"No te fatigues nunca más de lo necesario/ aunque tengas que fundar una cultura sobre el cansancio de tus huesos." -Antonin Artaud-
miércoles, 22 de mayo de 2013
jueves, 16 de mayo de 2013
Tarde para todo
No me gustan los atardeceres.
Me siento como un hombre que está a punto de transformarse en bestia. Siempre
fui tajante. O se es hombre o se es bestia. Esas transiciones solo se disfrutan
al estilo kafkiano, pero no cuando todo parece tarde para todo. A esa hora me
inmuto y trato de aparentar que no pasa nada.
Iba por la vieja esquina de la
panadería apurado para tomar mi primer trago. Había sido un día cansado y nada
productivo como siempre. Horas y horas frente al computador y no escribir ni
una sola línea y aun con el apuro –otra vez dejando todo a última hora- de enviar
algo para la presentación. Llevaba las ideas como basurillas en los ojos y había
olvidado mi libreta en la mesita. Como cualquier escritor de cantina haría mis
apuntes en una servilleta. La última vez me robé el bolígrafo de la mesera. Si
le pido uno prestado esta vez me va reclamar por el hurto. Si no me dice nada
intentaré pedirle algo con qué escribir.
Estaba ya a solo una cuadra del
bar. Por fin estaba por llegar. En momentos así es cuando me habría gustado ser
alguien como Usain Bolt. Acurrucarme como si estuviera cagando y al oír el
ruido de un arma correr como a quien le ponen una brasa en el culo. Suelo andar
como si todo fuera tarde para todo. Pero no soy tan veloz como el rey de la
velocidad. Tampoco tengo una verga de negro. Debí hacer algo con mi vida
mientras pude. También para eso ya es muy tarde.
En la transición de la vieja
panadería al bar te encontré. Te veías tan linda como siempre. Diría que son
tus ojos pero confieso que son tus tetas de vegetariana los que me hicieron
reconocerte. También se te veía apurada. Ibas con un tipo que parecía apurado,
como cuando todo parece tarde para todo. Sonreíste nerviosa al verme y yo te
ofrecí una de mis muecas, esa que hago cuando quiero sonreír y no puedo porque
me parece estúpido sonreír cuando no se tienen ganas. Tampoco tengo la risa
honesta de un negro. He perdido buena parte de mi dentadura, nunca hice nada
para salvarla. Creo que ya es demasiado tarde para ello.
Al cruzarnos nos vimos
obligados a detenernos. Cuando eso pasó, sentí que ya no importaba llegar lo
antes posible al bar. De todas formas ya había olvidado lo que quería escribir.
Tarde. Si hubiera corrido a lo mejor lo habría recordado, pero no tengo las
piernas de Usain, él seguro habría llegado a tiempo en tiempo record. Me
preguntaste porqué iba tan apurado como si alguien me estuviera esperando
mientras me mirabas con sospecha. Te dije que no que suelo ir como si siempre
fuera tarde para todo. Sonreíste y yo me quedé frío mirando de reojo al tipo
que te acompañaba que en ese momento parecía más apurado que nosotros dos. Sin
tener nada más que decirnos nos dimos un beso en la mejilla a modo de despedida
y retomamos nuestra carrera en destinos opuestos.
Cuando me di la media vuelta vi
como el tipo te metía la mano en uno de los bolsillos traseros de tu pantalón
para sentir tus nalgas y pensé ¿qué haría Usain Bolt en un momento así? Quería tener
las piernas de negro para correr o romperle la quijada. Pero no era Bolt.
Tampoco tengo unos dientes tan blancos para reír idiotamente y aparentar en ese
momento que no pasaba nada. Tampoco sabía para qué regresar y llevarte conmigo
si no tengo una verga de negro y pensaba que era demasiado tarde para que lo
entendieras.
