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viernes, 11 de marzo de 2016

Discúlpeme la bulla

Discúlpeme la bulla

Erick Tomasino.

Discúlpeme la bulla, se sube alguien al autobús y canta inoportuno la canción de moda mientras promete no meternos la daga si le damos alguna ayudadita.

Repiten en las calles que la culpa de todo es de los políticos, refiriéndose por políticos a la gente de saco y corbata que desfila por las instituciones del Estado.
Algunos de estos políticos se defienden y dicen que la culpa es de los periodistas, refiriéndose a aquellos que trabajan para los grandes medios de comunicación que repiten las mentiras que sus dueños les ordenan.
Algunos de ellos se defienden y dicen que no todos son iguales, lo que pasa es que unos siguen órdenes y lo hacen por hambre, mientras por las calles pasa un joven -mochila al hombro- ofreciendo café instantáneo.
Los empresarios se quejan vociferando que el principal problema es la delincuencia, refiriéndose por delincuencia a los pobres, mientras huyen sigilosos a contar dinero mal habido.
Un hombre empobrecido dice que el problema son los otros pobres que son güevones que no quieren trabajar, mientras cuenta las monedas para fotocopiar por enésima vez su hoja de vida.
Discúlpeme la bulla.
Lo que pasa es que aquí hace falta educación, le responde alguien vestido con el uniforme de la escuela militar.
O será la falta de cultura, le reclama una muchacha que en su regazo lleva un libro de cómo vestirse mejor para quedar bien con su marido.
Unos poetas dicen –con su aura incólume- que el problema es que los artistas no se unen, argumentando que la unidad va desde el vocero de la cámara de comercio hasta la que vende quesadillas en una esquina del centro de la capital (que también es poeta pero nadie la ha tomado en serio) y se van a su encierro para sacarle la fresa a las musas tropicales.
Discúlpeme la bulla, la interrupción, continúa el chico cantando mientras ya nadie le escucha. Unámonos todos en oración –solicita- asumiendo que todos pertenecemos a su misma secta.
Y tras aquello todos cerramos los ojos cada quien confiado que su razón es la única verdadera, esperando que el chico se baje para volver a sacar el teléfono inteligente.


