiente había sucumbido en la cruenta guerra de los placeres inmediatos. Segundos después, del mismo cuarto, salió una mujer gorda y morena envuelta en una toalla, con el pelo recogido a fuerza de ganchos, se dirigió hacia la pila que hacía de ducha y en el cual, a puros huacalazos, se lavó las partes que en su profesión hacían de herramientas de trabajo. Una mezcla de asco y lamento pasaron por la mente de Lupillo que todavía a esa hora no sabía lo que era estar compartiendo los naturales fluidos del sexo con una mujer. En breve reapareció la Selena con una cerveza bien helada y un tarrito de plástico que contenía varias semillas de maní tostado, vaya mi niño, para que se me relaje un poco y puso las cosas sobre la mesa, mientras ella se sentaba esta vez al lado del cipote que -de un trago- le bajó la mitad a la birria sintiendo como le pasaba fría por la garganta, uy miamor, tenías sed, le dijo mientras le pasaba una mano sobre el muslo y lo miraba de pie a cabeza como quien estudia los gustos de su cliente. Lupillo no decía nada y ni siquiera podía volver a verla, pero en su actitud se notaba que quería consumar el acto lo antes posible por lo que la experticia de la Selena resaltó y casi como leyéndole la mente le dijo el precio de la primera comunión, dándole las opciones de las que podía elegir: normal, mamada y si quería ponerse más exigente había tarifa especial “por el detroit”, pero si quería aprovechar su estancia, también podía hacerle “triple saldo” que consistía en aplicarle las tres anteriores hasta que acabara. Lupillo se vio tentado, pero como desconocía las capacidades de su cuerpo, se decidió por la posición normal. La Selena le dijo que en el momento que quisiera y él respondió casi instintivamente con un ¡ya!, ella lo tomó de la mano y se lo llevó a uno de los cuartos; al entrar, Lupillo notó que aquella cueva era un verdadero cuchitril amueblado apenas con una cama, una mesita llena de peines, talcos, una alhajero y una caja de condones de los que reparten en la unidad de salud; mientras que en la pared había nada más un espejo y un calendario ilustrado con una exuberante mujer desnuda. La Selena antes de todo le pidió el dinero y al recibirlo le dijo al chamaquito que esperara, que ya volvería, después de eso le tiró un beso al aire y le hizo un guiño. Él se sentó sobre la cama que le parecía cómoda aunque sucia a pesar que de sus sábanas emanaba cierto olor a lejía, miró a su alrededor y se dijo a sí mismo por  fin, por fin sentiría los humores de una mujer de verdad, una de carne y hueso, no una de aquellas que aparecían en las páginas de contraportada del periódico que vendían en el parque y que sólo le servían para agitar su excitación y volarse la paja, pensando en ello estaba cuando entró la Selena quien lo miraba sorprendida, todavía estás vestido cariño y se le acercó reptando, sin prisa, con la sonrisa de quien tiene asechada a su presa, ella se quitó el vestido con una sutilidad inimaginable para el chico, quedándose sólo en un diminuto calzón, ayudó al joven a desvestirse, primero la camisa, después los zapatos, Lupillo no estaba seguro de quitarse los calcetines pues no se acordaba si de la prisa se había puesto los talcos para que no le hedieran los pies, pero a ella tampoco le interesaba quitárselos, luego le quitó los pantalones dejándolo sólo en aquellos calzoncillos nuevos que había comprado en el puesto de mercado de su tía Angélica, con mayor delicadeza y casi en cámara lenta, la Selena lo fue despojando de aquella prenda, presentando al mundo la virilidad de aquel cipote moreno y tímido ¡Ave María Purísima! la Selena lo observó con un poco de asombro y fuera de protocolo le preguntó a Lupillo si se lo podía besar porque de aquel instrumento emanaba un profundo olor a monte, a puro sabor del campo; él presumiendo que en el acto podrían haber besos e imaginando que le podía dar asco sentir a través de los labios de Selena el sabor de su propio pene, le dijo casi suspirando que no. Ella se saboreó los labios y pareció tragarse un buen poco de saliva. Se puso de pie y se dirigió hacia la mesita donde estaban los condones, tomó uno y abrió el sobre con delicadeza, lo sacó y con una impresionante destreza y de forma casi didáctica se lo puso en el novel miembro erecto del chico y después de ello le dio un par de frotaditas mirando a los ojos del chico que observaban absortos aquel ritual de iniciación. Ella se quitó el diminuto calzón y se reposó sobre la cama como un ave a punto de ser aliñada, le ofreció sus manos al chico y este más por instinto que por sabiduría se subió encima de ella, como principio intentó besarla, pero ella evadió el intento girando su cabeza hacia la derecha y pronto le dijo, sin besos miamor, él asumió que era parte de las reglas de su profesión y no insistió, así que sin más buscó con la punta de su lanza el abrazo vaginal que bautizaría a aquel muchacho peón de finca como un hombre. Pero los primeros intentos por penetrarla no lograron su objetivo pues Lupillo no tenía idea de cómo se hacía por lo que con un poco de ayuda, siempre con el ánimo didáctico de la Selena, sintió como con un pequeño levantamiento de la pelvis de ella, por fin lograba el flechazo inicial dando en el albo húmedo de aquella mujer. Para sorpresa de ambos, lo que sería una mera formalidad inicial, se fue convirtiendo en un verdadero estado de gozo pues quizá por el reconocimiento del territorio carnal entre ambos, se fue desatando todo el potencial que por unos tempranos dieciséis años Lupillo guardaba y aquella primera embestida tímida se fue haciendo cada vez más potente, más segura y ella más cadenciosa sentía como aquel joven miembro le cubría el cuerpo cavernoso que conocía casi todos los penes del pueblo pero ninguno tan placentero como aquel. Así, imparables ambos comenzaron a jadear, a respirar de forma acelerada, en un zigzageo que no podía detenerse y del entusiasmo de aquella conexión ella le exigió que siguiera, mostrándole un amplio repertorio de posturas que a Lupillo le eran desconocidas pero a las cuales parecía adaptarse inmediatamente, por su mente, sin embargo, se preguntaba cuánto sería el costo de todo aquello pero ya no le importaba y seguía las ordenes que la Selena le daba a gritos hasta que ella finalmente, esta vez encima del muchacho, lo bañó con el calor líquido de un orgasmo. Complacida de aquella experiencia inmediatamente le quitó el condón a Lupillo y succionó el pene aún duro hasta que como un regalo inesperado recibió en su cuerpo la liberación del deseo contenido que Lupillo tenía guardado. Finalizado aquello, ambos se tumbaron de espaldas sobre la cama, miraron el techo de zinc y respiraron hondo, ella le ofreció un cigarrillo y él se lo aceptó, se tomaron de la mano y se miraron a los ojos, ella se le acercó y le dio un apasionado beso, ¿y eso? preguntó el muchacho sonriendo evidentemente feliz, ella no dijo nada. Entrecruzaron sus cuerpos y pasaron un rato en silencio hasta que por fin Lupillo irrumpió el silencio con un pujido ¡jum!, ella alejó un poco su rostro y lo miró perpleja, ¿qué pasa?, es que apenas te conozco y ya siento que te amo le confesó él, ella lo miró con ternura y le pasó una mano por el rostro, le dio un beso tierno y se quedaron a dormir. A esa hora el silencio y la oscuridad de la noche, eran apenas atravesados por los cómplices eructos de unos geckos. 

