Rutilio
Grande García nació el 5 de julio de 1928 en municipio de El
Paisnal, a unos 50 kilómetros al norte de la ciudad de San Salvador.
De
origen campesino, ingresó al noviciado de los jesuitas en 1945 y se
ordenó como Sacerdote en 1959; fue profesor en el seminario San José
de la Montaña en San Salvador y ejerció el sacerdocio por 5 años en
Aguilares, desde septiembre de 1972 hasta el 12 de marzo de 1977.
Además
de su labor como párroco el Padre Tilo, como educador promovió la
formación del pensamiento crítico y la organización social desde
su trabajo pastoral, animando el establecimiento de las Comunidades
Eclesiales de Base.En su
trabajo pedagógico usó el método de acción y reflexión conocido
como el “Ver, Juzgar, Actuar” muy difundido entre las Comunidades
de Base.
El
acompañamiento a las comunidades empobrecidas especialmente
campesinas, el trabajo de organización y concienciación y sus
denuncias contra las políticas de exclusión y represión que
ejercía el régimen militar en complicidad con la gran burguesía
criolla, fueron detonante para su asesinato.
El
12 de marzo de 1977 , en la calle que de Aguilares conduce a El
Paisnal, Rutilio Grande fue emboscado por escuadrones de la muerte,
siendo asesinado junto a dos de sus acompañantes, Manuel
Solórzano y Nelson Rutilio Lemus.De esa
forma se desataba la persecución contra la iglesia de los pobres, la
de personas humildes con anhelos de liberación.
La
profunda entrega de Rutilio Grande, ha inspirado a cantautores que
le han dedicado canciones como testimonio de su vida, algunas
de ellas son Corrido al Padre Grande de Jorge Palencia, El día 12 de marzo de Ovidio Aguilares, ¡Grande Aguilares! de Guillermo Cuéllar y Rutilio de Franklin Quezada.
Rutilio
Grande, Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus, fueron beatificados
por la Iglesia Católica el 22 de enero de 2022.
El
legado de Rutilio Grande es el del compromiso con la opción
preferencial por las personas empobrecidas; su concepción y método
pedagógico, nos da importantes lecciones para el trabajo con los
sectores populares para la concienciación, la organización y la
construcción de una sociedad justa aquí en la tierra.
El 20 de enero de 1979 como parte de la campaña “Haga patria, mate un cura”, elementos de la Guardia Nacional y grupos paramilitares invadieron la casa de retiros de El Despertar ubicada en la colonia San Antonio Abad de la ciudad de San Salvador, donde asesinaron a 5 personas, entre ellos el padre Octavio Ortíz Luna. Nacido el 22 de marzo de 1944 en el Cantón Agua Blanca de Cacaopera del departamento Morazán, Octavio Ortíz Luna fue ordenado como sacerdote por Mons. Oscar Arnulfo Romero el 9 de marzo de 1974 en la iglesia San Francisco de Mejicanos. El padre Octavio Ortíz desempeñó su labor pastoral en la Comunidad Cristiana de Zacamil y San Francisco de Mejicanos y también organizando las comunidades eclesiales de base, encarnando la figura del cura obrero.
Los otros mártires de El Despertar son: Jorge Gómez. De 22 años de edad. Estudiaba 2º año de Bachillerato académico en el Liceo Ruben Darío. Trabajaba como electricista en la Universidad de El Salvador. Roberto Orellana. De 15 años. Estudiaba 8º grado por la noche, en el Instituto Nacional Francisco Menéndez INFRAMEN. Ángel Morales. Tenía 22 años de edad y trabajaba como carpintero en San Salvador. David Caballero. Estudiaba 8º grado en la Escuela Miranda de San Antonio Abad. Era su primer encuentro y tenia 15 años.
Las autoridades gubernamentales trataron de justificar la acción como resultado de un enfrentamiento armado, lo cual fue inmediatamente desmentido por testigos. En memoria a los mártires de El Despertar, el cantautor Guillermo Cuéllar, compuso la canción Basta Ya. Interpretada junto con el grupo Yolocamba I Ta y publicada en 1985 en el álbum del mismo nombre. El tema también ha sido incluido en la recopilación del cancionero histórico de las comunidades eclesiales de base en el disco Los mejores ya partieron. En el ataque se supo que las Fuerzas militares utilizaron un tanque el cual pasó por encima de la cabeza del sacerdote, desfigurándole completamente el rostro. Este hecho fue muy impactante y por eso mismo monseñor Romero denunció en unas de sus Homilías el asesinato del párroco «Un asesinato que nos habla de Resurrección» -dijo-. Según el también sacerdote Pedro Declerq, la canción Señor ten piedad de la Misa Popular Salvadoreña, nos habla sobre el martirio de Octavio Ortíz. Cada año, las comunidades eclesiales de base, conmemoran a los mártires de El Despertar como una forma de recuperación del espíritu transformador y una manera de alentar el compromiso con la verdad y la justicia.