domingo, 24 de marzo de 2013

Faltaba música


Cuando Carol apareció por fin en el bar, teníamos un poco de miedo que el pasado nos delatara; digamos que en aquella época, ella y yo no habíamos formalizado nuestra relación. Nos tratábamos a la distancia e intentamos -no con mucha fortuna de mi parte- actuar como si de dos desconocidos se tratara.
Manteníamos contacto por correo. Eventualmente contábamos algo de nuestra vida, pero sin brindar muchos detalles, era más bien una forma de mantener la comunicación. Eso era así, hasta que un día, le propuse que viniera a visitarme. Eso nos llevó a pensar qué podríamos hacer cuando nos viéramos. De ahí que la expectativa me llevó a confesarle que lo que más me apetecía era tener sexo con ella. Lo dije como si fuese mi último deseo. Y ella, sin mucho problema aceptó e inmediatamente planificó su llegada.
Por fin se llegó el día de su venida. Quedamos de vernos una tarde en un sitio a orillas del lago. Cuando se apareció la vi más hermosa de cómo la recordaba. Venía con su cabello suelto, como siempre suele utilizarlo y sonrió al verme. Por fin, después de tantos correos ya era tiempo de que nos encontráramos. Ha pasado mucho tiempo. Sin embargo, las palabras no me fluían como cuando le escribía. Eres más callado de lo que recordaba. Por eso escribo, para compensar mi poco don de conversación. Pues es una lástima, porque escribes bastante mal y si ni siquiera eres capaz de hablar, no será tan fácil que te lleve a la cama. Quedé callado y mi mirada se congeló en la carta. Había empezado con un punto sensible.
Como no reaccionaba de mi abstracción, Carol ordenó ron y algo para picar. Bebimos y aun no encontraba la manera de llegar al tema principal, es decir, proponerle que nos fuéramos de una buena vez a su hotel y materializar nuestras fantasías expresadas virtualmente.
¿Yo te gusto? –preguntó Carol sin rodeos- Mucho. Me lo imaginaba. Yo no quería conversar; pensaba que cualquier cosa que yo dijese, ella tendría una respuesta nada favorable para mi ego. Has estado solo últimamente, me refiero si has estado con chicas. Es un poco raro, pero mi cama, cuando ve que me acerco con mis propias soledades, como que se arruga, como haciendo muecas de desagrado. Como que ya no le basta solo dormir. Por eso le sugiero una acompañante para actuar como un sueño que se cumple con la piel. Ella sonrió, sin decir nada y dio un buen trago. Me sentí muy inteligente en ese momento. Por fin le dije algo para impresionarla.
El bar se iba llenando poco a poco, con lo que a mí me desagradan los lugares con mucha gente, le propuse si nos íbamos a otro sitio. Estoy bien aquí, además parece que habrá música en vivo y tengo curiosidad de escuchar al grupo. Con lo que a mí me desagradan los músicos que se quedan con todas las chicas, le insistí si nos íbamos de una buena vez. Puedes irte si quieres, pero si deseas estar en mi cama esta noche, tienes que esforzarte un poco más. Cuando me dijo eso, sentí como si me había puesto una cadena para atarme a la silla.
El grupo inició con su presentación. Fatal. Eran tan malos que nadie les prestaba atención, a excepción de mí, irónicamente. Vaya, tú querías irte y parece que eres el único que está disfrutando la música. Es que también soy músico, le recordé. Entonces ve pensando en una canción, así me la dedicas. Comencé a temblar de los nervios. Es que no he practicado desde hace mucho. Es una lástima, porque si te subes a cantarme una canción, haré todo lo que me pidas esta noche. Al oír eso, me puse a practicar mentalmente, pero no lograba recordar ni una tan sola canción. No es justo le dije. No se trata de justicia, sino de ganas, dijo. Seguía golpeándome. Y por más que me esforcé no me ocurrió nada. Le di un buen trago al ron. Y ella sonrió victoriosa.
Dejamos de hablar por un buen rato. El grupo invitó a uno de los chicos que estaba entre el público a que cantara algunas canciones y él, bastante animado, subió al escenario. Comenzó con su repertorio. Fatal. Ves como este si se animó, y mira su novia está feliz. Bueno, yo también estaría feliz teniendo a este chico a varios metros de distancia –balbuceé-, supongo que ella lo está por eso. No seas tonto. Esa debe ser su manera para expresarle a la chica su amor, si yo fuera, haríamos el amor cadenciosamente al son que me tocara.
Como se acabó la música y estábamos sintiéndonos ebrios, Carol por fin dijo que nos fuéramos a su hotel. Mi sonrisa sugirió lo entusiasmado que me ponía. Pero no te hagas muchas ilusiones, que a lo mejor será solo para dormir. Lo veremos ya estando ahí. Fuimos hasta el hotel y yo trataba de ir calentando la situación, pero ella estaba convencida que no habría nada esa noche, rechazaba mis intentos por besarla y yo me iba sintiendo frustrado. Llegamos y fuimos directo a su habitación. Para mi sorpresa, fue cerrando la puerta y ella se me abalanzó, quitándonos desesperadamente la ropa. Mi deseo fue aumentando y los nervios, de nuevo, querían jugarme una mala pasada. ¿Qué te pasa? ¿No que me deseabas tanto? Claro, pero verte así me pone idiota. Es que nunca cambias, ahora me tienes cerca de ti y te comportas como un adolescente virgen.
Dejé que ella tomara la iniciativa. Por fin ya estábamos desnudos sobre la cama. Carol gritaba no producto del placer que me imaginaba brindarle, sino gritos de reclamos, como que no lo estaba disfrutando y eso generaba en mí, además de desconcentración, que mi deseo se fuera disminuyendo, tanto que terminé más pronto que de costumbre, pues me sentía desbaratado por no serle complaciente. Luego que me corrí y que no lograra excitarme de nuevo, Carol se arrojó a la cama y se cubrió con las sábanas. Tanta mierda para esto –dijo- mejor durmámonos. Estaba tan molesta que no quiso escuchar excusas y ni siquiera dejó que le abrazara.
La noche se desvaneció lentamente y como solo quería que todo pasara, me dormí tratando de no recordar lo sucedido. Por la mañana, con mucho dolor en mi ego, traté de reivindicarme. No hagas nada, que no estoy con ánimo de hacerlo con vos. Mejor levantémonos, te invito a desayunar y luego te vas. No fue buena idea venir a verte, no sé en qué estaba pensando cuando accedí. Diciendo eso, nos vestimos y salimos. Me sentía incapaz de hacer algo que relajara el ambiente.
Sentados a la mesa, como si de dos desconocidos se tratara, desayunamos y Carol se despidió, le ofrecí que yo pagaría la cuenta. El silencio me otorgaba la oportunidad de no demostrar mi estupidez y vi como ella se iba alejando cual combatiente que ha destrozado a su enemigo. En ese instante, la falta de baño me produjo escozor en los testículos, disimuladamente me rasqué tratando de asegurarme que aun estaba completo. El placer que me daba me recordó una canción. Busqué dinero para cancelar. Había traído las llaves del cuarto conmigo. Di un buen trago a mi café y salí.

