"No te fatigues nunca más de lo necesario/ aunque tengas que fundar una cultura sobre el cansancio de tus huesos." -Antonin Artaud-
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lunes, 22 de julio de 2019
viernes, 11 de marzo de 2016
Discúlpeme la bulla
Discúlpeme la bulla
Erick Tomasino.
Discúlpeme la
bulla, se sube
alguien al autobús y canta inoportuno la canción de moda mientras promete no
meternos la daga si le damos alguna ayudadita.
Repiten en las calles que la culpa de todo es
de los políticos, refiriéndose por políticos a la gente de saco y corbata que
desfila por las instituciones del Estado.
Algunos de estos políticos se defienden y
dicen que la culpa es de los periodistas, refiriéndose a aquellos que trabajan
para los grandes medios de comunicación que repiten las mentiras que sus dueños
les ordenan.
Algunos de ellos se defienden y dicen que no
todos son iguales, lo que pasa es que unos siguen órdenes y lo hacen por hambre,
mientras por las calles pasa un joven -mochila al hombro- ofreciendo café instantáneo.
Los empresarios se quejan vociferando que el
principal problema es la delincuencia, refiriéndose por delincuencia a los
pobres, mientras huyen sigilosos a contar dinero mal habido.
Un hombre empobrecido dice que el problema
son los otros pobres que son güevones que no quieren trabajar, mientras cuenta
las monedas para fotocopiar por enésima vez su hoja de vida.
Discúlpeme la
bulla.
Lo que pasa es que aquí hace falta educación,
le responde alguien vestido con el uniforme de la escuela militar.
O será la falta de cultura, le reclama una
muchacha que en su regazo lleva un libro de cómo vestirse mejor para quedar
bien con su marido.
Unos poetas dicen –con su aura incólume- que
el problema es que los artistas no se unen, argumentando que la unidad va desde
el vocero de la cámara de comercio hasta la que vende quesadillas en una
esquina del centro de la capital (que también es poeta pero nadie la ha tomado
en serio) y se van a su encierro para sacarle la fresa a las musas tropicales.
Discúlpeme la
bulla, la interrupción, continúa el chico cantando mientras ya nadie le escucha. Unámonos
todos en oración –solicita- asumiendo que todos pertenecemos a su misma secta.
Y tras aquello todos cerramos los ojos cada
quien confiado que su razón es la única verdadera, esperando que el chico se
baje para volver a sacar el teléfono inteligente.
domingo, 24 de marzo de 2013
Faltaba música
Cuando Carol apareció por fin
en el bar, teníamos un poco de miedo que el pasado nos delatara; digamos que en
aquella época, ella y yo no habíamos formalizado nuestra relación. Nos tratábamos
a la distancia e intentamos -no con mucha fortuna de mi parte- actuar como si
de dos desconocidos se tratara.
Manteníamos contacto por
correo. Eventualmente contábamos algo de nuestra vida, pero sin brindar muchos
detalles, era más bien una forma de mantener la comunicación. Eso era así,
hasta que un día, le propuse que viniera a visitarme. Eso nos llevó a pensar qué
podríamos hacer cuando nos viéramos. De ahí que la expectativa me llevó a
confesarle que lo que más me apetecía era tener sexo con ella. Lo dije como si
fuese mi último deseo. Y ella, sin mucho problema aceptó e inmediatamente
planificó su llegada.
Por fin se llegó el día de su
venida. Quedamos de vernos una tarde en un sitio a orillas del lago. Cuando se
apareció la vi más hermosa de cómo la recordaba. Venía con su cabello suelto,
como siempre suele utilizarlo y sonrió al verme. Por fin, después de tantos
correos ya era tiempo de que nos encontráramos. Ha pasado mucho tiempo. Sin
embargo, las palabras no me fluían como cuando le escribía. Eres más callado de
lo que recordaba. Por eso escribo, para compensar mi poco don de conversación. Pues
es una lástima, porque escribes bastante mal y si ni siquiera eres capaz de
hablar, no será tan fácil que te lleve a la cama. Quedé callado y mi mirada se
congeló en la carta. Había empezado con un punto sensible.
Como no reaccionaba de mi
abstracción, Carol ordenó ron y algo para picar. Bebimos y aun no encontraba la
manera de llegar al tema principal, es decir, proponerle que nos fuéramos de
una buena vez a su hotel y materializar nuestras fantasías expresadas
virtualmente.