Ana María Castillo Rivas, “Eugenia”, nació en San Salvador el 7 de mayo de 1950. Inició estudios de Psicología en la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, UCA en 1970. Entre 1971 y 1973, milita en la Juventud de Estudiantes Católicos (JEC) y trabaja en Acción Católica Universitaria (ACUS).
En 1974, comienza a colaborar en la Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreños (FECCAS) desde la cual aporta a la construcción de la alianza con la Unión de Trabajadores del Campo (UTC) en la cual se crea la Federación de Trabajadores del Campo (FTC). Esta experiencia práctica, aunada a estudios del marxismo-leninismo, le impulsan a incorporarse, en febrero de 1975, a las Fuerzas Populares de Liberación (FPL). Después de la masacre estudiantil del 30 de julio, participa en la toma de catedral metropolitana en agosto de ese año y en la creación del Bloque Popular Revolucionario (BPR).
Como militante de las FPL, Eugenia asume responsabilidades político militares, trabaja en la construcción del partido revolucionario del cual pensaba: «Sin un Partido de la clase obrera, vertebrado sobre los principios del marxismo-leninismo y estrechamente vinculado a las masas populares, jamás podremos garantizar el triunfo de la Revolución Popular y la construcción al Socialismo» (Carta escrita en julio de 1980).
El 17 de enero de 1981, a pocos días de iniciada la ofensiva general por el FMLN, en un retén sobre la carretera de San Martín a Suchitoto, Eugenia fue ametrallada junto a tres compañeros más, identificados como Ernesto, Mauricio y Luis.
Eugenia, al momento de su muerte, era miembro del Concejo Revolucionario de las FPL y formaba parte del Estado Mayor del Frente Central Felipe Peña de esa organización, que hacía parte Frente Central Modesto Ramírez del FMLN.
El músico argentino-costarricense escribió una canción llamada Eugenia, publicada en el álbum Eugenia: Para que no caiga la esperanza (Pentagrama, México, 1983). El disco Eugenia, también incluye las canciones Así y Era Necesario Que Ustedes Cayeran (con base en poemas escritos por Javier, compañero de vida de Ana María).
El tema Eugenia también se publicó en el álbum Abril en Managua (fonomusic, 1984). La novela testimonial «No me agarran viva: La mujer salvadoreña en la lucha», de Claribel Alegría y D.J. Flakoll (UCA, 1987). se inspira en la vida de Eugenia.
Eugenia representa un ejemplo de la participación de la mujer salvadoreña en la lucha revolucionaria, es la unión entre ideal y compromiso en la construcción de una sociedad nueva. Ejemplo que queda retratado en esas canciones que nos ayudan a mantener viva su memoria.
El contexto socio político de El Salvador entre las décadas de los setenta y ochenta era de alta conflictividad. Con el auge de la lucha popular, aumentó la represión y el encarcelamiento de cientos de personas, pero también fue creciendo la resistencia de aquellos que se oponían a la dictadura militar y promulgaban un cambio.
Producto de la lucha organizada, con una huelga de hambre de los presos por motivos políticos, el 15 de septiembre de 1980 en el recinto del penal de Santa Tecla, nace el Comité de Presos Políticos de El Salvador (COPPES) con la consigna “Hagamos de la prisión una trinchera de la revolución”.
En esa huelga, el COPPES dio a conocer la plataforma reivindicativa al pueblo salvadoreño que contenía ocho puntos:
1] Libertad incondicional a los presos políticos. 2] Esclarecimiento de los desaparecidos políticos. 3] Permitir la entrada a la cárcel de organismos nacionales e internacionales como la Comisión de Derechos Humanos, periodistas. 4] Mejores condiciones de vida para todos los presos. 5] Derogación del Estado de Sitio. 6] Cese a la represión contra el pueblo. 7] Que los jueces militares lleguen al penal para investigar las acusaciones contra cada uno de los presos políticos. 8] No represalias contra los participantes en la huelga de hambre.
Aquella primera huelga duró entre 13 y 15 días…
Pronto, el COPPES llegó a conocerse como “El quinto frente” en relación a los cuatro frentes que la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional había posicionado en el territorio salvadoreño.
El COPPES fue formado por presos que militaban en alguna de las cinco organizaciones político militares que conformaron el FMLN. Como era norma en aquella época, la dirección “unitaria” del COPPES era integrada por un representante de cada una de esas organizaciones; la estructura operativa llegó a contar con comisiones de trabajo como las de alimentación, salud, asistencia social, disciplina, limpieza, de testimonios, de finanzas y de comunicación.
El trabajo del COPPES se extendió a otros recintos penales, Bernabé Reinos, uno de los fundadores del Comité señala que: «En 1981 abrieron el penal de Mariona. Ahí nació una sección de COPPES y también nació una en la Cárcel de Mujeres, donde ubicaron a las compañeras».
El trabajo de denuncia desde el interior de los penales era permanente, desde Mariona, por ejemplo, salían comunicados que describían la situación de violaciones a los derechos humanos las cárceles salvadoreñas.