(De: La Caverna y Su Sombra)

sábado, 2 de febrero de 2013

Las personas y las letras



No era fácil convivir con ella todos los días en la oficina. Había que tener demasiada fuerza de voluntad para resistirse a besarla cada vez que se acercaba a mí para preguntar algo. O quizá como nunca he sido un tipo fuerte, jamás conseguí siquiera tener el ímpetu para robarle un beso. No obstante me incomodaba verla ahí tan cerca, tan hermosa, recogiendo sutilmente su cabello con esos dedos ávidos de pasión y sonriéndole a la pantalla de su computadora. Me daban ganas de tener el rostro como una pantalla LCD para tener contacto con sus ojos. Ella sonreía, a veces hasta se sonrojaba, miraba eventualmente a su alrededor para cerciorarse que nadie la sorprendiera. Mordía sus labios. Volvía a sonreír. Supongo que nunca se percató como yo la observaba.
Un día, por fin, me decidí a abordarla. Necesitaba saber qué pasaba en su cabeza. Qué idea tenía de mí –si es que había alguna- Si por algún azar de la vida, o por un milagro espiritual, o por simple caridad, ella podría aceptar salir conmigo. Aproveché mientras estábamos solos en la oficina, cerré la puerta con un poco de ruido para que notara mi presencia, ella vio un poco sorprendida y volvió a lo suyo, a la computadora, a digitar con esos dedos candentes, las teclas que la comunicaban con un más allá presumiblemente más agradable que la realidad que la circundaba. Acerqué una silla, la puse al lado de ella y desconecté su computadora. ¿Qué te pasa? me dijo. Es momento de que hablemos, le respondí.  Está bien, dijo tranquilamente como si mi acción no hubiese significado nada en absoluto.
Sin más preámbulo le declaré mis sentimientos, le dije todo lo que me provocaba verla cada día, que no soportaba ni un segundo más esa agonía de tenerla tan cerca y no poder expresarle todo mi amor. Lo tuyo no es amor dijo tajante. Bueno, no importa como se llame, pero no soporto mas vivir sintiendo esto que estoy sintiendo que según vos no es amor. Estás loco, a mí ni siquiera se me ha cruzado por la mente tener algo con vos. No te preocupés yo ya lo he pensado demasiado… y como no tenía ninguna explicación, abruptamente tomé su rostro y la besé. Con toda serenidad, ella solo acertó a decir: Tonto, que no vez que alguien podría entrar y sorprendernos. La puerta está cerrada, le dije, así que podemos reservarnos el derecho de admisión.
Mira, no quiero hacerte sentir mal, no es que no me gustes, pero pienso que lo tuyo es una atracción meramente sexual y yo creo que el sexo sin amor no es bueno. Esta chica se volvió moralista, pensé. Suele pasarme que las chicas más de libre pensamiento y de actitud moderna, cuando les expreso mis intenciones, terminan hablándome de dios, la religión, lo siete pecados capitales y del sexo solo con amor, que si no es pecado. No te preocupes, que si para eso yo traigo suficiente amor ahora conmigo, esta vez yo lo pongo y la próxima vos lo pagás. No lo tomó muy en gracia y me negó tres veces.
Es que no es fácil. Ni siquiera me has dado señales como para que intente fijarme en vos. Bueno, no sé qué podría hacer, si el amor tiene sus secretos, deben estar tan bien escondidos que yo nunca los he encontrado. Bueno, tampoco lo sé; pero por ejemplo hay un chico que me escribe unas cartas muy hermosas, siento que ese es bonito detalle.
Yo también escribo, por si no lo sabés. Siempre he pensado que las personas se enamoran más de lo que escribo que de quien soy. Si te contara acerca de los varios comentarios al respecto, por ejemplo me dicen: oh, me enamoré de tu  último poema; la novela que escribiste realmente me sedujo y una infinidad de mierdas así. Creo que por eso me volví un activo militante en favor del matrimonio entre las personas y las letras. Pero creo que algo cambia dependiendo de quién las exprese. De repente recuerdo cuando mis amigos me pedían que les escribiera las cartas a las chicas que les gustaban, solo bastaba que me contaran un poco la historia y yo desarrollaba ingeniosas líneas que luego se convertían en cartas de amor; al poco tiempo nacía una nueva pareja, me daba un poco de gracia pensar que las pobres en el fondo se enamoraban de mí, claro, nunca se sabía la verdad, eso habría sido terrible para el negocio; mas sin embargo, cuando eventualmente yo escribía una carta con similar contenido para alguna chica por quien sentía un profundo sentimiento, eso no funcionaba igual, entonces pensaba que había algo más que las puras palabras. Incluso si sabían que yo escribía muy bien, las chicas terminaban expresando ese profundo y soso amor por mis palabras y no por mí.
Pero vos nunca me escribiste nada a mí, balbuceó como reclamando. Además este chico me ha invitado a viajar a otro país, eso me pareció un bellísimo gesto de su parte. Bueno, si no lo recuerdas yo también te he invitado a visitar otro país. No seas idiota, dijo efusivamente. El me ha invitado a recorrer Italia y tú querías hacer una excursión a El Salvador. Bueno, es que yo soy así como un tipo exótico, traté de defenderme.
Pero si yo te hubiese escrito, ¿eso habría cambiado en algo? No lo sé, no es fácil expresar con palabras los sentimientos, pero lo hubieses intentado. Pero habrías terminado enamorándote de lo que hubiese escrito, daba igual si te regalaba un libro. Pues tampoco, lo sé, y además ya no quiero hablar sobre esto, creo que te he dado tiempo suficiente y no me harás cambiar de idea. Entiendo, a pesar que me duele, respetaré tu opinión. Me agrada que seas tan comprensivo, dijo y sonrió dulcemente. Yo me sentía un tipo que por enésima vez, el rechazo me había hecho madurar. Había escalado un peldaño más como persona –gráficamente ya hasta perdí la cuenta de los escalones que he subido-. Y bueno, ya que estamos en este momento de abierta franqueza ¿Qué querés hacer? Que me prestes tu computadora, pues necesito revisar el chat, que vos me interrumpiste y tengo que responder a alguien y es demasiado importante para mí