¿Yo te gusto? –preguntó Carol
sin rodeos- Mucho. Me lo imaginaba. Yo no quería conversar; pensaba que
cualquier cosa que yo dijese, ella tendría una respuesta nada favorable para mi
ego. Has estado solo últimamente, me refiero si has estado con chicas. Es un
poco raro, pero mi cama, cuando ve que me acerco con mis propias soledades,
como que se arruga, como haciendo muecas de desagrado. Como que ya no le basta
solo dormir. Por eso le sugiero una acompañante para actuar como un sueño que
se cumple con la piel. Ella sonrió, sin decir nada y dio un buen trago. Me sentí
muy inteligente en ese momento. Por fin le dije algo para impresionarla.
El bar se iba llenando poco a
poco, con lo que a mí me desagradan los lugares con mucha gente, le propuse si
nos íbamos a otro sitio. Estoy bien aquí, además parece que habrá música en
vivo y tengo curiosidad de escuchar al grupo. Con lo que a mí me desagradan los
músicos que se quedan con todas las chicas, le insistí si nos íbamos de una
buena vez. Puedes irte si quieres, pero si deseas estar en mi cama esta noche,
tienes que esforzarte un poco más. Cuando me dijo eso, sentí como si me había
puesto una cadena para atarme a la silla.
El grupo inició con su
presentación. Fatal. Eran tan malos que nadie les prestaba atención, a excepción
de mí, irónicamente. Vaya, tú querías irte y parece que eres el único que está
disfrutando la música. Es que también soy músico, le recordé. Entonces ve
pensando en una canción, así me la dedicas. Comencé a temblar de los nervios.
Es que no he practicado desde hace mucho. Es una lástima, porque si te subes a
cantarme una canción, haré todo lo que me pidas esta noche. Al oír eso, me puse
a practicar mentalmente, pero no lograba recordar ni una tan sola canción. No
es justo le dije. No se trata de justicia, sino de ganas, dijo. Seguía golpeándome.
Y por más que me esforcé no me ocurrió nada. Le di un buen trago al ron. Y ella
sonrió victoriosa.
Dejamos de hablar por un buen
rato. El grupo invitó a uno de los chicos que estaba entre el público a que
cantara algunas canciones y él, bastante animado, subió al escenario. Comenzó
con su repertorio. Fatal. Ves como este si se animó, y mira su novia está
feliz. Bueno, yo también estaría feliz teniendo a este chico a varios metros de
distancia –balbuceé-, supongo que ella lo está por eso. No seas tonto. Esa debe
ser su manera para expresarle a la chica su amor, si yo fuera, haríamos el amor
cadenciosamente al son que me tocara.
Como se acabó la música y estábamos
sintiéndonos ebrios, Carol por fin dijo que nos fuéramos a su hotel. Mi sonrisa
sugirió lo entusiasmado que me ponía. Pero no te hagas muchas ilusiones, que a
lo mejor será solo para dormir. Lo veremos ya estando ahí. Fuimos hasta el
hotel y yo trataba de ir calentando la situación, pero ella estaba convencida
que no habría nada esa noche, rechazaba mis intentos por besarla y yo me iba
sintiendo frustrado. Llegamos y fuimos directo a su habitación. Para mi
sorpresa, fue cerrando la puerta y ella se me abalanzó, quitándonos desesperadamente
la ropa. Mi deseo fue aumentando y los nervios, de nuevo, querían jugarme una
mala pasada. ¿Qué te pasa? ¿No que me deseabas tanto? Claro, pero verte así me
pone idiota. Es que nunca cambias, ahora me tienes cerca de ti y te comportas
como un adolescente virgen.
Dejé que ella tomara la iniciativa.
Por fin ya estábamos desnudos sobre la cama. Carol gritaba no producto del
placer que me imaginaba brindarle, sino gritos de reclamos, como que no lo
estaba disfrutando y eso generaba en mí, además de desconcentración, que mi
deseo se fuera disminuyendo, tanto que terminé más pronto que de costumbre, pues
me sentía desbaratado por no serle complaciente. Luego que me corrí y que no
lograra excitarme de nuevo, Carol se arrojó a la cama y se cubrió con las sábanas.
Tanta mierda para esto –dijo- mejor durmámonos. Estaba tan molesta que no quiso
escuchar excusas y ni siquiera dejó que le abrazara.
La noche se desvaneció lentamente
y como solo quería que todo pasara, me dormí tratando de no recordar lo sucedido.
Por la mañana, con mucho dolor en mi ego, traté de reivindicarme. No hagas
nada, que no estoy con ánimo de hacerlo con vos. Mejor levantémonos, te invito
a desayunar y luego te vas. No fue buena idea venir a verte, no sé en qué
estaba pensando cuando accedí. Diciendo eso, nos vestimos y salimos. Me sentía incapaz
de hacer algo que relajara el ambiente.