La experiencia organizativa de los miembros del COPPES posibilitó que se alcanzaran mejoras en las condiciones carcelarias y de -alguna manera- hacer más llevadera la vida al interior de los centros penales sin por ello abandonar la militancia política realizando actos reivindicativos.
Así lo describe Bernabé: «Los domingos eran días de visita. Los convertimos en actos político culturales. Teníamos compañeros que eran músicos y tenían una escuela de música en el penal. Ellos eran los encargados de organizar esos actos dominicales».
Producto de aquel trabajo que incluía la expresión artística, uno de los presos políticos en Mariona compuso una canción llamada Coplas a Reagan. No se sabe bien como, pero aquel tema musical viajó a México y fue retomada por el Colectivo Cultural Guazapa, canción que fue incluida en el mini álbum (o EP) «Señor Reagan oiga usted», publicado por el sello Pentagrama en 1984. En ese disco, la canción fue acreditada en letra como Presos políticos de Mariona.
En este vídeo podés escuchar un trozo de la canción:
Mantener viva la memoria histórica es reconocer y aprender de aquellas experiencias. Es la búsqueda de verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición.
Valorar todas las expresiones de la lucha popular organizada en todos los ámbitos de la vida es una tarea necesaria...
El texto ha sido elaborado con base en el artículo de Elena Freedman: Presos políticos: “El quinto frente” 36 años después. Revista Envío. N° 413, Managua, agosto, 2016.
Nuevamérica
fue un grupo musical fundado por Francisco Hernández Quele, Ricardo
Chávez, Luis Ángel Alvarado “Chito” y María de la Paz Muñoz
“Pacita” en julio de 1984. Ese mismo año se integran a la
Asociación Salvadoreña de Trabajadores del Arte y la Cultura
[ASTAC].
Este grupo
vocal incluye en su instrumentación guitarras, bombo, percusiones menores, vientos y
por supuesto voces. Interpretan temas de autores de la nueva canción
latinoamericana y algunos de autoría original.
Más
adelante, al salir Francisco Hernández Quele, llega René Aguilar, quien después de unos
meses no pudo seguir; un poco después llegan de la parroquia San Francisco de
Asís de Mejicanos Oscar Fernández (vientos) y Lorena Santillana (que
hace voces y percusión) y también se incorpora la poeta Nora
Méndez de quien interpretan varias de sus composiciones musicales
como "Orígenes", "Salvador Ubau", entre otras.
Entre
las canciones más reconocidas de su repertorio estaban: Amiga (tema
original de Armando Munguía), El sombrero azul, El rio está
llamando, La fiesta de los animalitos, Josefina, No al rockanrolón.
El
grupo se presenta en actividades de los movimientos populares, en El
Salvador y Centroamérica, incluyendo varias actuaciones organizadas
en la Universidad de El Salvador.
Siendo
uno de los mayor actividad, lamentablemente el grupo no llega a
realizar ninguna grabación de sus canciones, los pocos registros que
existen son algunas tomas de vídeo realizadas por la Secretaría de
Comunicaciones de la Universidad de El Salvador.
El
grupo cierra su vida artística con su participación en el histórico
festival “Un canto por la paz con soberanía e independencia” de
abril de 1988, y aunque no fueron incluidos en el álbum Live
from El Salvador,
la icónica portada de ese álbum -que se publicó en 1991- muestra a
Lorena Santillana en una imagen del fotógrafo Steve Cagan.
Nuevamérica
fue uno de los grupos de la música popular salvadoreña de mayor
actividad, quedando en la memoria de quienes reafirmaron su
compromiso por la transformación social a través de las canciones
que interpretaban como expresión de su tiempo.
A mediados de la década de los 60s en El Salvador, se impulsaron importantes esfuerzos para organizar al campesinado. En 1965, aisladas asociaciones campesinas se unieron para formar la Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreños (FECCAS), una organización interesada en la distribución de la tierra, los salarios y las condiciones de vida en el campo.
Esta organización que nació bajo auspicio de la iglesia católica influenciada por la teología de la liberación, paulatinamente se fue radicalizando hasta lograr su autonomía y a finales de aquella década se planteó como programa la reforma agraria integral, la libertad sindical, la unidad de los trabajadores y las trabajadoras y el cooperativismo como complemento del sindicalismo.
Posteriormente, en los primeros años de los 70s gracias a la participación de estudiantes de la Universidad de El Salvador, muchos de ellos de procedencia campesina, se facilitó el surgimiento de la Unión de Trabajadores del Campo (UTC).
En un artículo de Alfonso Goitia y Ernesto Galdámez titulado “El movimiento campesino en El Salvador: evolución y lucha” se señala que:
«Aún y cuando en sus inicios estas organizaciones tuvieron derroteros independientes, su diario contacto con las bases campesinas, la similitud de las prácticas políticas observadas, la coincidencia de los objetivos perseguidos, la conciencia de trabajar con y para los mismos sectores populares y la afinidad ideológica de sus plataformas de luchas, las terminaron conduciendo a crear -en 1975- la Federación de Trabajadores del Campo (FTC). Este sería el bastión promedio del cual el movimiento campesino empezaría a decantar como una fuerza social revolucionaria de corte popular». (Goitia y Galdámez, 1993, p. 638).