Así que resignado a no estar
con vos en la transición de la tarde a la noche, esa donde siento que de un hombre
voy a pasar a ser una bestia, busqué unas servilletas y pedí algo con qué
escribir. Pero no puedo escribir con sentido kafkiano imaginándote lo apurada
que vas cuando quieres echar un polvo y más aún cuando todo parece tarde para
todo.
Al ver mi rostro la mesera me
preguntó si me pasaba algo y le respondí que no pasaba nada. Traté de escribir
algo pero solo podía pensar en la mano del tipo metida en el bolsillo trasero
de tu pantalón tratando de sentir tus nalgas. Si en ese instante me hubieras
dicho que se trataba de un carterista habría pensado ágilmente en una solución.
Pero cuando me lo contaste ya era tarde, como cuando todo parece tarde para
todo.
Erick Tomasino (Palabras comunes)
TORRE DE MARFIL. Alfonso Hernández
TORRE DE MARFIL
Algunos poetas de mi país se proclaman sucesores del caído,
se problematizan pensando cómo pasar a la historia.
Analizan su obra desde el punto de vista literario,
le dedican poemas elegíacos,
leen sus libros en los cafetines,
hacen más vulnerable el invierno con sus versos.
Evaden la forma de morir y sus batallas
en el país de los enanos.
Estos poetas emborrachados de su miseria se disputan
el portento de la poesía,
pero nadie se acuerda de ocupar su trinchera....
Alfonso Hernández. (1948-1988). Miembro fundador de las Brigadas la Mazacuata; revista de poesía e imaginación. Participó en la lucha revolucionaria salvadoreña. Asesinado el 10 de noviembre de 1988 por efectivos militares. Es parte de la generación olvidada.
Algunos poetas de mi país se proclaman sucesores del caído,
se problematizan pensando cómo pasar a la historia.
Analizan su obra desde el punto de vista literario,
le dedican poemas elegíacos,
leen sus libros en los cafetines,
hacen más vulnerable el invierno con sus versos.
Evaden la forma de morir y sus batallas
en el país de los enanos.
Estos poetas emborrachados de su miseria se disputan
el portento de la poesía,
pero nadie se acuerda de ocupar su trinchera....
Alfonso Hernández. (1948-1988). Miembro fundador de las Brigadas la Mazacuata; revista de poesía e imaginación. Participó en la lucha revolucionaria salvadoreña. Asesinado el 10 de noviembre de 1988 por efectivos militares. Es parte de la generación olvidada.
miércoles, 15 de mayo de 2013
Las calles me reconocerán.
Las
calles me reconocerán.
Una
salida que irrumpe
hacia
las vicisitudes .
Los
pasos atropellados
que
se elevan
hasta
que la ciudad parece una postal.
Porque
no queda más que hacer
cuando
hasta los chiles dulces protestan
en
la huelga de la cocina.
Porque
mi casa no es tu casa,
la
tuya tan lejana, la mía que cruje.
Porque
debajo de la mesa
hay
una bolsa negra
con
pedazos de nuestra vida en paquetitos anticuados.
Porque
se nos abre la puerta del mundo
muy
a pesar de mi desdén.
Y
si mi forma de picar los vegetales
te
fascina,
la
vida seguirá igual.
La
calle nos reconocerá,
en
nuestra marcha estrepitosa.
-Soledad Castro-
lunes, 13 de mayo de 2013
"BAJO LA LUZ AGÓNICA". Poemas de Cantina
“BAJO LA LUZ AGÓNICA”. Poemas de Cantina
Es
la unión de tres escritores quienes a la luz del ambiente cantinezco expresan
un caleidoscopio de emociones. “Bajo la
luz agónica” pretende ser un recital que comparta poesía divergente, pero
con énfasis en la honestidad, no homologada al sentimiento pueril de la poesía
que se acostumbra a tratar, sino a una temática abierta y sin ánimos de sonar
pretenciosa; más humana aunque no necesariamente se circunscribe al tema de
cantina y de botellas quebradas, pero si de lo que se puede desahogar con una de
ellas.