Sentados
a la mesa, como si de dos desconocidos se tratara, desayunamos y Carol se
despidió, le ofrecí que yo pagaría la cuenta. El silencio me otorgaba la oportunidad
de no demostrar mi estupidez y vi como ella se iba alejando cual combatiente
que ha destrozado a su enemigo. En ese instante, la falta de baño me produjo
escozor en los testículos, disimuladamente me rasqué tratando de asegurarme que
aun estaba completo. El placer que me daba me recordó una canción. Busqué dinero
para cancelar. Había traído las llaves del cuarto conmigo. Di un buen trago a
mi café y salí.
(De: La Caverna y Su Sombra)
sábado, 2 de febrero de 2013
Las personas y las letras
No
era fácil convivir con ella todos los días en la oficina. Había que tener
demasiada fuerza de voluntad para resistirse a besarla cada vez que se acercaba
a mí para preguntar algo. O quizá como nunca he sido un tipo fuerte, jamás
conseguí siquiera tener el ímpetu para robarle un beso. No obstante me
incomodaba verla ahí tan cerca, tan hermosa, recogiendo sutilmente su cabello
con esos dedos ávidos de pasión y sonriéndole a la pantalla de su computadora. Me
daban ganas de tener el rostro como una pantalla LCD para tener contacto con
sus ojos. Ella sonreía, a veces hasta se sonrojaba, miraba eventualmente a su
alrededor para cerciorarse que nadie la sorprendiera. Mordía sus labios. Volvía
a sonreír. Supongo que nunca se percató como yo la observaba.
Un
día, por fin, me decidí a abordarla. Necesitaba saber qué pasaba en su cabeza. Qué
idea tenía de mí –si es que había alguna- Si por algún azar de la vida, o por
un milagro espiritual, o por simple caridad, ella podría aceptar salir conmigo.
Aproveché mientras estábamos solos en la oficina, cerré la puerta con un poco
de ruido para que notara mi presencia, ella vio un poco sorprendida y volvió a
lo suyo, a la computadora, a digitar con esos dedos candentes, las teclas que
la comunicaban con un más allá presumiblemente más agradable que la realidad
que la circundaba. Acerqué una silla, la puse al lado de ella y desconecté su
computadora. ¿Qué te pasa? me dijo. Es momento de que hablemos, le respondí. Está bien, dijo tranquilamente como si mi acción
no hubiese significado nada en absoluto.
Sin
más preámbulo le declaré mis sentimientos, le dije todo lo que me provocaba
verla cada día, que no soportaba ni un segundo más esa agonía de tenerla tan
cerca y no poder expresarle todo mi amor. Lo tuyo no es amor dijo tajante.
Bueno, no importa como se llame, pero no soporto mas vivir sintiendo esto que
estoy sintiendo que según vos no es amor. Estás loco, a mí ni siquiera se me ha
cruzado por la mente tener algo con vos. No te preocupés yo ya lo he pensado
demasiado… y como no tenía ninguna explicación, abruptamente tomé su rostro y
la besé. Con toda serenidad, ella solo acertó a decir: Tonto, que no vez que
alguien podría entrar y sorprendernos. La puerta está cerrada, le dije, así que
podemos reservarnos el derecho de admisión.
Mira,
no quiero hacerte sentir mal, no es que no me gustes, pero pienso que lo tuyo
es una atracción meramente sexual y yo creo que el sexo sin amor no es bueno. Esta
chica se volvió moralista, pensé. Suele pasarme que las chicas más de libre
pensamiento y de actitud moderna, cuando les expreso mis intenciones, terminan hablándome
de dios, la religión, lo siete pecados capitales y del sexo solo con amor, que
si no es pecado. No te preocupes, que si para eso yo traigo suficiente amor
ahora conmigo, esta vez yo lo pongo y la próxima vos lo pagás. No lo tomó muy
en gracia y me negó tres veces.
Es
que no es fácil. Ni siquiera me has dado señales como para que intente fijarme
en vos. Bueno, no sé qué podría hacer, si el amor tiene sus secretos, deben
estar tan bien escondidos que yo nunca los he encontrado. Bueno, tampoco lo sé;
pero por ejemplo hay un chico que me escribe unas cartas muy hermosas, siento
que ese es bonito detalle.