La fortaleza de estas organizaciones se legitimaba en parte por el liderazgo carismático de sus dirigentes en el que sobresalía la figura de Apolinario Serrano “Polín”, trabajador agrícola y celebrador de la palabra que llegó a ser Secretario general de FECCAS y también de la FTC. El avance de la organización campesina junto al desarrollo del movimiento popular se materializó en el compromiso por la tansforamción de la sociedad construyendo poderosos instrumentos de lucha reivindicativa y política.
No obstante, el 29 de septiembre de 1979 “Polín” junto a otros tres dirigentes campesinos fueron emboscados y asesinados cerca de un retén militar frente al Cuartel de Caballería, en el kilómetro 27 de la carretera panamericana que de Santa Ana conduce a San Salvador, a la altura de San Juan Opico. Estos otros tres dirigentes eran: Patricia Puertas “Ticha”. Dirigente campesina y Secretaria de Relaciones de la Federación de Trabajadores del Campo-FTC. Félix García Grande, Secretario de Finanzas de dicha Federación a la cual llegó como dirigente de FECCAS y José Apolinario López Velázquez conocido como “Chepe López” quien era el Secretario de Conflictos.
Como una forma de recordar su legado, cada año las comunidades campesinas organizadas realizan actos conmemorativos, de forma particular en las comunidades de origen de los recordados dirigentes o en aquellos lugares que retomaron sus nombres para bautizar alguna población; además de ello, se cuenta con algunas composiciones musicales como una forma de tener presente el aporte de tan destacados dirigentes:
Una de ellas es el «Corrido a Polín Serrano, José López, Patricia Puertas y Félix García». Interpretada por Antonio Alas y María Alas. Del compositor y músico Paulino Espinoza, están las canciones: «Patricia Puertas, un día como hoy» en la voz principal de Claudia López y el «Corrido a Apolinario Serrano» interpretada por María Inés Ochoa.
La historia de la lucha popular salvadoreña está llena de innumerables ejemplos en los que los poderes dominantes han intentado acallar a quienes se rebelan; sin embargo, las aspiraciones y esfuerzos por construir un mundo más justo prevalecen y así nos lo afirman los actos y lugares de memoria y por supuesto las canciones que las cuentan.
A continuación un vídeo homenaje que incluye las canciones antes mencionadas:
Compuesta
por el cantautor Guillermo Cuéllar, la Misa Popular Salvadoreña
forma parte del corpus
de misas populares creadas en Centroamérica junto a la Misa Popular
Nicaragüense (1968) y la Misa Campesina (1975); de acuerdo a López
Vigil en el documento
«Misas
Centroamericanas. Transcripción y comentario teológico»:
«La
misa popular salvadoreña nace en medio del trabajo pastoral de las
comunidades de base de San Salvador, en los años [de] 1978 a 1980.
Sus cantos son producto del acompañamiento pastoral dado a las
[Comunidades Eclesiales de Base] de San Salvador, concretamente de la
parroquia Zacamil y de la parroquia de la Resurrección.
La
misa popular salvadoreña es fruto, en letra y música, de Guillermo
Cuéllar (Pikín) trabajando en colaboración en medio de estas
comunidades de base, con la asesoría teológica del P. Plazido
Erdozain».
(1988, p. 21).
Cronista
de la iglesia popular -en palabras del también músico Paulino
Espinoza- Guillermo
Cuéllar escribe a petición de Monseñor Romero un cántico al
Divino Salvador del Mundo para ser interpretado
en las festividades dedicadas al patrono católico de San Salvador. A
raíz de esa solicitud compone el tema «Gloria
al señor».
Monseñor Romero se refiere a él en su última homilía dominical
del 23 de marzo de 1980.
«Una
nota simpática, también, de nuestra vida diocesana: que un
compositor y poeta nos ha hecho un bonito himno para nuestro Divino
Salvador. Próximamente, lo iremos dando a conocer: ‘Vibran los
cantos explosivos de alegría, voy a reunirme con mi pueblo en
catedral, miles de voces nos unimos este día, para cantar en nuestra
fiesta patronal’. Y así siguen estrofas muy sentidas por el
pueblo. La última es muy bonita: ‘Pero los dioses del poder y del
dinero, se oponen a que haya transfiguración, por eso, ahora vos
sos, Señor, el primero, en levantar el brazo contra la opresión».
(Mons. Óscar Romero).
El
canto de Gloria es la composición principal de la Misa, el disco es
completado con canciones que Guillermo Cuéllar había compuesto
desde 1976 producto de su experiencia con las CEBs inspirado en las
enseñanzas del Padre Rutilio Grande a quien acompañó en su labor
pastoral y de Monseñor Oscar Romero con quien trabajó en el
Arzobispado de San Salvador.