martes, 4 de diciembre de 2012

Cuando es ahora que te vas


Cuando la amalgama de unas palabras ausentes y los puentes mutilados llegan sobre la tarde sin aviso. Cuando un sueño aprieta la garganta y la voz no cruza la trampa del silencio. Cuando dices que amanece sin abrir una grieta. Cuando la fisura solo se ve desde aquí adentro. Cuando es ahora que te vas y no lo imagino.

Cuando aun quedaron pendientes por hacer. Aquella película que pudo haberte recordado a mí cada noche imposible que ya no vimos. Cuando prometimos escribir un poema juntos, pero nos daban miedo los compromisos infinitos. Cuando juraba que no pensaría mucho en ti, ahora que te vas a buscar tu invierno.

Cuando quise creer que era yo de nuevo. Cuando no pude ofrecerte más que noches cualquiera para no mezclar destinos. Cuando un espiral de temas hacía pretender que no terminaríamos de escribir la historia. Cuando es ahora que te vas y no es seguro nada más que eso.

Cuando escriba desde lo lejos y en tu curiosidad oculta rías o llores. Cuando se que de eso no podré dar fe. Cuando un murmullo me de noticias de ti. Cuando quizá el tiempo termine por liquidarnos. Cuando es ahora que te vas y tal vez lo olvidaremos. Habré de tenerte cerca en cada escalofrío del tiempo. Si es que el tiempo no se va contigo, cuando es ahora que te vas.

-Erick Barrera Tomasino-

miércoles, 31 de octubre de 2012

Paréntesis poético

"Definitivamente estoy triste, pero el cuerpo ávido de ciertas pirotecnias es, sin embargo, cobarde. Ese cuerpo me obligará a quedarme aquí, donde la tristeza crecerá y crecerá hasta agitarme y ahogarme. José dijo una cosa genial sobre este país. Todo el mundo se reía mucho, recuerdo, pero ahora no recuerdo de qué se trataba la broma. Luego, con un movimiento especialmente brusco del culo al levantarme para ir a comprar cigarrillos (acción heroica), tumbé un vaso de cerveza e hice saltar del bolso las pastillas de sacarina de Gisela, que se diseminaron por lo ancho del mundo. Otro de los inconvenientes de beber demasiado. San Salvador no es una ciudad para beber, como Guanajuato o Veracruz, y sin embargo, hay técnicas agotadoras que cumplen su cometido ardoroso como una máquina de guerra. No escribiré más. Mañana, espero. O dentro de trescientos años."