Yo también
escribo, por si no lo sabés. Siempre he pensado que las personas se enamoran
más de lo que escribo que de quien soy. Si te contara acerca de los varios
comentarios al respecto, por ejemplo me dicen: oh, me enamoré de tu último poema; la novela que escribiste
realmente me sedujo y una infinidad de mierdas así. Creo que por eso me volví
un activo militante en favor del matrimonio entre las personas y las letras. Pero
creo que algo cambia dependiendo de quién las exprese. De repente recuerdo
cuando mis amigos me pedían que les escribiera las cartas a las chicas que les
gustaban, solo bastaba que me contaran un poco la historia y yo desarrollaba
ingeniosas líneas que luego se convertían en cartas de amor; al poco tiempo nacía
una nueva pareja, me daba un poco de gracia pensar que las pobres en el fondo
se enamoraban de mí, claro, nunca se sabía la verdad, eso habría sido terrible
para el negocio; mas sin embargo, cuando eventualmente yo escribía una carta
con similar contenido para alguna chica por quien sentía un profundo
sentimiento, eso no funcionaba igual, entonces pensaba que había algo más que
las puras palabras. Incluso si sabían que yo escribía muy bien, las chicas
terminaban expresando ese profundo y soso amor por mis palabras y no por mí.
Pero
vos nunca me escribiste nada a mí, balbuceó como reclamando. Además este chico
me ha invitado a viajar a otro país, eso me pareció un bellísimo gesto de su
parte. Bueno, si no lo recuerdas yo también te he invitado a visitar otro país.
No seas idiota, dijo efusivamente. El me ha invitado a recorrer Italia y tú querías
hacer una excursión a El Salvador. Bueno, es que yo soy así como un tipo exótico,
traté de defenderme.
Pero
si yo te hubiese escrito, ¿eso habría cambiado en algo? No lo sé, no es fácil
expresar con palabras los sentimientos, pero lo hubieses intentado. Pero habrías
terminado enamorándote de lo que hubiese escrito, daba igual si te regalaba un
libro. Pues tampoco, lo sé, y además ya no quiero hablar sobre esto, creo que
te he dado tiempo suficiente y no me harás cambiar de idea. Entiendo, a pesar
que me duele, respetaré tu opinión. Me agrada que seas tan comprensivo, dijo y
sonrió dulcemente. Yo me sentía un tipo que por enésima vez, el rechazo me había
hecho madurar. Había escalado un peldaño más como persona –gráficamente ya
hasta perdí la cuenta de los escalones que he subido-. Y bueno, ya que estamos
en este momento de abierta franqueza ¿Qué querés hacer? Que me prestes tu
computadora, pues necesito revisar el chat, que vos me interrumpiste y tengo que
responder a alguien y es demasiado importante para mí
martes, 4 de diciembre de 2012
Cuando es ahora que te vas
Cuando la amalgama de unas palabras
ausentes y los puentes mutilados llegan sobre la tarde sin aviso. Cuando un
sueño aprieta la garganta y la voz no cruza la trampa del silencio. Cuando
dices que amanece sin abrir una grieta. Cuando la fisura solo se ve desde aquí adentro.
Cuando es ahora que te vas y no lo imagino.
Cuando aun quedaron pendientes por hacer.
Aquella película que pudo haberte recordado a mí cada noche imposible que ya no
vimos. Cuando prometimos escribir un poema juntos, pero nos daban miedo los
compromisos infinitos. Cuando juraba que no pensaría mucho en ti, ahora que te
vas a buscar tu invierno.
Cuando quise creer que era yo de nuevo.
Cuando no pude ofrecerte más que noches cualquiera para no mezclar destinos.
Cuando un espiral de temas hacía pretender que no terminaríamos de escribir la
historia. Cuando es ahora que te vas y no es seguro nada más que eso.
Cuando escriba desde lo lejos y en tu curiosidad
oculta rías o llores. Cuando se que de eso no podré dar fe. Cuando un murmullo me
de noticias de ti. Cuando quizá el tiempo termine por liquidarnos. Cuando es ahora
que te vas y tal vez lo olvidaremos. Habré de tenerte cerca en cada escalofrío del
tiempo. Si es que el tiempo no se va contigo, cuando es ahora que te vas.
-Erick Barrera Tomasino-
miércoles, 31 de octubre de 2012
Paréntesis poético
"Definitivamente estoy triste, pero el cuerpo ávido de ciertas pirotecnias es, sin embargo, cobarde. Ese cuerpo me obligará a quedarme aquí, donde la tristeza crecerá y crecerá hasta agitarme y ahogarme. José dijo una cosa genial sobre este país. Todo el mundo se reía mucho, recuerdo, pero ahora no recuerdo de qué se trataba la broma. Luego, con un movimiento especialmente brusco del culo al levantarme para ir a comprar cigarrillos (acción heroica), tumbé un vaso de cerveza e hice saltar del bolso las pastillas de sacarina de Gisela, que se diseminaron por lo ancho del mundo. Otro de los inconvenientes de beber demasiado. San Salvador no es una ciudad para beber, como Guanajuato o Veracruz, y sin embargo, hay técnicas agotadoras que cumplen su cometido ardoroso como una máquina de guerra. No escribiré más. Mañana, espero. O dentro de trescientos años."