La
Misa Popular Salvadoreña fue grabada en agosto de 1980 en México
con la participación del grupo Yolocamba I Ta y la Banda Tepehuani,
acompañado de la mexicana Cecilia Regalado y del escritor Luis
Melgar Brizuela; y gracias al apoyo de Monseñor Sergio Méndez
Arceo, obispo de Cuernavaca, reconocido impulsor e ideólogo de la
Teología de la Liberación y creador
de la Misa
Panamericana
(Galí, p. 178). La obra musical es reconocida como uno de los
principales documentos producidos por la teología de la liberación.
«La
misa popular salvadoreña es por tanto una de estas expresiones
poético-musicales que tiene la particularidad de reunir en su
contexto creativo compositivo, la doctrina teológica pastoral de dos
santos de la iglesia de América. Rutilio Grande y Mons. Oscar
Romero».
(Uribe Ulloa, 2021, p. 123).
Su
primera edición fue realizada en Colombia con un tiraje reducido y
distribuido para el movimiento de solidaridad cristiana entre
noviembre y diciembre de 1980, la Misa fue acreditada al grupo
Yolocamba I Ta. Luego le siguen varias publicaciones en varios países
como por ejemplo: Pläne, Alemania 1982; Solidaridad, Holanda, 1982;
Otra edición en Canadá en 1984; Suomen Kristillinen
Ylioppilasliitto, Finlandia, 1984; Prensa Vinga, Suecia, 1988; entre
otras. Sus ediciones más recientes que pueden encontrarse en
plataformas digitales son: «Misa
popular salvadoreña veinticinco aniversario»
grabada por el grupo Exceso de Equipaje (Musa, 2005).
Valga
mencionar que algunos sacerdotes de línea conservadora pretendieron
prohibir la Misa Campesina Salvadoreña, así como se había
solicitado la prohibición de la Misa Campesina Nicaragüense.
Pero esta se ha seguido cantando en los actos de la iglesia popular
que la ha hecho propia, pues:
«esta
misa salvadoreña es una pieza antológica de una teología y
espiritualidad enmarcadas dentro de una lectura histórica de la fe
cristiana, madura y bien elaborada, dentro del contexto de la lucha
popular liberadora… La misa fue y sigue siendo un instrumento
pedagógico y concientizador. Y sigue siendo hoy una pieza maestra de
la espiritualidad liberadora del pueblo salvadoreño». (Vigil, 1988,
p. 23).
La
Misa fue interpretada de forma completa por primera vez junto a otras
canciones dedicadas al Obispo Mártir en un concierto realizado en el
año 2018 con la participación de Guillermo Cuéllar, miembros
históricos de los grupos Yolocamba I Ta, Tepehuani, Cutumay Camones,
Güinama; así como también de Signo Azul, Son ¾, las Musas
Desconectadas y la Cayetana.
La
Misa Popular Salvadoreña es una obra musical de importancia
histórica que cuenta con múltiples ediciones y ha sido traducida a
varios idiomas. Su contenido pedagógico ha trascendido lo meramente
religioso y su aceptación se ha expandido a eventos ecuménicos,
tanto que sus canciones son interpretadas no solo en las misas sino
que también en aquellos actos organizados por el pueblo que ha
sabido recibir su mensaje esperanzador y liberador.
Misa Popular Salvadoreña
Canto
de entrada. Vamos todos al banquete
Señor,
ten piedad (dedicada a los mártires del Despertar, P. Octavio
Ortíz)
Gloria.
Gloria al Señor
Canto
interleccional. Nosotros pensamos que era la verdad
Ofertorio.
Todos te presentamos
Santo,
santo, santo. Santos horizonte
La
paz / Cordero (el destazado en la cruz)
Canto
de comunión. El banquete ya está listo
Canto
de meditación. Canto de Eclesiastés 3:3. Todas las cosas tienen su
tiempo (Paulino Espinoza)
Canto
de despedida. Cuando el pobre crea en el pobre
Fuentes
consultadas
Galí
Boadella, Montserrat. (2002). Música
para la teología de la liberación.
Anuario de Historia de la Iglesia, 11:
177-188. Servicio de Publicaciones de la
Universidad de Navarra.
Uribe Ulloa,
Héctor. (2021). Misa popular
salvadoreña: banquete y transfiguración.
En revista Anales de la teología de la Universidad Católica de la
Santísima Concepción. Volumen 23.1. Concepción. Pp. 109-132.
Vigil,
José María y Torrellas, Ángel. (1988). Misas
Centroamericanas. Transcripción y comentario teológico.
Managua: Centro
Ecuménico Antonio Valdivieso y Comunidades Eclesiales de Base de El
Salvador.
Al hacer memoria de lo vivido con una persona, más allá de seleccionar un acontecimiento también elegimos la dimensión de la que queremos dar cuenta a riesgo de ningunear la diversidad de sucesos y facetas que quedan fuera del relato. A Luis Borja suele recordárselo más por su oficio de poeta pues es común que la exclusividad del recuerdo se confiera a partir de aquel aspecto de la persona en la que más éxitos se ha obtenido, esto expresado en nombramientos o reconocimientos materiales. En el caso de Luis al acotarlo a la figura (o etiqueta) de poeta, se niega a la persona polifacética que era. Su imagen de un joven lleno de proyectos en la cabeza como herramientas en la mochila de un obrero o la del sombrero de un mago, representa el talento de Luis de convertir los sueños en realidades en distintos ámbitos de la vida. En todo caso y por esta vez, he querido hacer memoria del viaje de Luis Borja como editor.