El
recital se llevará a cabo el miércoles
29 de mayo a las 7:00 pm. en Clandestino Bar-Café. Ubicado en Calle
San Antonio Abad, No. 2237, Colonia Centroamérica, San Salvador, El Salvador. Tel.: 2235 8601.
Sobre los poetas:
Noé Lima. (Ahuachapán, EL Salvador; 1971). Escritor, poeta y pintor. Fue miembro fundador del grupo literario
Tecpan y desde 1994 participa en diversos encuentros poéticos, dentro y
fuera de su país como: Manisfestarte, Barrilete, Industrial (Guatemala), VIII
Encuentro Internacional de Escritores Eunice Odio (San José, Costa Rica), II
Festival Internacional de Poesía El Turno del Disidente (Tegucigalpa, 2012), al
VIII Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango (Guatemala, 2012) y
C.A-6 (Managua, Nicaragua, 2012).
Fue miembro del equipo coordinador del
suplemento cultural “Altazor” del diario El Mundo de El Salvador. En
su haber tiene los libros Efecto
Residual (Ediciones
Mundo Bizarro, Guatemala; 2004) y próximos a publicarse: Pabellón
Psiquiátrico, Animal Urbano y El Niño Lanza Llamas.
Luis
Borja.
(Ahuachapán, 21 de agosto de 1985). Egresado de Letras, por la
Universidad de El Salvador. Miembro fundador del Taller de Poesía del
Parque (Ahuachapán). Ha aparecido publicado en la Revista literaria Isla Negra,
Argentina; Insólitos, Caminando por el lado salvaje de la literatura, España;
Libélula Revisblog. Ganador del certamen de Poesía Universitaria, Santa Ana
(2006) otorgado por Universidad Católica de El Salvador. UNICAES. Ha
participado en distintas lecturas: Nicaragua: Lectura en Simposio Dariano,(2007).
Guatemala: Lectura en Centro Cultural El
sitio y Casa Cultural El Mango, Antigua Guatemala (2007), Lecturas en
Universidad de El Salvador; Recital Magdalena
Technicolor,lectura a prostitutas,
gay's y alcohólicos en Cervecería Tania, Santa Ana; Café el Imposible, Ahuachapán; Lectura
en Tacos de Paco; Luna Viva: 20 años de poesia en una sola noche. Tiene
como poemarios inéditos Letrosis(2008),Pus
(2010); Diálogos con el espejo. Poemas
para evitar la locura (2012). Ensayos
de amor bajo las sombras (2012); en preparación Tortugas Fucsias (2012) colección de relatos.
Erick Tomasino (San Salvador, El Salvador. 17 de
agosto de 1982). Escritor.
Inició su formación literaria en 1998 con el Taller Literario Agüijuyo de la
ciudad de Atiquizaya. Fundador de los ya extintos colectivos artísticos El
Séptimo Ego, Universo y DALE! todos en la ciudad de Santa Ana. Ha compartido
sus escritos en encuentros de bares y cantinas a lo largo de Centroamérica.
Tiene en preparación un poemario y un libro de relatos. Publica en el blog La Ciudad y Su Sombra.También es coeditor en el sitio Antes da Tempestade y sus escritos han sido publicados en diversas revistas y sitios en internet.
martes, 30 de abril de 2013
Miérdoles la poesía
Estoy algo jodido. Sé que ella
me dirá eso. “Estas bien jodido” –me dice-. Y yo solo sostengo la mesa con mis
dos manos. Es la noche –le sugiero-. Hacerme venir acá y no poder avasallarme a
tus labios es triste. También me dirá que estoy carente de carnes. “Estás
demasiado flaco” –remata peyorativa-. Tengo el cuerpo lo suficientemente básico
para sobrevivir ¿quieres verlo? le animo con un dejo de desesperanza y ella se
disculpa para ir a saludar al resto.
