Silvia Maribel Arriola fue una enfermera y religiosa salvadoreña, recordada como la primera mártir de la justicia y del pueblo en el contexto del conflicto armado salvadoreño.
Nació el 20 de marzo de 1951 en Santa Ana. A la edad de 15 años descubre su vocación religiosa e ingresa a la Congregación de Hermanas Guadalupanas con las que permaneció ocho años. Durante ese tiempo estudió enfermería en México, trabajando con personas empobrecidas.
Más tarde se vinculó a las Comunidades Eclesiales de Base en zonas marginales de San Salvador y se integró a la experiencia de la “Pequeña Comunidad” de Tutunichapa, una forma de vida religiosa cercana a las luchas populares, asimilando la mística y el espíritu de vida comunitario.
Silvia se caracterizó por su cercanía a las mayorías empobrecidas, conocida como “la mujer de la sonrisa” por su alegría y su compromiso pastoral con jóvenes y comunidades populares.
También colaboró un tiempo en tareas de secretaría con monseñor Óscar Romero, combinando este servicio con la animación de comunidades de base en barrios periféricos.
Por coherencia con su opción de fe y su compromiso con los pobres, en el marco de la Ofensiva General lanzada por el FMLN el 10 de enero de 1981, decidió incorporarse como enfermera al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), en el Frente Occidental “Feliciano Ama”, atendiendo a personas enfermas y heridas en un campamento.
El país vivía una escalada de violencia y represión estatal contra la organización popular y la insurgencia, y la presencia de personal religioso y sanitario en campamentos guerrilleros era vista como apoyo directo a la subversión.
El 17 de enero de 1981, a sus 30 años un grupo del ERP, sin experiencia en combate y exmilitares sublevados, son sorprendidos por el ejército salvadoreño en el cantón Cutumay Camones del municipio de Santa Ana. Silvia junto a otros compañeros, enfermeras y médicos -97 personas en total- fueron asesinadas.
De aquella Masacre, el grupo Cutumay Camones reivindicó el nombre el cual es una manera de hacer homenaje a las personas caídos en batalla.
El cantautor Guillermo Cuéllar compuso el tema “A Silvia, los mejores ya partieron”, publicado por primera vez por el grupo Yolocamba I Ta en el álbum Canto a la Patria Revolucionaria (Pentagrama, México 1981 – reeditado por Polupoepka, Países Bajos, 1982). La canción fue nuevamente grabada por el propio Guillermo e incluida en su álbum “Los mejores ya partieron” (Musa, 2019).
Silvia Maribel Arriola, Primera monja guerrillera del martirologio latinoamericano, es reconocida como la primera religiosa mártir en un frente de combate en El Salvador, testimonio de una fe vivida hasta las últimas consecuencias. Su vida quedó grabada en la memoria de las comunidades como símbolo de entrega y de fidelidad al pueblo.
Fuentes consultadas
Dussel, Enrique. (1983). El pueblo de El Salvador: un Job comunitario. Concilium. Revista Internacional de Teología. Separata del N° 189.
Adrián Goizueta, solidario con el pueblo salvadoreño
El lunes 5 de enero (2026) nos
enteramos del fallecimiento del cantautor argentino-costarricense
Adrián Goizueta, uno de los representantes de la nueva canción
latinoamericana y uno de los músicos más solidarios con la lucha
del pueblo salvadoreño.
Adrián Goizueta Ramos. Músico,
compositor, arreglista, cantautor., artista multifacético. Nació en
el Barrio de San Telmo en Buenos Aires, Argentina en1951. Debido a la
represión de la dictadura militar de aquel país tuvo que exiliarse,
por lo que llegó a Costa Rica en 1977. A su llegada al país
centroamericano se vinculó al Movimiento de la Nueva Canción
Costarricense.
En Costa Rica fue fundador del Grupo
Experimental y trabajó como docente en la Universidad Nacional y en
el Conservatorio Castella. Vinculado a los movimiento sociales y de
solidaridad internacional, conoció a la comunidad salvadoreña
también exiliada y refugiada en Costa Rica, desarrollando una
profunda hermandad con nuestro país.
En 1980 compuso la música para la
película "El Salvador: el pueblo vencerá" dirigida por el
puertorriqueño Diego de la Texeira y producida por el Instituto
Cinematrográfico El Salvador Revolucionario (ICSR), esa banda
sonora también se publicó como álbum con el nombre Venceremos
(Fondo Musical Latinoamericano, 1982). De ahí se desprenden, entre
otros temas, la Canción a Farabundo Martí que traza una semblanza
del dirigente comunista.
Adrián Goizueta dedicó parte de su
obra musical a temas relacionados con la lucha revolucionaria
salvadoreña. En
septiembre de 1982 grabó en México el disco Eugenia: para que no caiga la esperanza. (Publicado en 1983 por los estudios Pentagrama).
El disco está dedicado a Ana María Castillo Rivas "Eugenia",
combatiente guerrillera de las Fuerzas Populares de Liberación-FPL
caída en combate el 17 de enero de 1981. En este disco se incluye
el tema 30 de julio, sobre la masacre estudiantil del 30 de julio de
1975. El tema
Eugenia, también se publicó en el álbum Abril en Managua
(Fonomusic, 1984).
Varias ocasiones tuvo Adrián de
visitar nuestro país, siempre solidario y enarbolado la bandera de
la canción comprometida con la lucha social. En abril de 1988, junto
con el Grupo Experimental, estuvo presente en el Festival Un cantopor la paz con soberanía e independencia en El Salvador. De aquel
concierto se produjo un disco [Live from El Salvador (Redwood
Records, 1991)] en la que se incluye la Canción a Farabundo Martí.
Tuve la oportunidad de verlo en vivo
por primera vez en el concierto del Festival Verdad de la UCA en 2003
y de ahí, unas cuantas veces más en distintos escenarios, La última
vez fue en el Teatro de San Salvador en 2018. En cada evento siempre
mostró despliegue de calidad, profesionalismo y una conexión
maravillosa de experimentación musical.
Su carrera, marcada por el compromiso
social, la solidaridad internacionalista y el encuentro permanente
con una estética con horizonte utópico, nos inspira y recuerda que
el arte también ayuda a pensarnos en un mundo menos roto.
Adrián Goizueta. Por tu legado
artístico y tu solidaridad con los pueblos del mundo: ¡Gracias!
Músico, compositor,
director y arreglista, Álvar Castillo, nace en Sonsonate el 11 de
febrero de 1960. A los cuatro años se muda a Sensuntepeque, en el
departamento de Cabañas, ciudad en la que vivió hasta los 15 años
para luego desplazarse a San Salvador.
Entre
1976 y 1978 estudia el bachillerato en artes opción música en el
Centro Nacional de Artes [CENAR].
Aunque su primera opción era estudiar guitarra, debido a la falta de
cupos para estudiar ese instrumento se especializa en piano. «Con
la fortuna de tener una gran maestra japonesa: Michiko Masahi». En
ese Centro, junto a los músicos Carlos
Bautista, Raúl
Cuéllar y Benjamín López Garay, fundan el grupo musical Unidad,
«con
la idea de hacer un gran grupo de música salvadoreña».
Por
esos años inicia la militancia política mediante
la música,
pues como grupo se adhieren al Movimiento de Cultura Popular [MCP]
adscrito al Bloque Popular Revolucionario [BPR].
El
8 de mayo de 1979 ocurre la Masacre en gradas de Catedral. El BPR
había convocado a una manifestación para marchar hacia la Catedral
Metropolitana desde el Parque Cuscatlán, pero elementos de la
Policía Nacional ocuparon el lugar
obligando que la manifestación saliera del Cine Jardín de Mejicanos
a las 11:05 A.M. Al llegar a Catedral para un nuevo mitin que exigió
la libertad de los presos políticos, la Policía Nacional disparó
contra los manifestantes, asesinó a 19 e hirió a 32.
Ante
la impresión que les causó la
masacre de las gradas de Catedral del 8 de mayo de 1979, el grupo
Unidad decide renombrase como Grupo Mayo. Carlos
Bautista deja la formación, quedando Raúl, Benjamín y Alvar. Esta
agrupación realiza presentaciones en El Salvador, Honduras Costa
Rica y Panamá. Compartiendo escenarios con referentes del movimiento
de la nueva canción latinoamericana. Una
anécdota curiosa es que en Panamá, «justo
antes del concierto, los policías panameños nos retuvieron muy
amablemente para presionar a la guerrilla salvadoreña para que
desocuparan la embajada de Panamá en San Salvador, creo que fue el
14 de febrero de 1980».
Tras
el asesinato de Monseñor Romero el 24 de marzo de 1980, el Grupo
Mayo se disuelve, dejando algunas canciones originales dentro del
repertorio de la música popular comprometida.
Como
militante del Bloque Popular Revolucionario, Alvar Castillo realiza
tareas de relaciones internacionales viajando a Ecuador y Panamá,
lugares donde participa en actos en los que denuncia la represión
que se vivía en El Salvador. A finales de mayo de 1980, junto al
titiritero Roberto Franco, dirigente del MCP, viajan a Hungría,
Bélgica, Alemania y España
para participar en actividades de solidaridad con la lucha del pueblo
salvadoreño.
De
Europa se desplaza a México en diciembre de aquel año, donde se
encuentra con Juan Chacón, por entonces Secretario General del
Bloque Popular de Revolucionario [BPR]. En ese encuentro, Álvar le
plantea su intención de continuar solo su carrera musical, pero él
le orienta a integrarse al grupo Yolocamba
I Ta quienes también se encontraban en ese país.
Exiliado
en México, Álvar forma parte del
Yolocamba que en esa época estaba integrado por Paulino Espinoza,
Roberto Quezada, Franklin Quezada y Guillermo Cuéllar; con ellos
realiza numerosas giras en ciudades de México, Canadá y Europa
aportando con varias de sus composiciones al repertorio de la
agrupación, siendo el tema Homenaje a Monseñor Romero (mejor
conocida como Símbolo de Rebeldía) la más destacada.
En
1982, se separa del grupo -y de la militancia política- y decide
continuar sus estudios, se inscribe en la Escuela Nacional de Música
de la Universidad Nacional Autónoma de México [UNAM], estudiando el
nivel propedéutico entre 1984 y 1986.
En
este tiempo también destaca como arreglista apoyando la producción
del disco del grupo Guazapa
«Señor
Reagan, ¡oiga usted!»
publicado por el sello Pentagrama en 1984.
En esta producción se le acredita como director además de
arreglista.«El
grupo Guazapa, fue un grupo de salvadoreños y mexicanos, de mediados
de los años 80, grabó tres canciones: Señor Reagan, Las cortadoras
y Patria del niño. Fui su director y tocamos muchas veces, yo ya
estaba estudiando en la UNAM, así que no pude acompañarlos mucho».
El grupo Guazapa estuvo formado por:
José Betancourt, Carlos Efarín “Payín” Moreno, Laura María
Arias, Juan Daniel Vargas, Rolo Ramírez, Chepe Rohas y Rolando
Preza. La grabación contó con la colaboración de los mexicanos
Alfredo Pérez Ibañez, Alfonso González Sánchez, Jorge Darío
Hernández y Valentin Mirkov.
En
su estancia en México alternó sus estudios con el acompañamiento a
varias agrupaciones musicales, como el ya mencionado Guazapa, así
como también con Garabato y Yacaré; y por supuesto que en ese
tiempo continúa dedicándose a la composición de temas propios.
Álvar
Castillo regresa de su exilio a El Salvador el 14 de diciembre de
1990. En sus primeros meses de vuelta al país, funda junto
con Beatriz Alcaine, Oscar Soles, Carmen Benítez, Gracia Rusconi,
Carmen Elena Trigueros y Camila Sol, el espacio cultural
conocido como La Luna Casa y Arte, lugar que abre sus puertas el 6 de
diciembre de 1991.
En
1993 publica un casete con sus canciones titulado «Fijáte que
bonito» que recopila varias de sus composiciones en la que destaca
la canción Canasúnganana.
Por
esos años también hace música para teatro, algunos
de los trabajos en los que contribuye son: Los hombres del
Chamelecón, Orquesta de señoritas (Fernando Umaña); Tierra de
Cenizas, Sueño de noche de verano (Roberto Salomón); Los perros,
Lazarillo de Tormes (Grupo Sol del Rio), Sócrates Light (Geovanni
Galeas), entre otras. Trabajo que intercaló tocando con los
grupos Súper Combo 12, Cosecha Latina, Banda Tepehuani, y
acompañando a una variedad de cantantes. También
trabaja como Maestro del CENAR del
1 de julio de 1991 al 1 de julio de 1996.
En
julio de 1996, junto con Guillermo Cuéllar y Paulino Espinoza, con
quienes había coincidido en Yolocamba I Ta, fundan el grupo Exceso
de Equipaje; formando una de las agrupaciones de música popular más
destacadas de la postguerra. Con este grupo graba el CD «Regalo para
el niño» y otro par de temas; por cierto, fue él quien propuso el
nombre del grupo e incluso compuso una canción llamada Exceso de
equipaje, que no consiguieron grabar.
Regresa
a México en 1998, «extrañaba
el ambiente cultural mexicano, también para terminar mi licenciatura
en composición de la Escuela de Música de la UNAM. Me gradué en
2001».
En
2006 se muda a la ciudad de Hiroshima, Japón, donde actualmente se
desempeña como músico y compositor. En ese país funda la
agrupación el Combo de la Paz y desde
2023 trabaja en la fusión de música japonesa y latina con el
cuarteto Walatino.
Su
discografía completa hasta hoy, incluye:
El
Salvador, lucha y canta, Yolocamba I Ta, 1980.
Misa
popular Salvadoreña, Yolocamba I Ta, 1981.
Canto
a la Patria Revolucionaria, Yolocamba I Ta, 1982.
Sonando,
Grupo Garabato, Mexico, 1987.
Fijate
que bonito, Alvar Castillo, San Salvador, 1993.
Regalo
para el niño, Exceso de Equipaje, 1997.
Loroco,
Xalapa Veracruz, 2005.
Son
golosos, Son Golosos Trio, Xalapa Veracruz, 2005.
El
combo de la paz, El combo de la paz, Hiroshima, 2010.
Okonomiyaki,
El combo de la paz, Hiroshima,2013.
Artista
integral y músico versátil, por su compromiso y perseverancia,
Álvar Castillo es una referencia dentro del universo artístico que
ha sabido lidiar con todo tipo de obstáculo y traspasar las
fronteras geográficas y de la música.
Fuentes
consultadas
Comunicación
personal con el autor. 24 de julio de 2025.
Presencia de
María de Baratta en la canción popular salvadoreña
Erick
Tomasino.
La
búsqueda de una identidad colectiva a partir de procesos de
recuperación de la propia cultura indo-afro-mestiza, junto con el
posicionamiento de la clase trabajadora como sujeto central y
protagónico de los procesos de liberación, fue el sello distintivo
de muchas de las expresiones de la nueva canción latinoamericana.
Con
precursores como Violeta Parra y Víctor Jara, referentes de la nueva
canción chilena o Atahualpa Yupanqui y Mercedes Sosa en la
construcción del Nuevo Cancionero Argentino, parte
del movimiento de la canción popular salvadoreña encontró una guía
en el trabajo de María de Baratta cuya dedicación en la
investigación y documentación del folclor regional, de canciones
tradicionales, instrumentación, ritmos y danzas autóctonas, inspiró
a algunos artistas a definir una estética acorde a la construcción
de una identidad nacional y popular.
De
seudónimo Yara Maya –en
honor al origen lenca de su abuela paterna–
María Mendoza de Baratta es considerada la primera investigadora del
folclor salvadoreño y referencia en la etnomusicología de la
primera mitad del siglo XX. Pianista, compositora y musicóloga,
nació en San Salvador el 27 de febrero de 1890. Escribió 14 obras
musicales y 25 estilizaciones folclóricas, es decir, la
reinterpretación y adaptación de elementos del folclor sobre temas
autóctonos como bailes, música y vestuario, para su representación
escénica. De sus trabajos musicales solo algunos fueron publicados.
Quizá el más conocido es el Canto al Sol, Can calagui tunal o Kan
Kalahui Tunal.
Su
extenso trabajo de campo realizado durante las décadas de los 30 y
40, fueron publicados por el Ministerio de Cultura en 1951 en una
obra dividida en dos volúmenes llamada Cuzcatlán
Típico. Ensayo sobre etnofonía de El Salvador.
Folklore,
Folkvisa y Folkway.
Es
de este ensayo que algunos grupos del movimiento de la música
popular salvadoreña se orientaron en la búsqueda de una identidad
cultural propia. Casos como Güinama (del lenca ´Tu Pueblo´)
decidieron nombrarse así, después de leer aquel libro con
la idea de tener una identidad propia de las culturas de los pueblos
originarios de lo que hoy es El Salvador (mayas, náhuat-pipil,
nonualcos, lencas...), incorporando ritmos e instrumentación propia.
Entre varias de sus
creaciones, este grupo realizó una adptación de la copla El Pitero
que aparece en el primer volumen de Cuzcatlán típico. La canción
está incluida en el único álbum grabado por el grupo: Caminemos,
publicado en Costa Rica en 1987.
Baratta,
1951, pp. 256 y 257.
El
tema tiene algunas variaciones particularmente llamativas, en la
transcripción de Baratta donde dice: Las
veces que chupo/ nada más son dos:/ invierno y verano/ por la
graci´e Dios.
En la letra de la canción de Güinama es sustituido por: Los
días que hecho riata/ nada más son dos: /invierno y verano/ por
gracia de Dios.
Y la otra: Dispensen,
señores,/ lo mal qui cantado,/ perui´estoy de goma/ y niun trago me
han dado.
Cambiada por: Dispensen
señores,/ lo mal que he cantado,/ pero el paquetazo/ me tiene
chingado.
Advierto que además de la omisión de algunas estrofas, los cambios
son por la contextualización de la situación de la clase
trabajadora y las políticas económicas durante el gobierno de
Duarte conocidas como el «paquetazo».
Por
otra parte, varias coplas tradicionales recopiladas por Baratta,
algunas de ellas inlcuidas por Roque Dalton en las Historias
prohibidas del pulgarcito (1974), fueron musicalizadas por el
cantautor José William Armijo en un registro conocido como Las
bombas de la negrita. En
una publicación en una red social, Armijo cuenta el origen de ese
tema:
«Cuando
compuse la canción, yo andaba leyendo el libro de María de Baratta y
encontré muchísimas bombas, también acababa de leer el libro de
Roque Dalton donde retomó las bombas de María de Baratta.En
mi primer viaje a México, cuando la comunidad de estudiantes
salvadoreños me invitaron a cantar al instituto Zacateco, me pedían
canciones folclóricas, entonces me puse a improvisar las bombas y
nació por casualidad la canción "Negrita si me querés" o
las "Bombas de la Negrita" conocida con el nombre de "La
Negrita"1».
La
referida canción aparece en el álbum de 1981 «El
Salvador... ¡venceremos!»
(Compsound, Suiza). La
Negrita también fue interpretada por el grupo de proyección
latinoamericana Xoltl y
grabada en el caset «Música
Latinoamericana»
(San Salvador. S.f.). En esta producción también aparece el tema El
torito pinto, parte de la tradición musical documentada por Mendoza
de Baratta.
Baratta
además recupera un canto tradicional de los pueblos de Izalco
llamada Tiáhuit Tzuntzunat (Vamos a Sonsonate, en náhuat) texto que
también aparece en la citada obra de Dalton, aunque
como observa Rafael Lara Martínez (2012), existen diferencias entre
ambos:«Las
discrepancias de transcripción reproducen los originales
de Dalton, al igual que la confusión entre el náhuat-pipil y el
náhuatl-mexicano. El texto de Baratta también lo reproduce Toruño
(1957: 49-50) sin errores de transcripción, pero confundiendo la
lengua mexicana con el náhuat-pipil)2».
Una
interpretación musical de Tiáhuit Tzuntzunat, es la realizada por
Luis López Ayala con arreglos de Eugenio Andrade (ambos ex
integrantes de la Banda Tepehuani). Esta canción, como muchas otras
composiciones de María de Baratta interpretadas por Luis López,
están disponibles en su canal de youtube3.
María Mendoza de
Baratta fallece en San Salvador el 10 de junio de 1978. Queda en la
historia como, si no la única, la principal investigadora de las
tradiciones musicales de El Salvador de la primera mitad del siglo
XX, otras voces se sumarán en esa búsqueda, entre las que están
referentes de la canción popular salvadoreña como Salvador
Marroquín, Guillermo Cuéllar, Paulino Espinoza, Roberto Quezada,
Franklin Quezada o Pati Silva.
Como nos señala
Mendoza de Baratta en su trabajo, por mucho tiempo la tradición
musical salvadoreña fue transmitida de generación en generación
por medio de la memoria y el oído; en nuestro tiempo considero
importante investigar y preservar el legado de nuestra música
accediendo siempre a la memoria y también al archivo, lo que nos
permite tejer diálogos entre el pasado y el presente identificando
continuidades y rupturas en la canción popular salvadoreña.
Santander, 10 de
junio de 2025.
Fuentes
consultadas:
Baratta,
María de. (1951-1953). Cuzcatlán
típico. Ensayo sobre la Etnofonía de El Salvador. Folklore,
Folkvisa y Folkway
(dos volúmenes). San Salvador: Ministerio de Cultura.
Dalton,
Roque. (1974). Las historias prohibidas del pulgarcito. México
D.F.: Siglo XXI editores.
Lara-Martínez,
Rafael y Mc Callister, Rick. (2012). El legado náhuat-pipil de
María de Baratta. San Salvador: Fundación Accesarte.
Repertorio
Romeriano: Canción testimonial para Monseñor Romero
Erick
Tomasino.
Profeta
salvadoreño
Cada
24 de marzo las comunidades organizadas en El Salvador y de varias
partes del mundo conmemoran el martirio de Monseñor Oscar Arnulfo
Romero. Entre los múltiples actos que se llevan a cabo es posible
escuchar algunas canciones como testimonio de vida del profeta y
mártir. Cercano a la «Iglesia
de los Pobres» la figura
de Romero trascendió más allá de espacios propiamente religiosos y
su compromiso con la verdad y la justicia lo volvió universal. La
opción preferencial por las personas empobrecidas, impulsaron a
Monseñor Romero a denunciar activamente las injusticias y las
constantes violaciones de los derechos humanos, actitud que sostuvo
desde finales de los años 70 del siglo XX hasta su asesinato por
escuadrones de la muerte el 24 de marzo de 1980. Su vida y obra han
inspirado distintas expresiones artísticas, entre ellas, numerosas
canciones que nos ayudan a recordar su legado.
Por
estas tierras del hambre yo vi pasar a un viajero
Un
testimonio es la mediación generalmente verbalizada de quien vivió
o presenció un acontecimiento y una audiencia dispuesta a
escucharla. Brinda testimonio quien ha sido testigo, es decir, quien
conoce, sabe y puede dar cuenta de un suceso. Para la memoria
colectiva, el testimonio es una manera expresar los sentires de
aquello que se quiere contar y su expresión puede tener diferentes
formatos, uno de ellos es el canto testimonial.
En
el escenario de la memoria de los pueblos, el canto testimonial es
aquella composición que tiene como propósito dejar
testimonio. Las canciones testimoniales sirven como «discursos
complementarios»
(Ritter1)
y necesarios sobre acontecimientos históricos y se refiere a «todos
los actos musicales y rituales que forman parte del proceso social de
recordar y de recuperar, emocional y culturalmente»
el acontecimiento. Es complementaria a otras expresiones puesto que
la canción es una forma de representar la memoria, una manera de
narrarla y de resguardar los acontecimientos significativos para un
grupo o dirigirlos hacia una colectividad más amplia que pueda
identificarse.
Diferente
a otros contenidos de ese gran movimiento de la Nueva Canción
Latinoamericana que incluye expresiones más autorreferenciales,
estas canciones abonan a las prácticas y ritos de la memoria,
relatan eventos, describen hechos y en el caso del canto testimonial
sobre una figura «insta
al reconocimiento de personajes que constituyen ejemplo de sacrificio
a seguir; teniendo un alcance muy amplio en la conciencia y en la
memoria social, la figura del mártir»
(Scruggs2).
En ese sentido, la canción testimonial tiene un tono y
posicionamiento político a favor de la memoria sobre un hecho
significativo o sobre la vida de un personaje que se considera
histórico y ejemplo para la colectividad, pues simboliza sus
aspiraciones y acciones.
Símbolo
de rebeldía, fue su manera de amar
Son
los actos de memoria el principal escenario de la música
testimonial. Quien canta o interpreta lo hace ante una audiencia
dispuesta a compartir recuerdos a través de las canciones en
momentos de homenaje. Por ello es común que en los actos
conmemorativos relacionados con la vida de Monseñor Romero, se
incluyan aquellas canciones que las comunidades han adoptado como
propias de sus rituales memorísticos.
Es
en este escenario que la canción testimonial -como discurso musicado
sobre un acontecimiento histórico- que la composición cobra
significado cuando transmite un relato construido desde, con y para
un colectivo. En este canto «más
que en otros tipos de música política, las piezas conmemorativas
relacionan lo individual y lo personal con el resto de la lucha y con
una unidad social más amplia. El sacrificio de cierta persona se
convierte en el símbolo hecho por tantos otros cuyas vidas jamás
podrán ser relatadas».
(Scruggs). El peso de la canción testimonial está precisamente en
su mensaje que nos ayuda a conmemorar, esto es, hacer memoria junto
con una colectividad que comparte la necesidad de recordar. En este
caso el compositor como testigo «es un sobreviviente que testifica
por sí mismo, pero también por aquellos que no lograron sobrevivir,
por todos los afectados por el acontecimiento» (Sánchez Gómez3).
Por ello, la vida de Romero ha inspirado a varios artistas que le han
dedicado composiciones musicales.
El
pueblo nunca se olvida de tu heroico ejemplo
La
primera canción testimonial dedicada a Monseñor Romero de la que se
tiene registro es «El
Profeta» de Jorge «El
Viejo» Palencia. El
Profeta fue escrita al momento en el que su autor se enteró del
asesinado del Arzobispo y se transmitió por primera vez en el
programa ¡Qué pasa en el mundo! de la radio YSAX. La canción sería
acogida dentro de las comunidades eclesiales de base y popularizada
por el grupo Yolocamba I Ta.
Otros
de los primeros cantos testimoniales para el San Romero de América4
son «Homenaje a Monseñor
Romero» más conocida
como «Símbolo de
Rebeldía» del compositor
Álvar Castillo y el «Corrido
a Monseñor Romero»tema
original de los músicos José Roberto Gómez Menjívar y Ovidio
Aguilares, también interpretado por los grupos Yolocamba I Ta y Los
Farabundos de Guazapa, entre otros.
Las
anteriores quizá sean las canciones más difundidas dentro de las
conmemoraciones del martirio romeriano,
pero también existe otras como por ejemplo: Canto a Monseñor Romero
(Luis López Ayala), Proclámenlo Santo (Exceso de Equipaje), Profeta
Salvadoreño y Amigo de los pobres (Grupo Horizontes),
Beato Mártir de América (Guillermo Cuéllar), Eulogy to Oscar
Romero (Jean-Luc Ponty), Romero (The
Project), Entre Nosotros (Súper Pakito Chac), Romero (Gilber
Cáceres). Y por supuesto están las que se incluyen en el disco
«Romero»
del año 2000, publicado por Yolocamba I Ta y la
asociación Equipo Maíz en el marco del vigésimo aniversario del
martirio de Monseñor; este disco incluye las canciones: Oscar
compañero (Benjamín Valiente),
Canción para un Mártir (Son Tres Cuartos, composición de Carlos
Serpas), SLM80: «Seis
y cuarenta y cinco de la tarde del lunes 24 de marzo de 1980»
(Súper Pakito Chac, letra de Carlos Arévalo) y Rumba
a Romero (Yolocamba I Ta).
Es
posible que hayan otras más que se suman a una creciente lista del
repertorio dedicado a Romero.
Su
voz aún se escucha en medio de la milpa y del incienso
La
canción testimonial es un medio explícito de recordar
acontecimientos históricos o figuras cuyas vidas han sido ejemplares
para una colectividad, representa un lugar de memoria que complementa
a otras expresiones dentro de los rituales memorísticos; en el mayor
de los casos es adoptada por grupos que construyen identidad de grupo
y se refuerzan en actos de conmemoración. En el caso de Monseñor
Romero, auténtico testigo de la lucha por la verdad y la justicia,
la canción testimonial posibilita mantener presente en la memoria
colectiva su compromiso con la defensa de los derechos humanos y la
necesaria vigencia de luchar por la transformación social.
Santander, 20 de
marzo de 2025.
Notas:
1Ritter,
Jonathan (2919). La música testimonial ayacuchana: de la memoria
a la sobrevivencia. En Música, memoria y educación. Ayacucho:
Escuela Superios de Educación Artística Pública "Condorcunca".
2Scrugs,
Thomas M. (2006). Música y el legado de la violencia a finales
del siglo XX en Centroamérica. Trans / Revista transcultural de
música, 10.
3Sánchez
Gómez, Gonzalo. (2018). Testimonio, justicia y memoria.
Reflexiones preliminares sobre una trilogía actual. Estudios
Políticos (Universidad de Antioquia), 53, pp. 1947.
4Así
bautizado por sacerdote y escritor de origen catalán Pedro
Casaldáliga en su poema San Romero de América, Pastor y Mártir
nuestro.
Rutilio
Grande García nació el 5 de julio de 1928 en municipio de El
Paisnal, a unos 50 kilómetros al norte de la ciudad de San Salvador.
De
origen campesino, ingresó al noviciado de los jesuitas en 1945 y se
ordenó como Sacerdote en 1959; fue profesor en el seminario San José
de la Montaña en San Salvador y ejerció el sacerdocio por 5 años en
Aguilares, desde septiembre de 1972 hasta el 12 de marzo de 1977.
Además
de su labor como párroco el Padre Tilo, como educador promovió la
formación del pensamiento crítico y la organización social desde
su trabajo pastoral, animando el establecimiento de las Comunidades
Eclesiales de Base.En su
trabajo pedagógico usó el método de acción y reflexión conocido
como el “Ver, Juzgar, Actuar” muy difundido entre las Comunidades
de Base.
El
acompañamiento a las comunidades empobrecidas especialmente
campesinas, el trabajo de organización y concienciación y sus
denuncias contra las políticas de exclusión y represión que
ejercía el régimen militar en complicidad con la gran burguesía
criolla, fueron detonante para su asesinato.
El
12 de marzo de 1977 , en la calle que de Aguilares conduce a El
Paisnal, Rutilio Grande fue emboscado por escuadrones de la muerte,
siendo asesinado junto a dos de sus acompañantes, Manuel
Solórzano y Nelson Rutilio Lemus.De esa
forma se desataba la persecución contra la iglesia de los pobres, la
de personas humildes con anhelos de liberación.
La
profunda entrega de Rutilio Grande, ha inspirado a cantautores que
le han dedicado canciones como testimonio de su vida, algunas
de ellas son Corrido al Padre Grande de Jorge Palencia, El día 12 de marzo de Ovidio Aguilares, ¡Grande Aguilares! de Guillermo Cuéllar y Rutilio de Franklin Quezada.
Rutilio
Grande, Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus, fueron beatificados
por la Iglesia Católica el 22 de enero de 2022.
El
legado de Rutilio Grande es el del compromiso con la opción
preferencial por las personas empobrecidas; su concepción y método
pedagógico, nos da importantes lecciones para el trabajo con los
sectores populares para la concienciación, la organización y la
construcción de una sociedad justa aquí en la tierra.
El 20 de enero de 1979 como parte de la campaña “Haga patria, mate un cura”, elementos de la Guardia Nacional y grupos paramilitares invadieron la casa de retiros de El Despertar ubicada en la colonia San Antonio Abad de la ciudad de San Salvador, donde asesinaron a 5 personas, entre ellos el padre Octavio Ortíz Luna. Nacido el 22 de marzo de 1944 en el Cantón Agua Blanca de Cacaopera del departamento Morazán, Octavio Ortíz Luna fue ordenado como sacerdote por Mons. Oscar Arnulfo Romero el 9 de marzo de 1974 en la iglesia San Francisco de Mejicanos. El padre Octavio Ortíz desempeñó su labor pastoral en la Comunidad Cristiana de Zacamil y San Francisco de Mejicanos y también organizando las comunidades eclesiales de base, encarnando la figura del cura obrero.
Los otros mártires de El Despertar son: Jorge Gómez. De 22 años de edad. Estudiaba 2º año de Bachillerato académico en el Liceo Ruben Darío. Trabajaba como electricista en la Universidad de El Salvador. Roberto Orellana. De 15 años. Estudiaba 8º grado por la noche, en el Instituto Nacional Francisco Menéndez INFRAMEN. Ángel Morales. Tenía 22 años de edad y trabajaba como carpintero en San Salvador. David Caballero. Estudiaba 8º grado en la Escuela Miranda de San Antonio Abad. Era su primer encuentro y tenia 15 años.
Las autoridades gubernamentales trataron de justificar la acción como resultado de un enfrentamiento armado, lo cual fue inmediatamente desmentido por testigos. En memoria a los mártires de El Despertar, el cantautor Guillermo Cuéllar, compuso la canción Basta Ya. Interpretada junto con el grupo Yolocamba I Ta y publicada en 1985 en el álbum del mismo nombre. El tema también ha sido incluido en la recopilación del cancionero histórico de las comunidades eclesiales de base en el disco Los mejores ya partieron. En el ataque se supo que las Fuerzas militares utilizaron un tanque el cual pasó por encima de la cabeza del sacerdote, desfigurándole completamente el rostro. Este hecho fue muy impactante y por eso mismo monseñor Romero denunció en unas de sus Homilías el asesinato del párroco «Un asesinato que nos habla de Resurrección» -dijo-. Según el también sacerdote Pedro Declerq, la canción Señor ten piedad de la Misa Popular Salvadoreña, nos habla sobre el martirio de Octavio Ortíz. Cada año, las comunidades eclesiales de base, conmemoran a los mártires de El Despertar como una forma de recuperación del espíritu transformador y una manera de alentar el compromiso con la verdad y la justicia.
Ana María Castillo Rivas, “Eugenia”, nació en San Salvador el 7 de mayo de 1950. Inició estudios de Psicología en la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, UCA en 1970. Entre 1971 y 1973, milita en la Juventud de Estudiantes Católicos (JEC) y trabaja en Acción Católica Universitaria (ACUS).
En 1974, comienza a colaborar en la Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreños (FECCAS) desde la cual aporta a la construcción de la alianza con la Unión de Trabajadores del Campo (UTC) en la cual se crea la Federación de Trabajadores del Campo (FTC). Esta experiencia práctica, aunada a estudios del marxismo-leninismo, le impulsan a incorporarse, en febrero de 1975, a las Fuerzas Populares de Liberación (FPL). Después de la masacre estudiantil del 30 de julio, participa en la toma de catedral metropolitana en agosto de ese año y en la creación del Bloque Popular Revolucionario (BPR).
Como militante de las FPL, Eugenia asume responsabilidades político militares, trabaja en la construcción del partido revolucionario del cual pensaba: «Sin un Partido de la clase obrera, vertebrado sobre los principios del marxismo-leninismo y estrechamente vinculado a las masas populares, jamás podremos garantizar el triunfo de la Revolución Popular y la construcción al Socialismo» (Carta escrita en julio de 1980).
El 17 de enero de 1981, a pocos días de iniciada la ofensiva general por el FMLN, en un retén sobre la carretera de San Martín a Suchitoto, Eugenia fue ametrallada junto a tres compañeros más, identificados como Ernesto, Mauricio y Luis.
Eugenia, al momento de su muerte, era miembro del Concejo Revolucionario de las FPL y formaba parte del Estado Mayor del Frente Central Felipe Peña de esa organización, que hacía parte Frente Central Modesto Ramírez del FMLN.
El músico argentino-costarricense escribió una canción llamada Eugenia, publicada en el álbum Eugenia: Para que no caiga la esperanza (Pentagrama, México, 1983). El disco Eugenia, también incluye las canciones Así y Era Necesario Que Ustedes Cayeran (con base en poemas escritos por Javier, compañero de vida de Ana María).
El tema Eugenia también se publicó en el álbum Abril en Managua (fonomusic, 1984). La novela testimonial «No me agarran viva: La mujer salvadoreña en la lucha», de Claribel Alegría y D.J. Flakoll (UCA, 1987). se inspira en la vida de Eugenia.
Eugenia representa un ejemplo de la participación de la mujer salvadoreña en la lucha revolucionaria, es la unión entre ideal y compromiso en la construcción de una sociedad nueva. Ejemplo que queda retratado en esas canciones que nos ayudan a mantener viva su memoria.