Agarrando viaje... Este viaje inicia con la modestia de un joven y marginal poeta nacido un 21 de agosto de 1985 en Ahuachapán y formado como escritor en el Taller del Parque de esa ciudad que, entusiasmado y seguro de lo que escribe, decide dar a conocer sus textos. La falta de recursos y de contactos le obligan a realizar todo el proceso para presentar su primer poemario con los medios a la mano: desde la digitalización de los textos en algún cibercafé o en la computadora de algún amigo, a sacrificar los gastos asignados a otros rubros para imprimir la cantidad de ejemplares posibles y repartirlo entre sus allegados o a poetas consumados. Así hace su primera [auto]publicación con el libro al que llama «Letrosis», un folleto sencillo en su aspecto pero potente en su contenido. En su portada cuenta con una ilustración del también poeta y artista plástico Noé Lima. Corre el año 2009.
Tapa de la primera edición de Letrosis
Una gran fumada... Pasan algunos años y llega el 2013. Desde hace algún tiempo, casi cada fin de semana recibo la visita Luis, antes de prepararnos para ir a parrandear, lo sorprendo hurgando entre mis libros, lo observo palparlos, manipularlos con ambas manos, olerlos como quien intenta descubrir un secreto. Le presento algunos de mis textos, él me habla de los suyos, entre infinitos temas de conversación hablamos de literatura y de publicar nuestros trabajos. De la nada, como buen boxeador me lanza una de sus grandes fumadas (en sentido metafórico, claro está): crear nuestra propia editorial. Le tomo la palabra.
En el Barrio de la San Luis recién se ha abierto un nuevo espacio llamado Clandestino que propone una agenda con actividades artísticas, en una de esas me invitan para organizar una lectura de poesía. Se lo digo a Luis que por entonces es al único poeta que conozco y al que le tengo confianza y él a su vez invita a Noé Lima; entre los tres realizamos el 29 de mayo de 2013 el recital «Bajo la luz agónica: poemas de cantina». La gente de Clandestino nos ofrece imprimir alguno de nuestros poemarios, yo decido publicar una edición resumida de un trabajo llamado «Reverso del arcoíris» y Luis hace lo mismo con «Letrosis». El Clandestino imprime 20 ejemplares de cada uno que se reparte entre las personas asistentes. Esas serán las primeras publicaciones en físico que llevan un sello que dice THC Editores; sello que Luis viene pensando desde hace un tiempo para publicar un libro de relatos llamado «Tortugas fucsia».
El nombre de THC es una provocación, son las siglas de «Trabajos Honestos y de Calidad». Queremos producir libros con buena apariencia. Pensamos que es posible hacer publicaciones de calidad tanto en forma como en contenido y en una formato accesible en precio. Y en ese momento fundacional creemos que THC Editores debe ser una editorial independiente que busque promover la literatura de autores marginados por la industria editorial. «En ese sentido nace como una propuesta contrahegemónica y con la visión de compartir con todas y todos la cultura» nos decimos.
Esta onda ya va pegando... Ver nuestros trabajos en físico en una presentación aceptable y con la posibilidad de gestionar una publicación nos entusiasma tanto que decidimos formalizar nuestro proyecto editorial. En ese vacile nos encontramos cuando le pedimos recomendaciones a Berne Ayala y Leonel Ladino que tienen experiencia con la editorial Expedición Americana; también contamos con el apoyo incondicional de varias personas que nos asesoran y acompañan en aspectos técnicos y financieros. Decidimos publicar mi libro «La llaga desnuda» que ve la luz en marzo de 2014. A tropezones lo conseguimos sacar, nos faltaba encontrar gente dispuesta a adquirirlo.
En 2015 hacemos un análisis del panorama de las editoriales en El Salvador en el que concluimos: «Al igual que en el resto de la región, el panorama de las editoriales en El Salvador es copado por empresas editoras que dominan el ambiente, básicamente las provenientes de la gran industria de libros y quienes imponen el tipo de literatura para el consumo. Es así que se opta más por autores reconocidos a nivel mundial por encima de autores nacionales que no responden a [sus] criterios comerciales». (Proyecto y Plan de trabajo THC Editores, 2015). Realizando un mapeo de las editoriales salvadoreñas, identificamos que lo más destacado es lo que hacen la estatal Dirección de Publicaciones e Impresos (DPI) y también editoriales universitarias como las de la UCA, UTEC, UDB, por mencionar las que para ese tiempo tienen un trabajo más constante de publicación. Curiosamente en ese momento no mencionamos a la Editorial Universitaria de la UES.