Aquí lo común es hablar de lo
que uno no sabe. Decir sandeces y pronunciar nombres desconocidos. Yo los sé
todos por eso no puedo disimular. Ellos lo saben y por ese temen acercarse a mí.
En verdad no los sé, pero disimulo. Ellos no lo saben pero temen acercarse a mí.
“Que ondas viejo” –grita uno desde el otro extremo. Al suave, le respondo desde
otra dimensión. Nunca me ha gustado estar en el mismo puesto de ellos.
¿Porque viniste? se preguntará
alguno de ustedes. ¿Qué porqué vine? le respondería a alguno de ustedes que
haya tratado de preguntarme. ¡Sóquenla! se me ocurre después, pero eso no se lo
diría a nadie. En verdad vine por ella quien a veces me hace creer que la brama
viene acompañada de noches de luna y de canciones bohemias. “Y no es la primera
vez” -interrumpirá ella- que sabe que me trae con las ganas empalmadas de truculenta
lujuria.
Y aun no sabe que hemos tenido
infinidad de noches apasionadas en cada sueño suspendido por la disnea paroxística.
Por eso he evitado fumar. Por eso se me ve más melancólico y es grave porque en
realidad soy flemático. “Al suave” -dirá alguien que pasa sin ser convidado-. Por
eso he venido hasta acá para verla aunque no es la primera vez que crea que por
fin mezclaremos nuestras pieles como un enredo de yuca o de buñuelos en miel.
Pero
también vine porque es miércoles, los miércoles son dignos para hablar mierdas.
Ellos leen sus poemas y el resto aplaude como una lección japonesa para hacer
tortillas. Me toca a mí y percato que no traje lo que había preparado. “Estás
bien jodido” –asevera el tipo que suele presentarlos a todos. Al suave, intento
tranquilizarlo. Subo como un ganador del premio al mejor actor y como ellos, pero
sin leer, les distraigo contándoles mis mierdas. “Miérdoles la poesía” -grita
alguien que ya está en otro estado etílico-. “Y no es la primera vez” –se lamentará
ella mientras se marcha sin despedirse nuevamente.
Erick Tomasino
-Palabras comunes y sencillas-
jueves, 25 de abril de 2013
El pajarito se me iba
“Eres muy cómodo. Siempre te gusta
que te vayan a ver. Porqué no por una vez en tu vida sales de esa pocilga a la
que llamas casa y vienes tú a verme a ver a mí”. Esa fue la principal razón y
no otra, la que me llevó a tomar mi maleta y salir de este pequeño manicomio
para cruzar la frontera, verla y darle una buena dosis de amor subdesarrollado.
Había olvidado lo que era viajar
fuera, más aún con esta apariencia de pecado original que me cargo y con un
pasaporte que lo confirma. Los primeros trámites son normales. No hay mucho qué
hacer más que enseñar tus credenciales en una oficina donde a nadie le importa
lo que lleves metido en la mochila o en el culo. Ahí, ningún funcionario se
cree que va cambiar el mundo por detenerte. A pesar de reconocer esto me saltan
los nervios y evito hacer alguna estupidez. El resto del trayecto es dormir.
Siempre he odiado esas películas malas que ponen en los autobuses. No sé que es
peor, que las coloquen o que haya gente que disfrute verlas.
La segunda frontera es terrible.
Si vas con barba eres terrorista. Si vas rapado, eres un pandillero. Si vas con
el cabello como la alta alcurnia manda, eres un estafador, pues como es sabido esa
gente no viaja en autobús, viaja en avión, por eso en el aire no hay tantos
retenes. Así que igual no te salvas.
Fue llegando a la frontera y
una vos acartonada anunciaba que tendríamos que bajarnos con todas nuestras
cosas para ser registrados. Yo como he sido tratado como un delincuente casi
toda mi vida, no me sentí sorprendido, así que al estacionarse el autobús,
bajé, busqué mis cosas en el maletero y como el resto hice la fila para ser
sensualmente tocado por alguno de esos oficiales con cara de piedra.
