lunes, 7 de noviembre de 2022

Cantata de puentes entre la violencia y la esperanza

 


Cantata de puentes entre la violencia y la esperanza


Erick Tomasino. 10/03/2022.

Preludio

La canción, desde la perspectiva hegemónica, tiene la función de reproducir las ideas dominantes sobre las distintas dimensiones de la vida en cada época como forma de dominación cultural. En cambio, la canción desde la concepción de los sectores subalternos, es una expresión que acompaña los procesos de reivindicación, denuncia las situaciones de injusticia y orienta a imaginar nuevas formas de relaciones humanas. La confrontación entre ambos enfoques se suscribe a la dimensión de la lucha ideológica.

Tomando en cuenta que la creación de estos mensajes es realizado por sujetos con aspiraciones, intereses y posturas políticas, la canción popular de protesta es en cierto modo, un espacio para la militancia socio-política, tanto de quienes las crean como las agrupaciones que las ejecutan siendo acordes a los momentos en los que surgen y, en América Latina, ha sido una forma de manifestación frente a contextos de violencia socio-política.

Esa es precisamente la tesis central de la publicación de Scruggs titulada:Música y el legado de la violencia a finales del siglo XX en Centro América”, que enfatiza la relación entre el canto popular y la situación de violencia experimentada en los países centroamericanos entre la década del 70 al 90 del siglo pasado, por lo que esta comunicación tiene como objetivo realizar un comentario crítico a ese trabajo.

Motivo

Latinoamérica en su conjunto, evidenció un período de auge revolucionario a partir los años 60 inspirado por el triunfo de la Revolución Cubana, en el que surgieron o se fortalecieron importantes movimientos que tenían como objetivo luchar contra regímenes autoritarios y por generar condiciones para la transformación social. En el caso centroamericano, este período tuvo manifestación entre los 70 y 90, con mayor repercusión en Guatemala, El Salvador y Nicaragua bajo la concepción de procesos de liberación nacional contra las dictaduras (Almeida y Urbizagástegui, 1999).

Es este el contexto en el que Scruggs ubica su análisis y al que denomina de “período de violencia”, donde producto de ello, surgieron también importantes productos culturales incluida la canción popular como manifestación de los conflictos políticos en la región.

Scruggs parte de sus conocimientos como etnomusicólogo complementado sus apreciaciones con su experiencia personal viviendo en la región en los años 80; para su estudio retoma una variedad de canciones centrándose en la relación contexto-producto cultural / violencia-canción. La canción, en estos casos, tuvo el rol de fortalecer la conciencia política de amplios grupos poblacionales, describiendo las problemáticas existentes, manifestando mensajes de esperanza por los cambios y procurando la movilización popular para alcanzarlos o como él lo expresa, la canción tenía como función “motivar e inspirar a la audiencia a la que se dirigía, para contribuir a que lo aparentemente imposible pareciera posible”.

Por otra parte, en este período de violencia, también es evidente la relación existente entre la movilización revolucionaria con una nueva expresión del canto popular que buscaba beber de las raíces de la cultura popular, con un lenguaje acorde a los tiempos que se vivían, tal como lo señala: “Casi todas las narraciones de esta época mencionan la posición fundamental que tuvo la música al transmitir mensajes políticos y sociales bajo condiciones de tiempos de guerra, y con el fin de ayudar al proceso de movilización ideológica y física inmediata de la población”. De tal manera que se puede aseverar que los cantores también eran militantes orgánicos comprometidos con esa causa, muy en sintonía con todo el movimiento de cultura popular latinoamericano.

Como contrapunto a la definición del período como de violencia, parece que esa manera de nombrarlo deja por fuera que para los sectores populares comprometidos con la lucha por un proyecto político liberador, también fue una etapa esperanzadora, por lo tanto de construcción utópica, en el que la violencia [revolucionaria] fue necesaria pero no fue solo eso.

Por otro lado, siguiendo su línea de ideas, Scruggs define como “post-violento”, al período posterior a los conflictos armados, que para estos países no resultaron propiamente ajenos a nuevas formas de violencia, si entendemos por violencia el uso de la fuerza contra el derecho de otra persona (Martín-Baró, 1997), por lo que post-violento no sería acertado. Los cambios estructurales con la imposición de la doctrina neoliberal significó un mayor retroceso en las condiciones de vida de amplios grupos poblacionales que se vieron más empobrecidos. Esta observación es reconocida por el mismo Scruggs al cuestionarse sobre el período de los 90 (post-violencia): “Aunque no haya disparos, ¿no es esa también una forma de violencia social?”. Y siendo un nuevo período, parecería que el canto popular también sufrió modificaciones frente a un contexto desesperanzador y en apariencia los motivos del canto dejaron de existir.

Por lo anterior se puede afirmar que la canción popular de protesta es producto y al mismo tiempo estuvo reforzada por el contexto en el que surgió, que ayudó a la movilización de toda una generación oyente que fue al mismo tiempo militante con esperanza de una causa liberadora.

Coda

El trabajo de Scruggs es importante en tanto evidencia que a través del canto popular se pueden comprender los contextos en los que surgen, pues es “la música entendida como comunicación humana y como construcción cultural que tiende en última instancia a beber del manantial del optimismo del espíritu humano” también es puente que denuncia lo establecido y anuncia lo que está por construirse. Si la canción tiene una función social y un posicionamiento político, es pertinente plantearse ¿Qué hay en la actualidad que cumpla esa función en las luchas de ahora? Será necesario entonces construir nuevos puentes sobre los cimientos del pasado.

Referencias bibliográficas

Almeida, Paul y Urbizagástegui, Rubén. (1999). Cutumay Camones. La música popular en el movimiento de liberación nacional en El Salvador. Red Latinoamericana de Historia Oral. Artículo original en inglés publicado como “Cutumay Camones: Popular music in El Salvador’s National Liberation Movement”, Latin American Perspectives 26:2, 1999, 13-42. Disponible en: https://www.academia.edu/1365424/CUTUMAY_CAMONES_LA_M%C3%9ASICA_POPULAR_EN_EL_MOVIMIENTO_DE_LIBERACI%C3%93N_NACIONAL_DE_EL_SALVADOR

Martín-Baró, Ignacio. (1997). Acción e Ideología. Psicología social desde Centroamérica (I). San Salvador: UCA.

Scruggs, T.M. (2006). Música y el legado de la violencia a finales del siglo XX en Centro América. Trans, revista transnacional de música. N 10. Disponible en https://www.sibetrans.com/trans/article/144/musica-y-el-legado-de-la-violencia-a-finales-del-siglo-xx-en-centro-america

sábado, 22 de enero de 2022

22 de enero de 1932 en la música


Por: Erick Tomasino.

El 22 de enero de 1932, inicia el levantamiento indígena y campesino. La crisis mundial de finales de la década de los 20 y comienzos de los 30 provocaría un derrumbe de los precios de los productos de exportación salvadoreños, principalmente el café que se cultivaba en forma intensiva en la región occidental, de modo que los campesinos vivían en una situación de miseria insoportable motivó a miles de trabajadores indígenas y campesinos a un levantamiento contra la dictadura y la oligarquía.

El historiador Héctor Lindo, en su artículo "Políticas de la memoria: el levantamiento de 1932 en El Salvador" narra así los hechos: 

"El 21 de enero los periódicos anunciaban que el gobierno había abortado un complot comunista en la capital y declarado estado de sitio en seis  departamentos. Alrededor de la medianoche, entre el 22 y el 23 de enero, las fuerzas rebeldes atacaron comunidades en el oeste del país: Tacuba, Ahuachapán, Juayúa/Salcoatitán/Nahuizalco, Izalco, Sonsonate/Sonzacate, y Colón. Atacaron primero sitios estratégicos y las principales edificaciones que representaban el poder del estado: cuarteles de policía, oficinas de telégrafos, oficinas municipales. También asaltaron casas de terratenientes y saquearon comercios locales. Los rebeldes descargaron su ira contra miembros de los grupos de poder: alcaldes, cafetaleros, comerciantes, y comandantes militares...

La respuesta del gobierno fue rápida e implacable. En cosa de tres días las tropas del ejército, capaz de oponer sus ametralladoras al improvisado y escaso armamento rebelde, habían recuperado el control de todas las localidades que habían tomado los alzados en armas, y empezó una represión de proporciones sin precedentes. Con la ayuda de las “Guardias Cívicas”, grupos de jóvenes civiles armados que se organizaron rápidamente en los primeros días del alzamiento, las tropas gubernamentales iniciaron la eliminación sistemática de miles de personas, en su mayor parte indígenas y campesinos, que parecían sospechosas de haber participado en el alzamiento o de ser simpatizantes. Dependiendo de quién haga el cálculo, la cifra de víctimas de la represión oscila entre 5.000 y 35.000". (Lindo, 2004, p. 291).

Este acontecimiento que marcó la vida del país y considerado uno de los mayores levantamientos populares en América Latina, ha sido abordado desde diferentes expresiones artísticas. En relación a la música, se presenta una muestra de ello. 

Yolocamba I Ta: Homenaje a los héroes de 1932

Escrita por Paulino Espinoza e interpretada por el grupo Yolocamba I Ta. Originalmente llamada "A los caídos de 1932" en el disco El Salvador: su canto, su lucha, su victoria, amaneciendo. (Peñón Records, 1980) y como "Homenaje a los héroes de 1932" en el álbum Vamos Muchachos - Canción A El Salvador. (Alemania, pläne, 1981).


Luis López y el grupo Anastacio Aquino: Todos

Versión muscalizada del poema "Todos" de Roque Dalton. Aparece en Álbum ¡Con la unidad hacia la victoria El Salvador vencerá! (1980). Lea más sobre este tema (aquí).


Mahucutah: Cantata de luz y lucha

Colaboración entre el poeta Heriberto Montano y el compositor Luis Herodier, se llevó a cabo, a  finales de los años 70s, la Cantata de Luz y Lucha o Cantata sobre 30 mil cadáveres. Grabada en los estudios de Radio Moscú, en 1980 y posteriormente prensada en un disco de acetato de 33 RPM, en  la República Democrática Alemana. Para conocer más sobre el grupo Mahucutah y el álbum Cantata de luz y lucha puede hacer clic (aquí).


Adrián Goizueta: Farabundo Martí

Parte de la banda sonora de la película "El Salvador, el pueblo vencerá" (Fondo Musical Latinoamericano, 1981) escrita por el compositor argentino-costarricense, el álbum contiene el tema Farabundo Martí. (Lea más sobre este tema).


La Cosa Encantada: Cuscatlán 

Con letra de Sebas Sol y música de Ramón Portillo, el grupo La Cosa Encantada dedica su tema Cuscatlán a los acontecimientos de 1932.  Grabado en directo (Estudios DVK, 2016).


Indezoquixtia: Todos

Adaptación del poema de Roque Dalton "Todos", la canción titulada “Medio muertos” fue grabada en el año 2016 y forma parte del álbum compartido junto a la banda Aeon Veil titulado Yei (Nocturnal Entretaiment Productions, 2016).


Indezoquixtia: Doce Muerte

Del disco Autóctono, Indezoquixtia presenta "Doce Muerte" con la siguiente descripción: "El calendario indicaban un 22 de enero de 1932 pero el calendario indígena marcaba doce muerte, así mismo ese día hacia erupción el volcán de Izalco marcando la fecha de una de las insurrecciones más sangrientas de América latina". Música: Antonio Morán y letra: Daniel Córdova y Saúl Audon.





Como en otras publicaciones, si conocen de algún otro tema relacionado al Levantamiento de enero de 1932, escríbanme en los comentarios para incluirlo al listado. O a mi cuenta en twitter

Texto citado: Lindo Fuentes, Héctor. (2004). Políticas de la memoria: el levantamiento de 1932 en El Salvador. Revista Historia Nº 49-50, enero-diciembre, pp. 287-316.


viernes, 21 de enero de 2022

Canciones dedicadas a Rutilio Grande


El 22 de enero de 2022, será recordado como la fecha de beatificación del Padre Rutilio Grande quien fue asesinado el 12 de marzo de 1977 por los escuadrones de la muerte junto a los laicos Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus; junto a ellos también será beatificado del Padre Cosme Spessotto quien fue asesinado el 14 de junio de 1980 mientras se encontraba arrodillado en un banco de una iglesia y dos personas, usando pelucas que ocultaban su identidad, entraron y le dispararon con una ametralladora.

El Padre "Tilo"Grande nació en el municipio de El Paisnal el 5 de junio de 1928 y desde 1972 era párroco de Aguilares. Allí fue uno de los jesuitas responsables de establecer las Comunidades Eclesiales de Base (CEB) y de entrenar a los líderes, llamados "Delegados de la Palabra".3​ Este movimiento de organización campesina encontró oposición entre los terratenientes, que lo veían como una amenaza a su poder, y también entre sacerdotes conservadores quienes temían que la Iglesia católica llegara a ser controlada por fuerzas políticas izquierdistas. (Wikipedia).

Su compromiso con la "opción preferencial por los pobres" lo convirtió en un importante educador popular quien frente a la represión que se vivía en aquella época y las precarias condiciones en las que vivían, de forma particular la población campesina, llamaba a la población a "defenderse en racimo, en comunidad".

Por ello, su ejemplar vida, ha inspirado a cantatutores quienes le han dedicado canciones, como algunas que se presentan a continuación: 

El día 12 de marzo. Autor: Ovidio Aguilares



¡Grande Aguilares! Autor: Guillermo Cuéllar




Corrido al Padre Grande. Autor: Jorge Palencia


Rutilio. Autor: Franklin Quezada


Nota: Sobre la canción "El Corrido al Padre Grande" narra Guillermo Cuéllar: es una canción escrita por Jorge Palencia inmediatamente después del asesinato de la gente de la iglesia en Aguilares. El cantautor salvadoreño la grabó en los estudios de la emisora católica (YSAX). Guillermo Cuéllar (Piquín) la dio a conocer en su programa «¡Qué pasa en el mundo!», uno de los programas radiales más populares que difundía los grandes éxitos de la Nueva Canción Latinoamericana y las creaciones de los cantantes-intérpretes salvadoreños emergentes a finales de los años 70.

Si conocen otras canciones inspiradas en el Padre Grande, pueden escribirme para incluirla en esta publicación

martes, 18 de enero de 2022

Los Norteñitos de Chalatenango

Los Norteñitos de Chalatenango 


“El ejemplo de Los Norteñitos es el cantar luchando”

-Espectación López Ventura-

Por: Erick Tomasino.

Los Norteñitos es un grupo de música popular originario del cantón Los Prados, municipio de la Laguna, en el departamento de Chalatenango, en las cercanías de La Montañona, lugar donde se desarrolló en la década de los 80 uno de los frentes guerrilleros más combativos del FMLN en el conflicto armado.

Pertenecientes originalmente al coro de la iglesia católica de la localidad, cinco de sus integrantes crearían este grupo: Armides López, Antolín López Ventura, Espectación López Ventura y Demesio, este último sería asesinado por los escuadrones de la muerte. Aquel núcleo participa en actividades que la iglesia realiza en las comunidades vecinas. La primera presentación fuera del territorio de la Montañona, la realizan todavía como coro de la iglesia en 1986 en un festival por la canción campesina en la UCA junto a otros dieciocho grupos en el que ganaron el primer lugar. La canción que interpretaron fue “Levántate campesino”.

Previo al paso a constituirse como Los Norteñitos, el antecedente inmediato es el grupo Los Rancheritos de Los Prados, agrupación que se presentaba en las comunidades vecinas para amenizar celebraciones de bodas, cumpleaños y actos de la iglesia católica. Posteriormente adoptarán el nombre de Norteñitos. En algún momento discutieron si denominarse como Los Norteñitos de La Laguna, pero prefirieron lo de Chalatenango para no dar el nombre exacto de la comunidad de la que provenían, por lo que finalmente decidieron llamarse Los Norteñitos de Chalatenango con el cual serán reconocidos.

En una entrevista realizada a Armides López en 1995, este músico cuenta:

El grupo musical Los Norteñitos de Chalatenango nació en 1988, en lo fuerte de la guerra. Es un grupo que estuvo dando composiciones clandestinamente, porque en ese tiempo no podías lanzar una canción ni podías cantarla en público, por que te daban jaque los escuadrones de la muerte. Mi trabajo era estar compositando (componiendo) canciones clandestinamente, ensayando en una casa sola que se supiera que no andaba el ejército por ahí en ese momento. Los compañeros entrenaban y yo les enviaba algunas letras. Así empezamos a compositar más música a la situación de este pueblo, a los avances, a la victoria y en contra de los planes del gobierno. (López Casanova, ITESO, 1995, p. 96).

Los miembros de este grupo fueron apoyados por la Asociación Nacional de Trabajadores Agropecuarios (ANTA) quienes les facilitaron sus primeros instrumentos. Es por esta relación que se incorporan al Bloque Popular Revolucionario (BPR) y también a las milicias de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL) organización miembro del FMLN. Tenían como tareas entregar propaganda en las comunidades aledañas del municipio y amenizar las reuniones que se hacían pese a la amenaza que implicaba la presencia de los escuadrones. En ese contexto compusieron sus canciones:

La primera canción que nosotros lanzamos fue ' 'Levántate campesino", que es una canción compositada allá en el lugar donde yo vivo, dedicada a los campesinos, y que tuvo mucho éxito. Con esta canción fue nuestra primera participación. Después empezamos con "El corrido del avión", un avión C-47 que fue derribado en el cantón San José, allá en Chalatenango. Luego vinieron las canciones de "D'Aubuisson", "LaTandona", etcétera. (López Casanova, ITESO, 1995, p. 97).

Al igual que muchos grupos de origen campesino, su música estará fuertemente influenciada por el corrido* mexicano, predominando la concertina como principal instrumento junto a las guitarras y las percusiones y en cuyas letras narran acontecimientos importantes como la situación de las poblaciones rurales y triunfos de las batallas guerrilleras.

El grupo acompañará las actividades de celebración en la zona controlada por el FMLN en Chalate y no será hasta la firma de los Acuerdos de Paz que tendrán mayor proyección a nivel nacional. Una presentación memorable será durante la celebración de la firma de los Acuerdos de Paz en enero de 1992 en la céntrica Plaza Barrios en San Salvador y que por breves segundos se puede apreciar en el documental “El amor más común” producido por ASTAC.


Este grupo seguiría después de los Acuerdos de Paz, incluso con mayor proyección pues participan en actividades a nivel nacional acompañando actividades del FMLN y del movimiento popular.

El grupo original se separa, algunos migran hacia los EEUU. Armides, miembro original y principal compositor sigue con el grupo incorporando a nuevos miembros manteniendo vivo uno de los grupos históricos que aún con su incondicional compromiso con el proyecto revolucionario no tuvo la promoción ni el apoyo debido.

Como muchas otras agrupaciones de este período, no hay una grabación profesional de su música de aquella época ni posterior; sin embargo, en la actualidad se pueden escuchar algunas de sus canciones en su canal de youtube o de grabaciones de interpretaciones en vivo más recientes:

Levántate campesino

El corrido del avión

El brincamontes

Cumbia al mayor D'Aubuisson

Árboles de la barranca

Un indio quiere llorar

La cumbia del viajero

La cruz de chaparro

El carrito azul

Referencias

López Casanova, Alfredo. (1995). Armides López. La lucha desde la música. En “El Salvador: por el camino de la paz y la esperanza”. Jalisco: ITESO.

López, Osmín Los Norteñitos, aportando desde la música al proceso revolucionario en El Salvador.

Martell, Roxana y Marroquín, Amparo. (2007).  Crónica de fronteras: la música popular y la construcción de la identidad salvadoreña migrante. Revista virtual Istmo. Disponible en http://istmo.denison.edu/n14/articulos/cronica.html  

 


Nota:

A propósito “Los corridos han tratado temáticas muy diversas. El tema de lo verdadero, lo extraordinario y al mismo tiempo lo clandestino son quizás los que destacan siempre presentes. Estos elementos muy propios de la cultura popular oral, se vislumbran en un tejido donde lo prohibido se mezcla con la moraleja, con el doble sentido y la burla; y donde aparece una exaltación de personajes que la historia oficial no recoge. Tal y como lo señala Benjamin en su “narrador”, el corrido es una crónica colectiva. Lo individual se pierde en lo comunitario, se rescata y se visibiliza la subjetividad desde la experiencia colectiva. Los corridos utilizan la puesta en escena como un recurso estético, la musicalidad de la rima. La brevedad y la rapidez. (Martell y Marroquín, 2007).