Roque Dalton
-Pobrecito poeta que era yo-

miércoles, 15 de agosto de 2012

Carta a un amor en red


Amor: (entro)

De nuevo estoy en esta cueva que llora por las grietas y ventanas cánticos de anhelos desterrados, viendo por un agujero ultravioleta tu sonrisa que ríe al ojo del huracán y no a mis labios que son de sangre y elixir. (Entro)

Oigo la música de este catre sin recordar la letra de tus gemidos (borrar). El ritmo permanece pero la esencia de tus caprichos de sonata se han desvanecido sin posibilidad de penetrar esta pantalla que se ha vuelto -por azar de la tecnología- lo más parecido a tu presencia. (Entro)

(Copio y entro de nuevo) (Estado sin conexión)

Y pienso en esta estancia, que peor que estar ciego, sordo o mudo, es estar ciego, sordo y mudo; porque aunque tenga un par de manos deslizándose sobre tu piel como corteza humedecida, no se si me miras a los ojos, si me gritas desbocada tu gusto por mi árbol sin ramajes, ni se decirte que soy un escarabajo succionando de tu sexo lo que me das para vivir así sin ti. (Borrar)

Y quiero desaparecer bajo el cobertor de tus retoños, más soy esguince en la tormenta de tu inconsciente que alambra mis implosiones. Te desvaneces en remolinos cual antifaz de pétalos y mutismos y caigo en tu trampa de reflejos y destellos de sonidos autoprogramados. (Entro)

Veo por fin tus sueños en un estado de somnolencia graficada por las voces de este cuadrante inoperante. Alguien canta tu ventana e imagino tu ropa interior enredada en placeres ingentes y ocultados; y si me asomo de repente, lo que había de erecto en mi se distrae. (Cerrar sesión)  

Amada: (dos puntos) Mañana no podrás ignorarme ni encenderás tus velas de aromas anestesiados. Ya el alba vendrá demasiado tarde y quien sabe si por azares del hedonismo, por fin te encuentre desnuda sobre esta cama. Mientras veo en diálogos ajenos tus pasos esquina opuesta a este epitome de cada noche, en tanto tú te distraes leyendo esto que termina siendo una carta. 

Erick Barrera Tomasino
(La ciudad y su sombra, 2012)

lunes, 21 de mayo de 2012

Beber, sediento, soñando


Foto cortesía: Debbie Weston

Beber y no pensar en el mañana. Beber y estar a tu lado, bebiendo. La insoportable ebriedad de acercarme y no tener excusas para estar. Para hacer que te quedes vestida de ti y de mis brazos, abrazándote. Beber de tu oxígeno lastimado de pasados inconclusos, de ayeres mal encarados, de males no penetrados en el depósito del olvido.
Tener miedo de ti, bebiendo; de tu mascarada exprimida de verdades, avanzando. Un rayo arrebatador mientras llueve por las calles olvidadas de sobrias apariencias. Beber y no beber de ti. De tus labios como fuego impetuoso. Observando tus distancias, tus promesas, tus respuestas. Algo que no cala en el manual del cortejo. Amaneciendo.
Tus pasos balanceando mi poco éxito en detenerte avanzan casi tropezando mis palabras al límite. Naufragar en tus pechos con el pensamiento cuando vuelves a ver para no verme.
Encontrarme en los subterfugios de la noche, mientras el frio cala mis huesos. Fumando la angustia de no estar de nuevo ni como piedra en el abismo ni como un globo sin lastres. Odio gentil que manipula el sabor de unos labios voraces por arrancar de ti tu inmortalidad. Profunda mirada que insertas atravesando una mirada que no es la tuya. Todo esto que pienso, bebiendo.
Hacer de toda la ciudad una imagen que se desliza por tu espalda, bailando. Preguntar sin eco por tu tacto; los vaivenes que me dejas al abrir los ojos de madrugada. Nombrarte y no saberte, palpitando de interrogantes para que me encuentres en otras contingencias. Beber y no pensar en el mañana, sediento de ti. Soñando. 

La Ciudad y su Sombre (2012).

martes, 8 de noviembre de 2011

Aun con esta soledad

Foto: Letizia P.

Aun en esta soledad tengo el privilegio de conocer gente que me hacen pensar lo bueno que es estar solo. De reconocer que la gente no tiene una vida, que se encargan de invadir las otras y hacerme adoptar su agenda. Yo, tan timorato de nostalgia, quisiera llevarme de encuentro una que otra presencia, mas sin embargo estas lunas que engalanan mi almohada y me revientan con poses de indiferencia, quisieran arrastrarme a ese enigma que son tus vellos, que he deseado tanto lamer mientras me arrastro cada noche de retorno a casa.
Aquí, mientras pasas con tus secretos en la penumbra de mi cama; que si quisieras con una sola señal podría ser nuestra; imagino lo demoniaco de ese olor no de amonio ni de matrices nupciales, sino de enfrascada moral olvidada. Me baña de ilusión cada cierta hora que no vienes, (estoy demasiado ebrio, ebrio de mí y de lo que no soy). Quizá lo olvides al pasar la aguja del tiempo, mas no me importa, yo también olvido y te recuerdo, te evoco en tu demencia que me gusta tanto como cuando dices buenas noches y te desnudas de mi en los pensamientos.
Lo se porque te he visto, porque te espío aun con mi miedo a que no lo comprendas, porque se que en el fondo, ahí donde habito, esperas que yo también te sorprenda hurgando esto que el mundo llama deseo.
Mi nombre, que es la síntesis de lo que soy, te ahuyenta. Quizá porque no aparece en tarjetas ni en  las presentaciones de los viernes, mucho menos está esculpido en piedra o en canastos, es solo un dato, un estandarte que no trasciende los 272 mil kilómetros cuadrados que abarcan este manicomio. Es un portavoz de lo que calla cuando no tiene más argumentos que el presentarse tal cual es. Así me observo. Y lo veo en tu mirada a la cual le soy indiferente. Tú callas. Yo existo en la contraportada vacua de una mala pasada; de esas que se desechan con el siguiente trago y aun más allá con la risa de lo que genera esto que digo apenas con las palabras que me has enseñado.
Que otra cosa puedo decir, más que me estoy inventando una vida solo para que la invadas y así sentir que al menos tengo algo de lo que puedas apropiarte. Si tan solo una señal tuya pasara por el limbo de mi puerta que -como sabes- permanece siempre abierta a tu llegada.

martes, 6 de septiembre de 2011

Vivir intensamente

Foto: Letizia P.

Vivir intensamente. Vivir a media voz y no guardar el silencio. Vivir tus paredes, tus aires. Vivir cuando venís y cuando estás por marcharte. No vivir cuando cruzás inmuta la calle. Cruzar tus poros como una lágrima, viviendo.

Transmutarme a través de tu pecho. Refugiarme como una fragata sobre la mar rampante de tu sexo. Vivir como una promesa. Como una carta escrita de tu mirada a la inversa. Esperarte cinco horas o cinco horcajadas, pero viviendo.

Devolverte el aroma, los abrazos, la pasión intensamente. Echar toda mi vida por tu espalda, sintiendo. Volar tus obstáculos, tus miedos, tus vedas de fronteras pasadas. Quizá raptarte a mi lado, viviendo.

También morir intensamente. De fatiga. De preñez derramada en la humedad de tu vientre. Crispados los cabellos, cabalgando. Empuñar mi vergüenza, guardarla bajo la noche como una cerradura. Contarte los días, contar tus respuestas, cada vuelta a la esquina, cada paso en contra. Contar también cada palabra no dicha. Como una llaga en cuarentena. Como una mordaza intensa. Pero también viviendo.

viernes, 26 de agosto de 2011

Vos y la lluvia


La lluvia me aparece como un acta, como un memorándum, como un listón en el diafragma; se aparece, para que evoque en mí, momentos especiales y no tanto, simpáticos y no tanto, alegres ¿Quién sabe cuanto? La lluvia me invita a dormir, para que en sueños nuestra conversación se extienda.
Por ejemplo anoche tuve un sueño digamos que surrealista (como un corto de Jodorowsky dirías): vos y yo seguíamos conversando en una especie de sofá móvil, con rueditas y banderas de muchos colores, recorriendo un puente también de muchos colores y sonidos de aplausos. Luego al mirarte a los ojos me dieron ganas de darte un beso y te di un beso y los aplausos sonaban en una sola algarabía. Los aplausos sonaban como a rio, como lluvia intermitente, como cuando los sueños se juntan.
Quizá no te guste que sueñe con estas cosas, quizá a mi tampoco me gusta que llueva cuando no estamos cerca. Quizá la lluvia y los sueños no quieren que te vayas y por eso irrumpen este espacio que te reservo. ¿Qué se puede hacer con estas cosas que están fuera de uno y dentro de los dos?
La lluvia lejos de tu abrazo me suena hueca y me sabe fría; cerca de tu abrazo aunque sea fría me es excusa para tomarte de la mano y mirar tus ojos. Tus ojos me invitan a seguir soñando. Seguir soñando me convoca a volverte a ver. Aunque ahora esta ausencia me sepa a defunción a ultimátum, a una soga en la esperanza. 

jueves, 4 de agosto de 2011

Es de sentido común

Foto: Maricruz Sánchez.
Hora y media y sigo esperando. Cualquier ser humano con sentido común se hubiera largado. Pero imaginármela tendida en eso que yo insisto en llamar cama, motiva que cada cinco minutos le siga esperando cada cinco minutos más. Y de eso ya pasó hora y media de la hora acordada. El sentido común nunca ha sido mi fuerte. Sobre todo si veo sus piernas acercarse a mi y ella diciendo “hola amor, disculpá la tardanza” y yo tranquila, también acabo de llegar. Pura imaginación.
Que alguien se siente a la par mía y se queje del mundo y de lo mierda que es cada cinco minutos, no es de sentido común. Es decir, en estos tiempos es común, pero no le encuentro sentido. Prefiero estar imaginando sus menudas piernas –las de ella- que vienen hacia mi para que las bese de abajo hacia arriba y ella diciéndome tranquilo cariño. Y yo que no pasa nada. Pura frustración.
Ver una película mientras retozamos en eso que yo insisto en llamar cama mientras me frota con sus pequeñas piernas para excitarme, es mas de sentido común que estar ya mas de hora y media esperándola y escuchando a este tipo quejarse de lo mierda que es; lo peor que yo hago una sonrisa como de tranquilo no pasa nada y el insiste en hablarme como si me importara. Puro desahogo.
Pasar dos horas sentado en un banco en el parque, imaginándome que ella si va a llegar en cualquier momento, mientras no puedo quitarme de la cabeza aquella canción maldita de la cual nunca he aprendido la letra. Y yo tranquilo, ya llegará. Y me digo a mi mismo ¿Quién? Ella o la letra de esta canción que no tiene ningún sentido. Sobre todo si junto a la canción la veo a ella bailar y yo con una erección destevuelo, no es agradable sobre todo con este tipo que esta a la par quejándose ya no se de que.
Saber que está por llover y un mensajito que mi teléfono diciendo literalmente así: cariño, tranquilo pero llego más tarde de lo pensado. Besos. Y verme quejándome con el aparato no es de sentido común, es más lógico que le siga esperando aunque ya hayan pasado más de dos horas. Eso si es de sentido común, como quien se va a cubrir de la lluvia a tomar un café cagar fumarse un cigarro o ver una película y decirle a ella tranquila no pasa nada, si es que algún día llega para besarle las piernas de abajo hacia arriba aunque se en esa cosa que yo insisto en llamar cama. Pura mierda. 

miércoles, 20 de julio de 2011

Hay algo extraño que me impide ser vulgar


Hay algo extraño en mí que me impide ser vulgar. Debe ser algo serio. Para que a estas alturas de mi vida me preocupe, debe ser serio. Leer a Madiedo es realmente serio. Casarse antes de cumplir los treinta años no lo es. Fumar y emborracharse es algo placentero, no lo catalogaría como algo serio. Quizá sea el hecho de ser vulgar es una cuestión de moda. Sin embargo nadie sabe quien inventa las modas como para reclamarle seriamente, esta súbita preocupación por no ser vulgar.
Las modas las inventan personas que no tienen nada que hacer. Pero lo hacen bien. Invierten su no tener nada que hacer para que yo está ahora preocupado. También me casaría, pero prefiero tocarle las nalgas mientras la abrazo. Pedirle que frote mi pequeño miembro, esta deprimida cosa que no quiere salir a la luz. Esta es otra tonta forma de evitar ser vulgar.
Decir cosas sucias a su oído, podría volverse serio, siempre que no sepa explicarme. No se si habría de explicarle algo. No le he dicho nada aun, no quiero que me arroje al suelo, tome sus cosas y se vaya para siempre. Al menos no ahora. Eso si que seria serio. Mejor abro la botella de vino, emborracharme y justificarlo todo por los efectos etílicos. Ahora me sonríe, creo que también es alcohólica.
Mierda. Ahora que veo sus nalgas me dieron ganas de morderla. Qué serio. Tenerlas a unos cuantos centímetros de mi boca y no poder tocarlas. Ahora sueno como aquella vieja canción de la Sonora Dinamita. Si no hubiera algo extraño en mí que me impide ser vulgar la cantaría en este momento.
Toda esta preocupación ya se está poniendo seria. Vivir en una ciudad y no tener nada más que hacer. Agotar todas las ganas de quedarse es serio. Decirle que se quite la ropa mientras llueve y se viene un viento frio también lo es. Penetrarla cuantas veces pueda, debería ser excitante. No lo catalogaría como algo serio. Quedarme sentado viendo como se va, es tan serio como esta extraña sensación que me impide ser vulgar. Quedarme escribiendo mientras bebo la última gota de vino debe ser algo serio.
Si me quedara escribiendo y si aun quedara una gota de vino.

jueves, 7 de julio de 2011

Ser más creativo

Foto cortesía de Masiel

Soñé con vos anoche, era un sueño raro. Soñaba que te mordía las nalgas, no era una mordida agresiva, era más bien como si pellizcara tu piel sutilmente con mis dientes, como un mordisco.

Sos un pervertido.

No, la pervertida sos vos. Vos que te aparecés en mis sueños repentinamente. Los subvertís, me provocás, me sugerís. No me dejás dormir y aun más, ni siquiera los hacés realidad.

También soñé con vos. Soñé que cumplía tus sueños, que salía de una cueva y te embestía como una fiera que va morir de madrugadas; no se, desde que tocamos estos temas francamente me ha dado por recrear mis fantasías en un estado completamente onírico. No te alegrés, no sos exclusivo, me podría pasar con cualquiera.

Dejame hacerte unas fotos. Quiero comerte con la cámara, vamos, desnúdate quiero beber de tu fuente para inspirarme, abrazá con tus pechos esta fiebre que llevo como a un sombrero. ¿Te da vergüenza? Jajaja, que qué voy hacer con las fotos. Me las voy a comer. Cada vez que me cambie el estado de ánimo cogeré una foto y la tomaré como píldora. Como el viejo remedio que no te gusta pero que con sollozos lo vas pasando…

Estás enfermo.

No entiendo a las mujeres. Primero se quejan de que un hombre les miente, se deprimen, van al terapeuta, comen chocolate, salen con sus amigas y destrozan todo aquello que huele a recuerdo. Pero si uno dice la verdad se ponen a la defensiva, encubren su intimidad y desvían lo dicho adonde se pierda en solitario.

No me reclamés, a los hombres les pasa exactamente igual.

Si, pero estamos generalizando. Quizá solo me refiero a vos.

En efecto, quizá solo seamos nosotros dos hablando de nosotros dos.

Al menos yo estoy conforme que seas feliz y vengás a quejarte de tu pareja conmigo, me regalés tus risas, tus llantos –y a veces- tu desnudés, tus abrazos, tus sueños… hacés que pase mas tiempo en mi cuarto, lo arregle y lo desarregle. Lo acomode solo para vos. Aunque ni tomés en serio que soñé que te mordía las nalgas. Que…

Que las pellizcabas con tus dientes, como un mordisco.

¿Me pusiste atención?

Deberías ser más creativo. Aunque no lo creás, mientras me desprendo de mí y de mis miserias para venir a estar con vos un rato, también te escucho. Y a veces te odio. Pero como me has enseñado, uno puede amar a tantas personas a la vez así como se odia en colectivo, se odia en desbandada, se ama con el mismo estilo. Ya no me causa molestia.

Pues por lo menos amá en la misma proporción de la que odiás.

Tendría que amar a la mitad del mundo entonces.

Empezá por mí.

Sos un pervertido, estás enfermo y además… no has dejado de ser ingenuo.

miércoles, 22 de junio de 2011

Justo ayer te recordaba


Justo ayer te recordaba, eras tema de una mesa con los amigos y mas tarde eras la compañera silenciosa que tenía entre mis brazos. Solo que no te diste cuenta. 
No era nada grave, solo una nostalgia, que sí podría ser grave aunque no lleve tilde. El hecho es que fui yo quien te recordaba, si eso aun tiene significado.  Quería quedarme libre bajo tu abrigo aunque seria irónico buscar la libertad para quedarse encerrado.
Miraba tu rostro abandonado de fábula. Me preguntabas que tal me va y yo te respondí: Me va como al sol que se la pasa todo el tiempo solo. Eso si, las esperanzas no las pierdo, las guardo en lugares secretos, así cuando vengas te las muestro, como tus misterios que desnudo en la penumbra de tu ausencia.
El problema de recordarte es quedarme casto, pulcro, sereno. Que empiece a acostumbrarme a no saber de vos, que ya ni en mis delirios te nombre, que ni los domingos a la hora del café te suspire como quien sopla una taza solo que a la inversa.
Justo ayer te recordaba y quizá hoy mismo también esté recordándote, solo que no te enterás, pues no hemos aprendido a cruzarnos la melancolía.
Pero sabés que es lo que mas me preocupa; me he dado cuenta que estoy enamorado de mi, me la paso bien solo conmigo mismo, aunque cuando me desvisto de mi propio ser, me vea en una esquina llorando tu abandono.