“Tienen que pasar a aquella
habitación, ahí coloquen sus maletas en la mesa que está al centro y ubíquense
alrededor”. Hice todo tal como lo indicaban. La maleta al centro sobre la mesa
y me ubiqué como el resto alrededor. En eso entra un policía fortachón con
aspiraciones de superhéroe. Nos dice que entrará un perro entrenado para
descubrir drogas, así que ni que nos acercáramos. Luego entra otro oficial con
un perro en la mano, tan pequeño que causó la risa a más de alguno. Olfateó
todo. Me miró y recordé que habría sido buena idea lavar mis zapatos antes,
pobre del can, no debe ser un buen trabajo para el.
Una vez pasado el circo del
registro, el poli -el primero- saca una lista y anuncia, que mencionará unos
nombres y esos irán pasando a un cuartito al lado. Comienza, “Fulanodetal, ciudadano colombiano”. Un
tipo negro, calvo y enorme, levanta la mano, dice yo, y el oficial le señala
por donde debe entrar. Toma sus cosas e ingresa al cuartito que de afuera se
presentaba lúgubre. Luego el poli ve su lista y menciona mi nombre… ciudadano
salvadoreño. Yo, como quien se ha ganado la lotería, tomo mis cosas y entro
feliz de ser de los primeros en pasar, así al salir tendría tiempo de echar la
siesta –pensé-. En eso, escucho la voz a mis espaldas. “El resto puede subirse
al autobús”. Maldición, solo el colombiano y yo teníamos los méritos
suficientes para ingresar al cuarto de las torturas fronterizas. En unos
segundos solo imaginaba los dedos del poli fortachón introduciéndoseme para
buscar hasta en el último rincón cualquier residuo de drogas. Lo único que
podría encontrarme son cenizas de cigarrillo y un aire de metano. Me causaba
cierta gracia imaginar la cara de frustración del tipo.
Cuando entré, al colombiano le
habían sacado hasta el último trapo para revisarlo y haciéndole un montón de
preguntas trataban de intimidarlo. Luego me toca a mí, pensé. Pero no, cansados
de entretenerse con el otro, solo me dijeron que tomara mis cosas y que me
largara de ahí.
Subimos al autobús y lo que
seguía era una buena siesta hasta llegar a mi destino. De tanto pensar lo que
haríamos con ella al llegar me dieron ganas de ser un Elvis Crespo autobusero,
el tipo es mi referente. Hacerse la manopla en el baño de un avión. Tremendo.
Llegué. Me estaba esperando con
una cara de enfado. “Llegas tarde”. Siempre llego tarde a todo, es mi destino,
es la historia de mi vida; por ejemplo cuando quise ser del partido comunista
me dijeron que hacía seis años que ya no existía. Lloré la muerte de Kurt
Cobain cuatro años después, porque antes ni siquiera sabía de él. Tarde para
todo, por eso siempre voy con prisas. Pienso que siempre se me hace tarde.
¿Y qué haremos? ¿Qué tienes
pensado? “Nada”. Pero como, me haces venir y no has pensado en qué haremos. “Debes
dejar de ser tan cuadrado. Deja que las energías del cosmos fluyan, no trates
de controlar al universo sino que el te dicte tus acciones”. Cuando escuché
eso, sentí que el pajarito se me iba volando. Cómo pude venir hasta acá para
sujetarme al universo misterioso cuando en todo caso, lo que más quería era
penetrar el enigma que se esconde tras esa maraña de vello púbico.
Cuando
desperté aun iba en el autobús. Faltaban unas cuantas horas para llegar. La luz
que indica el estado del baño estaba en verde. Me levanté y me encerré ahí un
rato. Qué difícil es cuando todo se agita a tu alrededor.
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