viernes, 12 de agosto de 2016

La tarde en que murieron los árboles

La tarde en que murieron los árboles

Erick Tomasino.


Cuando se anunciaron los trabajos de construcción de los nuevos edificios en la Facultad como parte de la remodelación producto de los XIX Juegos Centroamericanos y del Caribe de 2002, hubo mucha expectativa sobre la distribución de los nuevos espacios, pero también mucha crítica por la deforestación de buena parte del bosquecito.
El bosquecito era un maravilloso paisaje poblado de buena cantidad de árboles en los que predominaban inmensos palos de arrayán –entre otras especies- ubicado entre las aulas 2, 3, 11, 12 y la “canchita” de fútbol, que además cubría el viejo cafetín en el cual casi todas las tardes nos reuníamos a escuchar las guitarreadas, o donde se hacían las “peñas culturales” o en el cual muchos otros se juntaban para jugar con las interminables partidas de Yi-Gi-Oh! Puesto que la baraja no era bien vista.
Aquel sitio era el punto de encuentro privilegiado por su amplitud y porque al estar en medio de la vegetación se volvía la mejor alternativa para aguantar las tardes de calor. Eso hasta que iniciaron los trabajos…
Recuerdo que una tarde mientras estaba sentado ‘estudiando’ y tomando el infaltable café vespertino, el ruido de las motosierras invadía el entorno, ni la música de los altavoces ni los coros improvisados de quienes llegaban a compartir sus canciones podían contra la bulla de aquellos aparatos destructivos, la ‘modernización’ traía consigo la destrucción del paisaje y de la vida que aquel bosquecito nos ofrecía. Vi a mi alrededor y noté que no todas la personas tenían la misma preocupación que yo sentía –al menos en apariencia- así que me decidí a escribir algo en ese momento:


TARDE EN QUE MURIERON LOS ÁRBOLES

Se decía que iban a estar
pero nadie dijo van a estar
unos dijeron podrán quedarse
los más sumisos expresaron
deberán quedarse
Otros solo los vieron y callaron
otros se cayeron y no los vieron
otros vieron que se caían y no vieron
Después de todo nos dimos cuenta
que ya no estaban
en la lógica posición vertical
que poseían según la costumbre
Un par de ellos aplaudían
mientras muchos los lloraban
y cuando entre todos debatían
qué era lo mejor
nuestras sombras se seguían amando
bajo el ramaje
que aún quedaba con vida.

Inicio de los trabajos de desmantelamiento del cafetín y deforestación del bosquecito.


Días después, colocaron unas láminas e impidieron el paso. Con el tiempo, aquello dejó de ser el bosquecito y se convirtió en el edificio de usos múltiples que ahora alberga importantes oficinas administrativas de la Facultad. Con el tiempo se seguiría construyendo y no quedaría ni un una huella, ni un ramaje que atestiguara la convivencia de generaciones de estudiantes realizaron a la sombra de aquellos árboles hermosos.