Por otra parte –continua nuestra lectura– «las editoras independientes en El Salvador responden a los colectivos y/o individuos que buscan publicar y difundir la obra de autores que por una u otra razón no son publicados ni publicables por la industria y para posicionarse frente al monopolio, así como por el poco acceso que se tiene con las grandes editoras. Muchas de ellas por los escasos recursos con los que cuentan, se limitan a autores cuyo trabajo es conocido en los ambientes en que estos grupos se desenvuelven con limitadas posibilidades de expandirse; y también están las autopublicaciones, muchas de ellas elaboradas de forma artesanal o con poca calidad [respecto a los materiales empleados] debido a las carencias financieras de sus autores». (Proyecto THC Editores, 2015). Algunas editoriales que identificamos que consideramos como independientes y que vemos como afines son: Expedición Americana, Índole Editores, La Sorda Editorial, Editorial Del Gabo, La Fragua y Editorial Equizzero.
Primeros libros publicados como THC.
Pongámonos serios... Como THC Editores nos proponemos promover la literatura de autores marginados que no tienen cabida en la industria editorial de ese entonces. Conversamos con amistades que trabajan con editoriales independientes para conocer sus experiencias y decidimos contactarnos con algunos jóvenes escritores y otros que, teniendo trayectoria, no habían sido publicados. Algunos nos confían sus textos, muchos no nos toman en serio. En algún momento se nos ocurre hacer un encuentro con varias de esas editoriales independientes que de como resultado la creación de una Red que sirva de apoyo mutuo, para poder mejorar la calidad de las publicaciones, ampliar una red de intercambio y comercialización y buscar mecanismos para la reducción de costos de producción. No lo conseguimos.
En ese mismo plano consideramos la creación de una revista que divulgue el quehacer artístico y la producción académica tanto en el ámbito literario y cultural; se nos ocurre la creación de la «Revista Pacún. Cultura y Literatura Centroamericana» que sería algo así como el órgano de difusión del Proyecto de THC. Este objetivo tampoco lo concretamos aunque recibimos trabajos de varios noveles poetas que buscan una ventana para dar a conocer sus trabajos.
¿Qué trip…? Paralelo a esto, Luis continua sus estudios dedicando especial atención a los acontecimientos relacionados a la matanza de indígenas y campesinos de 1932, desarrollando su proceso como investigador social, publicando artículos y apoyando varios estudios que le permiten ejercitar un estilo más académico de escritura. Su interés por el 32 y sus impactos en la cultura salvadoreña se concreta en su tesis de grado: «Configuración de la identidad salvadoreña por medio de la literatura, como parte de las políticas centrales del martinato» (UES, 2013); estudio que le sirve como base para su ulterior poemario Umit, con el que ganará la VI edición del prestigioso Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador en 2019. Algunos de sus artículos y relatos los publica en sus blogs «Iguanas y Rock» y «Apuntes: el otro blog de Luis Borja». Ahí siguen.
En 2014 Borja gana el Accésit del XXIV Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma con su obra «El Disparo. Cuentos del Barr(i)o», publicado ese mismo año por la editorial Visor. Esto es un impulso enorme en su carrera literaria, abriéndole muchas puertas al ser considerado como un poeta “serio” y “laureado”. En el caso de THC, este deja de ser un experimento y una excusa para autopublicarnos y adquiere cierto interés ya no solo para escritores marginales.
Obtener un reconocimiento internacional representa tensiones para Luis al cuestionarse si eso es la cúspide de su carrera y si todo lo que viene después vale la pena, tensión que resuelve de cuatro maneras: 1) Seguir apostando a la autopublicación, por ello saca como THC los poemarios «Mi hombro es una lágrima» en 2016 y «Un labial para las muertas» en 2017; 2) Participar en certámenes internacionales que incluyan como premio la publicación de la obra, porque como bien coincidimos, lo que queda de un escritor es su obra puesta a disposición del público. En 2019 con «Umit» obtiene el premio internacional ya mencionado; 3) Cediendo sus textos a revistas y editoriales independientes que le son afines y 4) Continuar con la promoción de otros poetas a los que considera marginales. Esto hace que se invite a poetas amigos para publicar en 2016 una antología que se llamará «Subterránea Palabra» en la que él mismo no se incluye pero en la que escribe un ensayo a manera de prólogo que manifiesta su lectura del panorama de la poesía salvadoreña de ese momento.
Así salen unos cuantos trabajos más, propios y de otros escritores, tratando de hacerlo mejor en cada libro. Con todo ello y compaginando su oficio como poeta, otro de los objetivos de Luis es la publicación de un texto académico, algo que tiene reservado una vez termine sus estudios de maestría. También inicia por trabajar un libro sobre el testimonio de la militancia política de un veterano del ERP. Mientras afina su siguiente libro que publicaría con nuestro sello editorial titulado «Fosa séptica» y que tiene como eje temático las personas desaparecidas en El Salvador. Desafortunadamente ese trabajo y otros tantos quedan inéditos. «La sonrisa de la jícara. Ensayos sobre la pandemia» del Dr. Rafael Lara Martínez, es el último libro que THC Editores publica bajo la dirección de Luis Borja.