Roque Dalton
-Pobrecito poeta que era yo-
miércoles, 15 de agosto de 2012
Carta a un amor en red
Amor: (entro)
De nuevo estoy en esta
cueva que llora por las grietas y ventanas cánticos de anhelos desterrados,
viendo por un agujero ultravioleta tu sonrisa que ríe al ojo del huracán y no a
mis labios que son de sangre y elixir. (Entro)
Oigo la música de este
catre sin recordar la letra de tus gemidos (borrar). El ritmo permanece pero la
esencia de tus caprichos de sonata se han desvanecido sin posibilidad de
penetrar esta pantalla que se ha vuelto -por azar de la tecnología- lo más
parecido a tu presencia. (Entro)
(Copio y entro de nuevo)
(Estado sin conexión)
Y pienso en esta
estancia, que peor que estar ciego, sordo o mudo, es estar ciego, sordo y mudo;
porque aunque tenga un par de manos deslizándose sobre tu piel como corteza
humedecida, no se si me miras a los ojos, si me gritas desbocada tu gusto por
mi árbol sin ramajes, ni se decirte que soy un escarabajo succionando de tu
sexo lo que me das para vivir así sin ti. (Borrar)
Y quiero desaparecer
bajo el cobertor de tus retoños, más soy esguince en la tormenta de tu inconsciente
que alambra mis implosiones. Te desvaneces en remolinos cual antifaz de pétalos
y mutismos y caigo en tu trampa de reflejos y destellos de sonidos autoprogramados.
(Entro)
Veo por fin tus sueños en
un estado de somnolencia graficada por las voces de este cuadrante inoperante. Alguien
canta tu ventana e imagino tu ropa interior enredada en placeres ingentes y
ocultados; y si me asomo de repente, lo que había de erecto en mi se distrae. (Cerrar
sesión)
Amada: (dos puntos) Mañana
no podrás ignorarme ni encenderás tus velas de aromas anestesiados. Ya el alba
vendrá demasiado tarde y quien sabe si por azares del hedonismo, por fin te encuentre
desnuda sobre esta cama. Mientras veo en diálogos ajenos tus pasos esquina
opuesta a este epitome de cada noche, en tanto tú te distraes leyendo esto que
termina siendo una carta.
Erick Barrera Tomasino
(La ciudad y su sombra, 2012)
lunes, 21 de mayo de 2012
Beber, sediento, soñando
![]() |
| Foto cortesía: Debbie Weston |
Beber y no pensar en el mañana.
Beber y estar a tu lado, bebiendo. La insoportable ebriedad de acercarme y no
tener excusas para estar. Para hacer que te quedes vestida de ti y de mis
brazos, abrazándote. Beber de tu oxígeno lastimado de pasados inconclusos, de
ayeres mal encarados, de males no penetrados en el depósito del olvido.
Tener miedo de ti, bebiendo;
de tu mascarada exprimida de verdades, avanzando. Un rayo arrebatador mientras
llueve por las calles olvidadas de sobrias apariencias. Beber y no beber de ti.
De tus labios como fuego impetuoso. Observando tus distancias, tus promesas,
tus respuestas. Algo que no cala en el manual del cortejo. Amaneciendo.
Tus pasos balanceando mi
poco éxito en detenerte avanzan casi tropezando mis palabras al límite.
Naufragar en tus pechos con el pensamiento cuando vuelves a ver para no verme.
Encontrarme en los
subterfugios de la noche, mientras el frio cala mis huesos. Fumando la angustia
de no estar de nuevo ni como piedra en el abismo ni como un globo sin lastres. Odio
gentil que manipula el sabor de unos labios voraces por arrancar de ti tu
inmortalidad. Profunda mirada que insertas atravesando una mirada que no es la
tuya. Todo esto que pienso, bebiendo.
Hacer
de toda la ciudad una imagen que se desliza por tu espalda, bailando. Preguntar
sin eco por tu tacto; los vaivenes que me dejas al abrir los ojos de madrugada.
Nombrarte y no saberte, palpitando de interrogantes para que me encuentres en
otras contingencias. Beber y no pensar en el mañana, sediento de ti. Soñando.
La Ciudad y su Sombre (2012).
martes, 8 de noviembre de 2011
Aun con esta soledad
![]() |
| Foto: Letizia P. |
Aun en esta soledad tengo el privilegio de conocer gente que me hacen pensar lo bueno que es estar solo. De reconocer que la gente no tiene una vida, que se encargan de invadir las otras y hacerme adoptar su agenda. Yo, tan timorato de nostalgia, quisiera llevarme de encuentro una que otra presencia, mas sin embargo estas lunas que engalanan mi almohada y me revientan con poses de indiferencia, quisieran arrastrarme a ese enigma que son tus vellos, que he deseado tanto lamer mientras me arrastro cada noche de retorno a casa.
Aquí, mientras pasas con tus secretos en la penumbra de mi cama; que si quisieras con una sola señal podría ser nuestra; imagino lo demoniaco de ese olor no de amonio ni de matrices nupciales, sino de enfrascada moral olvidada. Me baña de ilusión cada cierta hora que no vienes, (estoy demasiado ebrio, ebrio de mí y de lo que no soy). Quizá lo olvides al pasar la aguja del tiempo, mas no me importa, yo también olvido y te recuerdo, te evoco en tu demencia que me gusta tanto como cuando dices buenas noches y te desnudas de mi en los pensamientos.
Lo se porque te he visto, porque te espío aun con mi miedo a que no lo comprendas, porque se que en el fondo, ahí donde habito, esperas que yo también te sorprenda hurgando esto que el mundo llama deseo.
Mi nombre, que es la síntesis de lo que soy, te ahuyenta. Quizá porque no aparece en tarjetas ni en las presentaciones de los viernes, mucho menos está esculpido en piedra o en canastos, es solo un dato, un estandarte que no trasciende los 272 mil kilómetros cuadrados que abarcan este manicomio. Es un portavoz de lo que calla cuando no tiene más argumentos que el presentarse tal cual es. Así me observo. Y lo veo en tu mirada a la cual le soy indiferente. Tú callas. Yo existo en la contraportada vacua de una mala pasada; de esas que se desechan con el siguiente trago y aun más allá con la risa de lo que genera esto que digo apenas con las palabras que me has enseñado.
Que otra cosa puedo decir, más que me estoy inventando una vida solo para que la invadas y así sentir que al menos tengo algo de lo que puedas apropiarte. Si tan solo una señal tuya pasara por el limbo de mi puerta que -como sabes- permanece siempre abierta a tu llegada.
martes, 6 de septiembre de 2011
Vivir intensamente
| Foto: Letizia P. |
Vivir intensamente. Vivir a media voz y no guardar el silencio. Vivir tus paredes, tus aires. Vivir cuando venís y cuando estás por marcharte. No vivir cuando cruzás inmuta la calle. Cruzar tus poros como una lágrima, viviendo.
Transmutarme a través de tu pecho. Refugiarme como una fragata sobre la mar rampante de tu sexo. Vivir como una promesa. Como una carta escrita de tu mirada a la inversa. Esperarte cinco horas o cinco horcajadas, pero viviendo.
Devolverte el aroma, los abrazos, la pasión intensamente. Echar toda mi vida por tu espalda, sintiendo. Volar tus obstáculos, tus miedos, tus vedas de fronteras pasadas. Quizá raptarte a mi lado, viviendo.
También morir intensamente. De fatiga. De preñez derramada en la humedad de tu vientre. Crispados los cabellos, cabalgando. Empuñar mi vergüenza, guardarla bajo la noche como una cerradura. Contarte los días, contar tus respuestas, cada vuelta a la esquina, cada paso en contra. Contar también cada palabra no dicha. Como una llaga en cuarentena. Como una mordaza intensa. Pero también viviendo.
viernes, 26 de agosto de 2011
Vos y la lluvia
La lluvia me aparece como un acta, como un memorándum, como un listón en el diafragma; se aparece, para que evoque en mí, momentos especiales y no tanto, simpáticos y no tanto, alegres ¿Quién sabe cuanto? La lluvia me invita a dormir, para que en sueños nuestra conversación se extienda.
Por ejemplo anoche tuve un sueño digamos que surrealista (como un corto de Jodorowsky dirías): vos y yo seguíamos conversando en una especie de sofá móvil, con rueditas y banderas de muchos colores, recorriendo un puente también de muchos colores y sonidos de aplausos. Luego al mirarte a los ojos me dieron ganas de darte un beso y te di un beso y los aplausos sonaban en una sola algarabía. Los aplausos sonaban como a rio, como lluvia intermitente, como cuando los sueños se juntan.
Quizá no te guste que sueñe con estas cosas, quizá a mi tampoco me gusta que llueva cuando no estamos cerca. Quizá la lluvia y los sueños no quieren que te vayas y por eso irrumpen este espacio que te reservo. ¿Qué se puede hacer con estas cosas que están fuera de uno y dentro de los dos?
La lluvia lejos de tu abrazo me suena hueca y me sabe fría; cerca de tu abrazo aunque sea fría me es excusa para tomarte de la mano y mirar tus ojos. Tus ojos me invitan a seguir soñando. Seguir soñando me convoca a volverte a ver. Aunque ahora esta ausencia me sepa a defunción a ultimátum, a una soga en la esperanza.
jueves, 4 de agosto de 2011
Es de sentido común
| Foto: Maricruz Sánchez. |
Hora y media y sigo esperando. Cualquier ser humano con sentido común se hubiera largado. Pero imaginármela tendida en eso que yo insisto en llamar cama, motiva que cada cinco minutos le siga esperando cada cinco minutos más. Y de eso ya pasó hora y media de la hora acordada. El sentido común nunca ha sido mi fuerte. Sobre todo si veo sus piernas acercarse a mi y ella diciendo “hola amor, disculpá la tardanza” y yo tranquila, también acabo de llegar. Pura imaginación.
Que alguien se siente a la par mía y se queje del mundo y de lo mierda que es cada cinco minutos, no es de sentido común. Es decir, en estos tiempos es común, pero no le encuentro sentido. Prefiero estar imaginando sus menudas piernas –las de ella- que vienen hacia mi para que las bese de abajo hacia arriba y ella diciéndome tranquilo cariño. Y yo que no pasa nada. Pura frustración.
Ver una película mientras retozamos en eso que yo insisto en llamar cama mientras me frota con sus pequeñas piernas para excitarme, es mas de sentido común que estar ya mas de hora y media esperándola y escuchando a este tipo quejarse de lo mierda que es; lo peor que yo hago una sonrisa como de tranquilo no pasa nada y el insiste en hablarme como si me importara. Puro desahogo.
Pasar dos horas sentado en un banco en el parque, imaginándome que ella si va a llegar en cualquier momento, mientras no puedo quitarme de la cabeza aquella canción maldita de la cual nunca he aprendido la letra. Y yo tranquilo, ya llegará. Y me digo a mi mismo ¿Quién? Ella o la letra de esta canción que no tiene ningún sentido. Sobre todo si junto a la canción la veo a ella bailar y yo con una erección destevuelo, no es agradable sobre todo con este tipo que esta a la par quejándose ya no se de que.
Saber que está por llover y un mensajito que mi teléfono diciendo literalmente así: cariño, tranquilo pero llego más tarde de lo pensado. Besos. Y verme quejándome con el aparato no es de sentido común, es más lógico que le siga esperando aunque ya hayan pasado más de dos horas. Eso si es de sentido común, como quien se va a cubrir de la lluvia a tomar un café cagar fumarse un cigarro o ver una película y decirle a ella tranquila no pasa nada, si es que algún día llega para besarle las piernas de abajo hacia arriba aunque se en esa cosa que yo insisto en llamar cama. Pura mierda.
miércoles, 20 de julio de 2011
Hay algo extraño que me impide ser vulgar
Hay algo extraño en mí que me impide ser vulgar. Debe ser algo serio. Para que a estas alturas de mi vida me preocupe, debe ser serio. Leer a Madiedo es realmente serio. Casarse antes de cumplir los treinta años no lo es. Fumar y emborracharse es algo placentero, no lo catalogaría como algo serio. Quizá sea el hecho de ser vulgar es una cuestión de moda. Sin embargo nadie sabe quien inventa las modas como para reclamarle seriamente, esta súbita preocupación por no ser vulgar.
Las modas las inventan personas que no tienen nada que hacer. Pero lo hacen bien. Invierten su no tener nada que hacer para que yo está ahora preocupado. También me casaría, pero prefiero tocarle las nalgas mientras la abrazo. Pedirle que frote mi pequeño miembro, esta deprimida cosa que no quiere salir a la luz. Esta es otra tonta forma de evitar ser vulgar.
Decir cosas sucias a su oído, podría volverse serio, siempre que no sepa explicarme. No se si habría de explicarle algo. No le he dicho nada aun, no quiero que me arroje al suelo, tome sus cosas y se vaya para siempre. Al menos no ahora. Eso si que seria serio. Mejor abro la botella de vino, emborracharme y justificarlo todo por los efectos etílicos. Ahora me sonríe, creo que también es alcohólica.
Mierda. Ahora que veo sus nalgas me dieron ganas de morderla. Qué serio. Tenerlas a unos cuantos centímetros de mi boca y no poder tocarlas. Ahora sueno como aquella vieja canción de la Sonora Dinamita. Si no hubiera algo extraño en mí que me impide ser vulgar la cantaría en este momento.
Toda esta preocupación ya se está poniendo seria. Vivir en una ciudad y no tener nada más que hacer. Agotar todas las ganas de quedarse es serio. Decirle que se quite la ropa mientras llueve y se viene un viento frio también lo es. Penetrarla cuantas veces pueda, debería ser excitante. No lo catalogaría como algo serio. Quedarme sentado viendo como se va, es tan serio como esta extraña sensación que me impide ser vulgar. Quedarme escribiendo mientras bebo la última gota de vino debe ser algo serio.
Si me quedara escribiendo y si aun quedara una gota de vino.
jueves, 7 de julio de 2011
Ser más creativo
| Foto cortesía de Masiel |
Soñé con vos anoche, era un sueño raro. Soñaba que te mordía las nalgas, no era una mordida agresiva, era más bien como si pellizcara tu piel sutilmente con mis dientes, como un mordisco.
Sos un pervertido.
No, la pervertida sos vos. Vos que te aparecés en mis sueños repentinamente. Los subvertís, me provocás, me sugerís. No me dejás dormir y aun más, ni siquiera los hacés realidad.
También soñé con vos. Soñé que cumplía tus sueños, que salía de una cueva y te embestía como una fiera que va morir de madrugadas; no se, desde que tocamos estos temas francamente me ha dado por recrear mis fantasías en un estado completamente onírico. No te alegrés, no sos exclusivo, me podría pasar con cualquiera.
Dejame hacerte unas fotos. Quiero comerte con la cámara, vamos, desnúdate quiero beber de tu fuente para inspirarme, abrazá con tus pechos esta fiebre que llevo como a un sombrero. ¿Te da vergüenza? Jajaja, que qué voy hacer con las fotos. Me las voy a comer. Cada vez que me cambie el estado de ánimo cogeré una foto y la tomaré como píldora. Como el viejo remedio que no te gusta pero que con sollozos lo vas pasando…
Estás enfermo.
No entiendo a las mujeres. Primero se quejan de que un hombre les miente, se deprimen, van al terapeuta, comen chocolate, salen con sus amigas y destrozan todo aquello que huele a recuerdo. Pero si uno dice la verdad se ponen a la defensiva, encubren su intimidad y desvían lo dicho adonde se pierda en solitario.
No me reclamés, a los hombres les pasa exactamente igual.
Si, pero estamos generalizando. Quizá solo me refiero a vos.
En efecto, quizá solo seamos nosotros dos hablando de nosotros dos.
Al menos yo estoy conforme que seas feliz y vengás a quejarte de tu pareja conmigo, me regalés tus risas, tus llantos –y a veces- tu desnudés, tus abrazos, tus sueños… hacés que pase mas tiempo en mi cuarto, lo arregle y lo desarregle. Lo acomode solo para vos. Aunque ni tomés en serio que soñé que te mordía las nalgas. Que…
Que las pellizcabas con tus dientes, como un mordisco.
¿Me pusiste atención?
Deberías ser más creativo. Aunque no lo creás, mientras me desprendo de mí y de mis miserias para venir a estar con vos un rato, también te escucho. Y a veces te odio. Pero como me has enseñado, uno puede amar a tantas personas a la vez así como se odia en colectivo, se odia en desbandada, se ama con el mismo estilo. Ya no me causa molestia.
Pues por lo menos amá en la misma proporción de la que odiás.
Tendría que amar a la mitad del mundo entonces.
Empezá por mí.
Sos un pervertido, estás enfermo y además… no has dejado de ser ingenuo.
miércoles, 22 de junio de 2011
Justo ayer te recordaba
Justo ayer te recordaba, eras tema de una mesa con los amigos y mas tarde eras la compañera silenciosa que tenía entre mis brazos. Solo que no te diste cuenta.
No era nada grave, solo una nostalgia, que sí podría ser grave aunque no lleve tilde. El hecho es que fui yo quien te recordaba, si eso aun tiene significado. Quería quedarme libre bajo tu abrigo aunque seria irónico buscar la libertad para quedarse encerrado.
Miraba tu rostro abandonado de fábula. Me preguntabas que tal me va y yo te respondí: Me va como al sol que se la pasa todo el tiempo solo. Eso si, las esperanzas no las pierdo, las guardo en lugares secretos, así cuando vengas te las muestro, como tus misterios que desnudo en la penumbra de tu ausencia.
El problema de recordarte es quedarme casto, pulcro, sereno. Que empiece a acostumbrarme a no saber de vos, que ya ni en mis delirios te nombre, que ni los domingos a la hora del café te suspire como quien sopla una taza solo que a la inversa.
Justo ayer te recordaba y quizá hoy mismo también esté recordándote, solo que no te enterás, pues no hemos aprendido a cruzarnos la melancolía.
Pero sabés que es lo que mas me preocupa; me he dado cuenta que estoy enamorado de mi, me la paso bien solo conmigo mismo, aunque cuando me desvisto de mi propio ser, me vea en una esquina llorando tu abandono.
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