Algunas publicaciones de THC Editores.
Al final de este viaje... Este sello editorial que fundamos en 2013 contribuye para que Luis desarrolle una relación en distintas dimensiones con los libros: del lector acucioso y escritor potente a la de editor riguroso; experiencia que le será útil para su nombramiento como director de la Editorial Universitaria en la Universidad de El Salvador a finales de 2019, trabajo al que se dedica de lleno y con el compromiso y entusiasmo que lo caracteriza.
La pandemia de Covid-19 frena muchas de sus iniciativas no así su actividad creadora pues en plena pandemia propone el proyecto audiovisual #poesíacontraelagobio del cual dice: «surge de la necesidad de entablar un diálogo en estos momentos de crisis, encierro y agobio, con autores salvadoreños que, a través de su discurso poético, han planteado distintas rutas para comprender el mundo. Es un proyecto abierto para todo el mundo (sic) que quiera participar y proponer y visibilizar la poesía salvadoreña que nos cobija en estos tiempos». Así Luis no deja de construir sueños y hacernos cómplices de ellos a varias personas, pero la noche del 3 de marzo de 2021 nos sorprende la noticia de su fallecimiento, su viaje personal ha tomado un giro inesperado y por mucho tiempo difícil de asimilar, sus múltiples e interminables proyectos se van con él en su mochila cargada de ideas. Sin la presencia física de Luis, se acaba entre muchísimas otras cosas el viaje como THC Editores, pero el recuerdo queda plasmado en cada uno de los trabajos que publicamos gracias a su ímpetu y entusiasmo.
… Otra calada Gracias a la familia de Borja, a finales de 2022 pude tener acceso a una carpeta con toda la obra literaria de Luis. Después de un proceso de revisión y ordenamiento, en 2023 la Editorial Universitaria de la Universidad de El Salvador publicó el título «Luis Borja Obra Completa» aunque en esa edición sólo aparecen los poemarios anteriormente publicados. Seis poemarios más y dos libros de relatos se mantienen inéditos, así como una serie de artículos diseminados en revistas y blogs que haría falta organizar para completar su obra escrita. Ese ya sería otro viaje.
Virginia
Peña Mendoza nace en San Salvador el 8 de agosto de 1952. Desde
joven mostró sensibilidad para la poesía, la danza y la música,
convirtiéndose en fundadora del grupo musical Mahucutah. Estudió
licenciatura en Física en la Universidad de El Salvador,
destacándose como dirigente del movimiento estudiantil, además de
estudiar interpretación en la escuela de música del Centro Nacional
de Artes donde aprende a tocar varios instrumentos.
Perteneciente
a una familia de capas medias, hija de un militar de corte
progresista y hermana de luchadores revolucionarios, Virginia
desarrollará sus inquietudes rebeldes que le llevarán a la
elaboración artística y a la militancia política en el contexto de
los procesos de liberación y de la nueva canción latinoamericana.
Con
Mahucutah crea varias canciones, algunas de ellas como “Pelea” y
“Cargamento” son incluidas en una grabación producida por DICESA
en 1976. Con este grupo realizan varias presentaciones en festivales,
actividades gremiales, de los movimientos populares y también en la
Televisión Educativa de El Salvador-TVE. La presentación en
televisión abierta fue grabada; sin embargo, esos
archivos serán “desaparecidos” cuando se desata el conflicto
armado salvadoreño a inicios de los 80.
En
una reseña biográfica compartida en el sitio ResumenLatinoamericano se destaca de Virginia:
En
1972 se convierte en militante del Ejército Revolucionario del
Pueblo ERP, realizando tareas clandestinas de apoyo a la naciente
guerrilla. En 1974 viaja a La Habana, donde estudia durante un año
marxismo y economía política. Regresa a El Salvador y decide
incorporarse en la filas de Las Fuerzas Populares de Liberación FPL,
convirtiéndose en la compañera “Susana”.
A
finales de 1975, después de la caída en combate de su hermano, el
comandante Felipe Peña Mendoza, “Chana” pasa a la total
clandestinidad y asume la dirección del movimiento campesino,
destacándose como responsable y pionera de toda una generación de
cuadros que impulsaron y generalizaron la lucha popular y combativa.
Pasa a formar parte de la Comisión Nacional de Masas de las FPL y
ahí continúa su trabajo revolucionario.
En
1983 se incorpora al Estado Mayor Apolinario Serrano de las FPL en
Chalatenango, funda la brigada Felipe Peña Mendoza y se destaca como
dirigente guerrillera. En los frentes de guerra sigue escribiendo
poemas e interpretando canciones dedicadas a la lucha del pueblo
salvadoreño.
Virginia
Peña Mendoza, la Comandante “Susana” o “Chana”, cae en
combate junto a otros combatientes el 12 de julio de 1986.
Fuente:
El
Salvador. Memoria: El 12 de julio de 1986 caían en desigual combate
la comandante Chana y otros guerrilleros del FMLN: