domingo, 21 de agosto de 2016

El virgen de Guadalupe

El virgen de Guadalupe


Erick Tomasino.




Lupillo de pie frente a la cortina metálica que daba a la entrada del burdel “El Correcaminos”, se aseguró de que llevaba los calzoncillos nuevos recién comprados en el puesto de mercado de su tía Angélica. Dio un profundo suspiro y justo en el momento en que había decidido entrar, la Selena se le apareció -cigarrillo en mano- como si lo hubiera estado esperando aquella tarde-noche. Hola papito, le dijo con una sonrisa pícara, como una agente publicitaria que trata de convencer a su cliente de que su producto es el mejor en el mercado. Hola, respondió Lupillo evidentemente nervioso tratando de evitar mirar ese ángel prohibido que lo invitaba a entrar en aquel paraíso del pecado atestado de bolos y música de rocola. Querés pasar, preguntó ella tomando la mano del mozo que temblaba helada, vení que aquí nos podemos relajar un rato mi amor. Lupillo, que no sabía nada de la diplomacia de aquellos lugares dudó de la sinceridad de las palabras de la mujer, se apresuró yendo al grano al preguntarle que cuánto le iba a cobrar por el polvo. Ella, muy experimentada, le dio a entender que guardara silencio poniéndole el dedo índice en los labios que a Lupillo le parecía que olía a una mezcla de sardina con tabaco, cuántos años tenés le preguntó ella, ya casi cumplo los dieciséis respondió él, siendo así, no podés entrar, a menos que nos vayamos directo al cuarto le aclaró ella, pero cuánto vale el rato pues insistió él. Ella, presumiendo que aquel cipote se le iba a ir en seco ahí mismo de las grandes ganas que ya eran evidentes, siguiendo su juego seductor le adivinó que aquella sería su primera vez. Lupillo cada vez más inquieto, tuvo que aceptar su inexperiencia en las artes amatorias, la Selena se sentía un tanto motivada por arrancarle de una sola arremetida la virginidad a aquel muchacho moreno que sudaba y miraba trémulo hacia todos lados. En el historial de ella se contaban por decenas los cipotes que la habían elegido para que con sus voluptuosidades los bendijera en el serpenteado e infinito camino de la cogedera y porque prefería a los muchachos imberbes que por su nula experiencia acababan rápido el primer round que con los bolos experimentados que podían entretenerse por más tiempo; así que sería un placer sumar a uno más en aquella cuenta que en realidad sólo ella llevaba. Hoy es tu día pajarito, te voy a hacer precio especial de introducción, andate a la mesa del fondo para que no te vean desde afuera y ya voy a llegar para ver qué puedo hacer con vos. Lupillo entró dubitativo con el pulso tan agitado que hacía que sintiera que el corazón se le iba a salir como vomitado en medio de aquel lugar que parecía observarlo y castigarlo moralmente. De los nervios no sacaba sus manos de los bolsillos de su bluejeans nuevo, uno que se había comprado especialmente para aquella ocasión con el pisto que le habían dado en su trabajo de peón en las fincas de café. Tal como se lo habían ordenado se sentó en la mesa del fondo, una que estaba lejos de la barra de donde se despachaban las cervezas y los tragos, pero cerca de aquel renglón de habitaciones que atestiguaban los más íntimos secretos de los deseos prohibidos de casi todos los hombres del pueblo. Desde esa ubicación, Lupillo observaba con inquietud la dinámica del burdel del que sólo conocía por las habladas de sus amigos, hasta ese entonces “El Correcaminos” era para él una incógnita que le ponía su miembro viril como asta para colgar la bandera nacional. Sobre todo observaba con ansiedad a la Selena que en ese momento despachaba unas cervezas y unas bocas de queso frito y de chilibín a unos bolos que cantaban a todo pulmón unas canciones de Rudy La Scala mientras un viejo bailaba pegado con otra de las muchachas en el centro de aquella sala atestada de colillas de cigarro y escupidas que a esa altura apenas eran marcas pegajosas en el piso. Lupillo se emocionó al ver que la Selena se dirigía a su mesa, ella se sentó frente a él, puesí miamor, querés algo de tomar antes, una gaseosa dijo él, ella rio indiscreta, no querés que te de lechita mejor bebé, él sonrió agüevado, dame una cerveza entonces solicitó un poco envalentonado, ahorita te la traigo mi niño. La Selena se puso de pie y antes de irse por lo pedido se le acercó a Lupillo que ya iba agarrando confianza y le dio un sutil beso en la mejía dejándole la marca de sus labios pintados de rojo carmesí. En lo que la Selena andaba por la barra, de uno de los cuartos salió un tipo tosco con señales de que lo habían despachado antes de tiempo, ajustándose el pantalón miró de reojo a Lupillo, hizo una especie de mueca, balbuceó algo y salió encorvado de aquel lugar. Otro valiente había sucumbido en la cruenta guerra de los placeres inmediatos. Segundos después, del mismo cuarto, salió una mujer gorda y morena envuelta en una toalla, con el pelo recogido a fuerza de ganchos, se dirigió hacia la pila que hacía de ducha y en el cual, a puros huacalazos, se lavó las partes que en su profesión hacían de herramientas de trabajo. Una mezcla de asco y lamento pasaron por la mente de Lupillo que todavía a esa hora no sabía lo que era estar compartiendo los naturales fluidos del sexo con una mujer. En breve reapareció la Selena con una cerveza bien helada y un tarrito de plástico que contenía varias semillas de maní tostado, vaya mi niño, para que se me relaje un poco y puso las cosas sobre la mesa, mientras ella se sentaba esta vez al lado del cipote que -de un trago- le bajó la mitad a la birria sintiendo como le pasaba fría por la garganta, uy miamor, tenías sed, le dijo mientras le pasaba una mano sobre el muslo y lo miraba de pie a cabeza como quien estudia los gustos de su cliente. Lupillo no decía nada y ni siquiera podía volver a verla, pero en su actitud se notaba que quería consumar el acto lo antes posible por lo que la experticia de la Selena resaltó y casi como leyéndole la mente le dijo el precio de la primera comunión, dándole las opciones de las que podía elegir: normal, mamada y si quería ponerse más exigente había tarifa especial “por el detroit”, pero si quería aprovechar su estancia, también podía hacerle “triple saldo” que consistía en aplicarle las tres anteriores hasta que acabara. Lupillo se vio tentado, pero como desconocía las capacidades de su cuerpo, se decidió por la posición normal. La Selena le dijo que en el momento que quisiera y él respondió casi instintivamente con un ¡ya!, ella lo tomó de la mano y se lo llevó a uno de los cuartos; al entrar, Lupillo notó que aquella cueva era un verdadero cuchitril amueblado apenas con una cama, una mesita llena de peines, talcos, una alhajero y una caja de condones de los que reparten en la unidad de salud; mientras que en la pared había nada más un espejo y un calendario ilustrado con una exuberante mujer desnuda. La Selena antes de todo le pidió el dinero y al recibirlo le dijo al chamaquito que esperara, que ya volvería, después de eso le tiró un beso al aire y le hizo un guiño. Él se sentó sobre la cama que le parecía cómoda aunque sucia a pesar que de sus sábanas emanaba cierto olor a lejía, miró a su alrededor y se dijo a sí mismo por  fin, por fin sentiría los humores de una mujer de verdad, una de carne y hueso, no una de aquellas que aparecían en las páginas de contraportada del periódico que vendían en el parque y que sólo le servían para agitar su excitación y volarse la paja, pensando en ello estaba cuando entró la Selena quien lo miraba sorprendida, todavía estás vestido cariño y se le acercó reptando, sin prisa, con la sonrisa de quien tiene asechada a su presa, ella se quitó el vestido con una sutilidad inimaginable para el chico, quedándose sólo en un diminuto calzón, ayudó al joven a desvestirse, primero la camisa, después los zapatos, Lupillo no estaba seguro de quitarse los calcetines pues no se acordaba si de la prisa se había puesto los talcos para que no le hedieran los pies, pero a ella tampoco le interesaba quitárselos, luego le quitó los pantalones dejándolo sólo en aquellos calzoncillos nuevos que había comprado en el puesto de mercado de su tía Angélica, con mayor delicadeza y casi en cámara lenta, la Selena lo fue despojando de aquella prenda, presentando al mundo la virilidad de aquel cipote moreno y tímido ¡Ave María Purísima! la Selena lo observó con un poco de asombro y fuera de protocolo le preguntó a Lupillo si se lo podía besar porque de aquel instrumento emanaba un profundo olor a monte, a puro sabor del campo; él presumiendo que en el acto podrían haber besos e imaginando que le podía dar asco sentir a través de los labios de Selena el sabor de su propio pene, le dijo casi suspirando que no. Ella se saboreó los labios y pareció tragarse un buen poco de saliva. Se puso de pie y se dirigió hacia la mesita donde estaban los condones, tomó uno y abrió el sobre con delicadeza, lo sacó y con una impresionante destreza y de forma casi didáctica se lo puso en el novel miembro erecto del chico y después de ello le dio un par de frotaditas mirando a los ojos del chico que observaban absortos aquel ritual de iniciación. Ella se quitó el diminuto calzón y se reposó sobre la cama como un ave a punto de ser aliñada, le ofreció sus manos al chico y este más por instinto que por sabiduría se subió encima de ella, como principio intentó besarla, pero ella evadió el intento girando su cabeza hacia la derecha y pronto le dijo, sin besos miamor, él asumió que era parte de las reglas de su profesión y no insistió, así que sin más buscó con la punta de su lanza el abrazo vaginal que bautizaría a aquel muchacho peón de finca como un hombre. Pero los primeros intentos por penetrarla no lograron su objetivo pues Lupillo no tenía idea de cómo se hacía por lo que con un poco de ayuda, siempre con el ánimo didáctico de la Selena, sintió como con un pequeño levantamiento de la pelvis de ella, por fin lograba el flechazo inicial dando en el albo húmedo de aquella mujer. Para sorpresa de ambos, lo que sería una mera formalidad inicial, se fue convirtiendo en un verdadero estado de gozo pues quizá por el reconocimiento del territorio carnal entre ambos, se fue desatando todo el potencial que por unos tempranos dieciséis años Lupillo guardaba y aquella primera embestida tímida se fue haciendo cada vez más potente, más segura y ella más cadenciosa sentía como aquel joven miembro le cubría el cuerpo cavernoso que conocía casi todos los penes del pueblo pero ninguno tan placentero como aquel. Así, imparables ambos comenzaron a jadear, a respirar de forma acelerada, en un zigzageo que no podía detenerse y del entusiasmo de aquella conexión ella le exigió que siguiera, mostrándole un amplio repertorio de posturas que a Lupillo le eran desconocidas pero a las cuales parecía adaptarse inmediatamente, por su mente, sin embargo, se preguntaba cuánto sería el costo de todo aquello pero ya no le importaba y seguía las ordenes que la Selena le daba a gritos hasta que ella finalmente, esta vez encima del muchacho, lo bañó con el calor líquido de un orgasmo. Complacida de aquella experiencia inmediatamente le quitó el condón a Lupillo y succionó el pene aún duro hasta que como un regalo inesperado recibió en su cuerpo la liberación del deseo contenido que Lupillo tenía guardado. Finalizado aquello, ambos se tumbaron de espaldas sobre la cama, miraron el techo de zinc y respiraron hondo, ella le ofreció un cigarrillo y él se lo aceptó, se tomaron de la mano y se miraron a los ojos, ella se le acercó y le dio un apasionado beso, ¿y eso? preguntó el muchacho sonriendo evidentemente feliz, ella no dijo nada. Entrecruzaron sus cuerpos y pasaron un rato en silencio hasta que por fin Lupillo irrumpió el silencio con un pujido ¡jum!, ella alejó un poco su rostro y lo miró perpleja, ¿qué pasa?, es que apenas te conozco y ya siento que te amo le confesó él, ella lo miró con ternura y le pasó una mano por el rostro, le dio un beso tierno y se quedaron a dormir. A esa hora el silencio y la oscuridad de la noche, eran apenas atravesados por los cómplices eructos de unos geckos. 

viernes, 12 de agosto de 2016

La tarde en que murieron los árboles

La tarde en que murieron los árboles

Erick Tomasino.


Cuando se anunciaron los trabajos de construcción de los nuevos edificios en la Facultad como parte de la remodelación producto de los XIX Juegos Centroamericanos y del Caribe de 2002, hubo mucha expectativa sobre la distribución de los nuevos espacios, pero también mucha crítica por la deforestación de buena parte del bosquecito.
El bosquecito era un maravilloso paisaje poblado de buena cantidad de árboles en los que predominaban inmensos palos de arrayán –entre otras especies- ubicado entre las aulas 2, 3, 11, 12 y la “canchita” de fútbol, que además cubría el viejo cafetín en el cual casi todas las tardes nos reuníamos a escuchar las guitarreadas, o donde se hacían las “peñas culturales” o en el cual muchos otros se juntaban para jugar con las interminables partidas de Yi-Gi-Oh! Puesto que la baraja no era bien vista.
Aquel sitio era el punto de encuentro privilegiado por su amplitud y porque al estar en medio de la vegetación se volvía la mejor alternativa para aguantar las tardes de calor. Eso hasta que iniciaron los trabajos…
Recuerdo que una tarde mientras estaba sentado ‘estudiando’ y tomando el infaltable café vespertino, el ruido de las motosierras invadía el entorno, ni la música de los altavoces ni los coros improvisados de quienes llegaban a compartir sus canciones podían contra la bulla de aquellos aparatos destructivos, la ‘modernización’ traía consigo la destrucción del paisaje y de la vida que aquel bosquecito nos ofrecía. Vi a mi alrededor y noté que no todas la personas tenían la misma preocupación que yo sentía –al menos en apariencia- así que me decidí a escribir algo en ese momento:


TARDE EN QUE MURIERON LOS ÁRBOLES

Se decía que iban a estar
pero nadie dijo van a estar
unos dijeron podrán quedarse
los más sumisos expresaron
deberán quedarse
Otros solo los vieron y callaron
otros se cayeron y no los vieron
otros vieron que se caían y no vieron
Después de todo nos dimos cuenta
que ya no estaban
en la lógica posición vertical
que poseían según la costumbre
Un par de ellos aplaudían
mientras muchos los lloraban
y cuando entre todos debatían
qué era lo mejor
nuestras sombras se seguían amando
bajo el ramaje
que aún quedaba con vida.

Inicio de los trabajos de desmantelamiento del cafetín y deforestación del bosquecito.


Días después, colocaron unas láminas e impidieron el paso. Con el tiempo, aquello dejó de ser el bosquecito y se convirtió en el edificio de usos múltiples que ahora alberga importantes oficinas administrativas de la Facultad. Con el tiempo se seguiría construyendo y no quedaría ni un una huella, ni un ramaje que atestiguara la convivencia de generaciones de estudiantes realizaron a la sombra de aquellos árboles hermosos.

domingo, 31 de julio de 2016

POEMAS DESDE CENTROAMÉRICA: Fabio Rivas Rivera



Para ser leído con el preludio Op.28 No.15 de Chopin

1)
      Afuera las cosas eran cubiertas por arena, las rodillas temblaban, y la parte mohosa del corazón intentaba parir.
     No hay desesperación —me decía— ¡pero todo es incierto!
     De un suspiro me  escondía entre los labios de la cama.
     Lunes de nuevo, ya iban cuatro seguidos ¿cuándo iban a parar? 
     Entonces abrir los ojos.  Ver las ventanas llorando.
     Era algo complicado, hueso duro de roer.
     El cielo siempre estaba oscuro, habían construido un muro blanco frente a la ventana. Era triste morir y ser espectador del momento, millones de veces, como esos poetas-butaca que veían la proyección de su muerte en una gran pantalla: ediciones, música y grandes paisajes decorando sus fantasías más vulgares, donde ellos, sentados, cambiaban al mundo, en esas fantasías donde  horneaban el pan de los dioses, y pateaban  las uvas del vino de Jesús.

2)
     Las lágrimas, la miseria, el fracaso total era aplaudido.
     Desde la oscuridad de la función se abrían dos ojos irritados que contemplaban la deformación de la existencia.
     ¿Cuántos se habían podrido con la bebida en la mano antes de estirar el brazo sobre el hombro de una chica?
     ¿Cuántos habían agonizado inquietos por la sala pidiendo libertad para incendiar la tela?
     ¿Cuántos habían salpicado con su sangre la pantalla y se habían sentido esenciales creyendo que hacían suya aquella imponente ficción?
     ¿Cuántos habían caminado con cautela entre los estrechos pasillos  dejando pedazos de piel en la alfombra adhesiva, llena de desechos, de envoltorios de  chocolates y de restos de algún amor?
     ¿Cuántos poetas-butaca habían muerto sofocados por sus propias cenizas, filmando y viendo filmar la vida que nunca descansaría ante sus pies, que nunca dormiría a su lado, con la que nunca beberían cerveza ni se matarían a golpes en un callejón?
     ¿Cuántos espectadores habían muerto por no actuar?
     ¿Cuántos actores habían muerto por  hacerse a un lado?
     Y yo, protagonista de tantos rodajes, veía mi reflejo muriendo, y no intentando escapar.

3)
     Un ventilador dilataba el tiempo y hacía elásticas las horas, todo lo que                 hipnotizaba  era cíclico y giratorio, como dos ojos adentro de una licuadora hecha con las manecillas del reloj y el cuerpo de un maniquí.
     Afuera las sombras cubiertas por arena.
     Por dentro los órganos rellenos de arena.
     Intentaba dar un paso y me desarmaba deseando sostener los ojos, la boca y  la nariz. Pero todo era un mar gigantesco: agua del cielo sumándose a las olas.
     Lloraba y mis lágrimas se hacían arena.
     Quise gritar y mis palabras se ahogaron.
     Mi corazón de arena comenzó a desmoronarse, y todo volvió a ser parte…

4)
     Extraña película la de mi muerte y mi tortuosa resurrección como castillos, pozos y tetas de arena.
     Todas las tardes las manos de los turistas moldeándome, las olas lamiéndome el cuerpo y los cangrejos pisándome la cara. Mientras dos cuervos en la sala se posaban a mis costados, relamiéndose y susurrándose cosas entre sí.

5)
     Mucho tiempo estuve atrapado por aquella gigantesca pantalla. Sobreviviendo como un desecho cerebral, como una baba con piel.
      Pero no, nunca tuve una naturaleza contemplativa ni tampoco disfruté  lustrarle los zapatos a la muerte. Por eso un día me puse de pie y me arrastré por la sala, dejando pedazos de carne gris sobre la alfombra, levantando el rostro para soportar el espejo y gritando que  eran todos unos cobardes HIJOS DE PUTA, por culpa de ellos nos iban a hundir, con el peso del cielo, las deudas y  la radiación. 

6)
     Al salir nadie me devolvió el dinero de la entrada, pero había una tarde con sol ahí afuera y en la otra cuadra ya estaba abriendo el bar.
     En la barra conocí a una linda chica, ojos grandes y dorados, labios rojos y dementes, sueños de la absoluta destrucción
     ¡PORQUE SÍ!,  ¿QUÉ IMPORTA? Me enamoré de la hija de la muerte, y desde esa tarde  duerme conmigo adentro de un ataúd que se tambalea sobre la cima de un árbol. Afuera llueven hojas otoñales, mientras los dos apretamos las caras contemplando las estrellas a través de un cristal. Prometiendo que algún día haremos ese viaje. Y aunque a veces el viento sopla fuerte y nos tambalea, sé que de verdad nos queremos, intentamos formar un hogar.




¿2016?





Nadie aceptó comer con el dolor
Cuando abrimos los ojos ya estábamos a la mesa
Y las servilletas blancas a la altura de nuestros cuellos
Un cuchillo en una mano
Un tenedor en la otra

La saliva requería de algo más que la imagen

El dolor no sonríe ni se aterra

Somos nosotros los que nos reproducimos en realidades abstractas
Que a modo de complacer a la miseria se concretizan y nos lamen

Todo infierno es en sí mismo eternidad
Nadie puede darse el lujo de despreciar los golpes
Cada hectárea de hechos atómicos ES contradicción
Aunque no sea- para poder- contradecirse

Cada fetiche retórico en nuestra búsqueda de trascendencia
Es una palmada a una mentira más grande
La broma comienza en nosotros
Porque ella tampoco existe

Ahora el mar está adentro de la escafandra
La única posibilidad es asfixiarse en su grandeza

No es inmediata la vida a la muerte
El descubrimiento a la memoria:
Desgarrarse
pulirse
avanzar o caer

Alguien abrió la puerta y no entramos
Entendimos que siempre estuvo abierta
Y que al puente también lo buscamos por necesidad pueril

Todo humano es un niño
Y tiembla en el espacio acuoso en el que viven las ideas
Arrancándose las uñas para no matar a alguien
Para no exigir que le den una respuesta

Surcar la versión arrítmica de la posibilidad
Es la bella composición vital de los parásitos
La orquesta sinfónica de la irrupción al no-cuerpo

El maquillaje se descorre de la piel desprendida
Que se pudre sobre los huesos descalcificados
¡Y se esparcen como brisas de polvo!

Garabatos en el aire
Desechos humanos
Hermosos campos de posibilidades etéreas y tangibles

Que desacierto el de no derretir nuestro propio esqueleto
Y gritar: ¡adiós esqueleto, no sos tan importante!

que delicia la de recordar al menos por un segundo
que todo esto es una farsa
pero que solo  aquí podemos amar
e involucrarnos en conflictos
y cambiarnos los sexos, los nombres
y tener filosofías y causas

solo acá podemos sentirnos importantes
y comer y llorar y escribir poemas
y sentir que ningún libro suficiente
que toda obra de arte es una bala perdida
que da vueltas por un especio de ideas
donde hay más balas perdidas
y cabezas recibiendo disparos
y  rostros salpicándose de sangre
y  más balas encontrándose y estallando
y  multiplicándose con su naturaleza expansiva

bailar porque no queda de otra
odiar porque al fin y al cabo ya estamos muertos

seremos horribles y bellos o no seremos nada

… y sin embargo, que delicia la de encontrarse y no ser nada
La de no saber dónde estamos
No limitar donde estamos
No marcar la fecha
Ni dejar de inventarla
No saber la hora
No dejar de jugar
No dejar de ser los niños del planeta

Y que al pasar por las avenidas
La gente grite:
¡Vago!
¡Mantenido!
¡Parásito de la sociedad!
Y que al pasar por las academias
Los no-estudiantes  griten:
¡Borracho!
¡POSMODERNISTA!
¡CLOWN!

Y sonreír y sentir el sol que se filtra por las ventanas
Y escuchar los pájaros que aún no han cocinado
Y avanzar entre la frescura pensando:
Perdónalos Annette, no saben lo que hacen

Y avanzar  parcialmente ciegos
Calculando los objetos al paso
Saludando las heridas
recibiendo nuevas cicatrices
rodando por pendientes rocosas y escarchadas
besando maniquís y fantasmas
guiándonos por los olores
la música
y las supuestas formas

largos e indescriptibles son los procesos
que se pueden calcular hasta  que el ojo  desvanece
y las paredes colisionan 

por un instante nada nos aterra ni nos teme

Una vez “descubiertos”
Sumergidos más allá de la sombra
poco importa describir la experiencia
O el recuerdo de una vieja pulsión

Todo lo que recordamos e intentamos definir
se despedaza y se deshace

Se han extinto las ventanas cerradas
Los aires acondicionados
y el miedo al tiempo

Se han  caído las paredes que dividían a la realidad de la ficción

Como sea
No me esperen

Vuelvo tarde 

Fabio Rivas Rivera nació el 5 de agosto de 1990 en San Salvador. Estudió Cine en la UNA de Buenos Aires y en los diplomados del centro cultural de España y la Mónica Herrera de El Salvador. Ha escrito y dirigido dos cortometrajes, así como ha sido cofundador del ciclo de poesía arrancándonos la piel (Argentina) y la banda musical: Los Bastardos (El Salvador). Entre sus publicaciones se encuentran el libro de relatos: siete maneras de estar muerto (2010) y el poemario: el mundo se derrumba y nosotros nos masturbamos (2013) más la publicación de textos en la revista de Buenos Aires: maten al mensajero y otros en el diario Co latino, la revista Karnaval y una antología de poetas jóvenes de El Salvador. Actualmente se dedica al ensamble experimental de música y poesía con Los Bastardos, a la edición de su libro de cuentos sobre ectoplasmas y gusanos y a la impartición de talleres gratuitos sobre dirección de cine en el centro de San Salvador. 

martes, 19 de julio de 2016

Ser que divaga a través de la ventana

Ser que divaga a través de la ventana
Erick Tomasino.



Lo difícil es que uno empieza a pensar en las enfermedades, en la vejez, en lo propio del ocaso intermitente. Quizás en aquello que nos habría gustado ser, pero que no hay problema porque al final uno como que se resigna de lo que es y te decís que lo importante es tener salud. A lo mejor no sea este el pensamiento adecuado, a lo mejor debería estar más preocupado por no haber entrado la ropa ahora que noto por la ventanilla que es probable que llueva. O puede ser que lo que me preocupa en realidad es que por salir a la carrera no le haya dado el beso de buenos días y esperar que me dijera te veo más tarde, porque siempre que salgo me dice que nos veremos más tarde, debe ser su expresión para mostrar que se queda preocupada. Lo difícil es asumir que uno no dura para siempre, con el miedo que le tengo a morir y cuando pienso en eso me digo… ¡mierda! No me acuerdo si cerré la llave de gas a la cocina, ojalá se haya dado cuenta sino arderá la casa de la gran reventazón tipo fiestas patronales, o lo mejor es que no se dé cuenta para que no se asuste de mi despiste. No. Es mejor creer que cerré todo antes de salir corriendo de casa. ¡Uf! de repente hace calor y parece que sudo. Tampoco vi las noticias, no me di cuenta si alguien se indignaba hoy. Lo digo ahora que veo cómo esta chica que va sentada cerca de mí observa su teléfono celular y ahhh qué sonrisa, seguro le ha llegado un mensaje gracioso, vaya cómo mueve los pulgares para corresponder la conversación y me alegro de lo bueno que es conservar la amistad; pero en lugar de eso ¿no debería estar haciendo algo al respecto? Quizá no le dije que la quería y por eso no nos dimos un beso antes de salir. A mí lo que me habría gustado es ser músico, talvez tocar la guitarra o ese violín que suena ¿o será un violonchelo? Nunca aprendí a diferenciarlos pero me gustaba el final de los capítulos de lobo del aire, la música va bien acompañando el trotar de los postes de luz a través de la ventana, mierda, las facturas. Seguro este mes nos llega la notificación de que nos cortan la luz. ¡Y ese flash! Debió ser un relámpago, así como está el día de nublado hay probabilidades de chubascos eléctricos. Me está dando sueño, hace mucho que el ruido de los motores me sirve de canción de cuna. Quizá lo difícil es dudar de la salud de uno y no estar asegurado mientras esto avanza; quizá lo que más me preocupa no es brindar mi identidad sino el no poder recordar qué calzoncillos llevo puestos, a lo mejor no sea para tanto y no haya necesidad de quitarme la ropa. O puedo estar equivocado y quizá lo que me preocupa es pensar que por salir huyendo de casa no le haré falta ahora que noto que del choque de hace unos minutos mis vísceras revolotean como zopilotes sobre los basureros. Entonces lo difícil es dudar que nos veremos más tarde mientras transita la vetusta ambulancia que me lleva hacia el hospital o a la cueva donde depositan los corazones que divagan melancólicos.

jueves, 14 de julio de 2016

Mercadito de Pulgas en el Parque



El “Mercadito de Pulgas” tiene como objetivo generar un espacio donde se junten personas interesadas en COMPRAR, INTERCAMBIAR, REUTILIZAR, RECICLAR y hacer TRUEQUE en San Salvador. Esta vez nos tomamos el Parque San José de la San Luis (San Salvador) para pasar una tarde agradable de sábado.

Encontrarás cosas de segunda mano como ropa, zapatos, utensilios de cocina, objetos del hogar, libros, discos, películas, etc.

Tambien habrá comida rica para que se lleguen a almorzar, artesanias, cosas hechas de materiales reciclados, café, verduras y fruta organica,productos naturales, frescos naturales y muchas, muchas cosas más!

Les esperamos a partir de la 1:00 pm. Habrá música por Tokadisco Social Club y un ambiente divertido!

¡Nos vemos el sábado 16 de julio!

viernes, 8 de julio de 2016

“Ninis” que no son “ninis”

“Ninis” que no son “ninis”



En días recientes el gobierno de El Salvador, a través del presidente Salvador Sánchez Cerén, lanzó el programa “Jóvenes con todo”, una propuesta que busca “ promover el desarrollo de habilidades y competencias para mejorar el acceso al mercado laboral y la inserción productiva en las juventudes ” i . Dicho programa contempla tres componentes: empleo, empleabilidad y emprendimientos, orientados a la población joven (entre 15 y 29 años) que en la actualidad se encuentran en condición de personas desempleadas, subempleadas, fuera del sistema educativo formal o en transición hacia el mercado laboral; es decir, jóvenes trabajadores que por diversos factores no han tenido las posibilidades de continuar con sus estudios o tampoco integrarse al mercado de trabajo. Este programa pretende beneficiar a unos 100 mil jóvenes en tres años.Ante este anuncio, se desató un sinnúmero de opiniones en favor y en contra –muchas veces no argumentadas- sobre los fines que el programa pretende alcanzar, destacándose la percepción dominante en los medios de comunicación afines a la burguesía de que esta iniciativa va dirigida para mantener a los “ninis”, término que se asume de forma automática como el sector de la población joven que “ni estudia ni trabaja”, entendida a la población joven empobrecida y fuertemente utilizada como sinónimo de “jóvenes holgazanes que no quieren hacer nada”.
En este marco llama la atención la popularidad que ha adquirido en estos días el término “nini”. “Nini” es un concepto que ha sido adaptado del inglés NEET ( Not in Employment, Education or Training ) y que surgió en Gran Bretaña en 1999 (en pleno contexto de la crisis capitalista en los países centrales) y que se aplicaba a jóvenes entre los 16 y 18 años que no estaban estudiando ni trabajando. Este término se adaptó en los países de América Latina para referirse a los jóvenes que “ni estudian ni trabajan” y que hoy se usa en tono despectivo y con un fuerte componente ideológico para culpabilizar a aquellos jóvenes que debido a su edad deberían estar dentro del sistema educativo formal o si no dentro del mercado laboral por lo menos como “ejército” de reserva; es así que en ese sentido se hace creer que la falta de empleo y las pocas posibilidades para continuar estudios son problemas individuales, de falta de ganas; de ahí que “nini” se asocie a la imagen de haragán y no como producto de un sistema económico que requiere una amplia población poco instruida y desempleada para fines de sobre explotación. Condición que es indispensable para que las empresas capitalistas puedan obtener mayores niveles de rentabilidad pues les beneficia contratar fuerza de trabajo en desventaja para competir en el mercado laboral.
Este término aplicado a un sector poblacional, es un término transitorio (con suerte) pues se supone que debe haber las condiciones para que jóvenes puedan estudiar y posterior a su formación ofrecerse como fuerza de trabajo, es así que también se haya popularizado como una categoría estática como si siempre fueran los mismo jóvenes ubicados en permanente estado de inactividad y que además -en nombre de la innovación conceptual- se haya adaptado como en fenómeno reciente (problema generacional) y no como producto de relaciones históricas.
Al igual que la categoría de “juventud” el de “ninis”, depende del contexto histórico-social y se cruza con variables como el género, clase social, grupo étnico, generación, entre otros. Existen tres variables para catalogar a una persona como “nini”: 1) ausencia en el sistema escolar; 2) la no participación activa en el mercado laboral y 3) las características sociodemográficas, que son las utilizadas por organismos internacionales como el Banco Mundial ii .
Es por ello que son estas tres variables entrecruzadas las determinantes para ubicar a un “nini”; sin embargo el hecho que esta persona en la actualidad no esté en el sistema educativo formal y que no esté inserto en el mercado laboral, es la variable de las características socio-demográficas la que en realidad predomina en su concepción; por lo tanto se asume que un “nini” es un joven que proviene de la clase trabajadora, desempleado, en condiciones de marginación y pobreza que debería estar estudiando o vendiendo su fuerza de trabajo en el sector capitalista de la economía, que vive en situación de vulnerabilidad social y por lo tanto propenso a convertirse en criminal; y por lo tanto no se puede asumir como “nini” a un joven de origen burgués que, aunque también en la práctica no esté “ni estudiando ni trabajando” es mantenido por las rentas de sus padres empresarios (dueños de medios de producción) y que no necesita ofertarse en el mercado laboral ni vive en situación de vulnerabilidad social. Como diría un amigo: “esta es la parte filosófica de la canción”.
Es así que “nini” -como toda categoría- es una construcción social; sin embargo esta “construcción social” responde a intereses de los sectores dominantes de un orden social. Por lo tanto, tiene como fin, perpetuar y reproducir el orden social existente iii . De ahí que las propuestas para reducir la cantidad de “ninis” tengan que ver con la incorporación de estos a las relaciones capitalistas de producción y peor aún a la de generar iniciativas de “emprendedurismo”, concepto de por sí engañoso al hacer creer que tener una ventecita de algo los convertiría en empresarios de éxito y no como una medida para perpetuar la subsistencia y que no se busque erradicar las causas socio-económicas que la permiten e incentivan.
Es por ello que “nini” no es una categoría neutra; por el contrario, implica relaciones de poder que subyacen de las relaciones sociales, institucionales e interpersonales, creando así un abismo de desigualdades y categorías tan abstractas como la de “nini” para ocultar todo un entramado de factores que condenan a muchos jóvenes a la deserción escolar y a la miseria económica.
Si bien el programa presentado por el gobierno salvadoreño es apenas una medida paliativa y que no trastoca las causas de fondo en términos estructurales, el solo hecho que contemple la búsqueda de alternativas económicas para miles de jóvenes de la clase trabajadora es de por sí plausible.
No obstante el reto permanente es el de organizarse como juventud con base a una identidad de clase y proyecto común, que exija cambios estructurales para revertir las condiciones que permiten que existan jóvenes sin posibilidad de estudio ni empleo. Así como de asumir que pese a las actuales condiciones materiales de vida no son “ninis”, sino jóvenes con potencial para el estudio, el trabajo y sobre todo, para la transformación social.
Notas:
i Más detalles sobre este programa se puede leer en: Perfil de empleo y empleabilidad Joven “Jóvenes con Todo” 2014-2019. Gobierno de El Salvador.
ii Cfr. Banco Mundial. (2016). NINIS en América Latina. 20 millones de jóvenes en busca de oportunidades. Washington D. C.
iii Una lectura detallada sobre las relaciones de producción y los conceptos dominantes leer el artículo de Alberto Quiñonez: Esa tomadura de pelos de los “ninis”. Publicado en la revista Rebelión el 21 de junio de 2016. http://rebelion.org/noticia.php?id=212487

lunes, 27 de junio de 2016

HORIZONTES PREÑADOS

HORIZONTES PREÑADOS

Erick Tomasino.


-Todo va salir bien miamor- le dijo el Fox mientras la abrazaba y acercaba la cabecita de ella hacia su hombro.
En ese momento la Suri sentía que le lagrimaban los ojos, no de la emoción, sino por el exagerado olor a perfume que el Fox destilaba. Ella lo había tomado por sorpresa aquella mañana que llegó a buscarlo al trabajo para darle la noticia. El Fox no lo pensó dos veces y le dijo que ese era el mejor momento para irse. No le importaba si en ese instante no vestía adecuadamente o si estaban preparados para aquella aventura, nada importaba en esas circunstancias, de hecho el Fox sólo llevaba la ropa de vestir con la que acudía religiosamente todos los días a su oficina y nada más.
-Para la próxima no tenga pena de llamarme, nadie va saber que es usted- le pidió el Fox a la Suri.
Mientras le decía eso, la Suri se sacó su teléfono celular del brasier para verificar si había alguna llamada perdida, pero nadie, en aquel trajín, había intentado comunicarse con ella. Tampoco ella hizo el esfuerzo de avisarle a alguien, así el secreto sólo sería revelado con el transcurrir del tiempo. Reflexionó entonces que quizá de todos los artículos que pudo haberse llevado, aquel era el menos adecuado, a lo mejor no le pegara la señal, a lo mejor no le alcanzarían las dos coras que le restaban de saldo; igual aquellos pensamientos no eran los más importantes en ese momento.
El Fox no dejaba de abrazarla, se le notaba emocionado, eventualmente acercaba la cabecita de la Suri para darle besitos por todos lados.
-Ya va ver miamor cómo nos irá de bien. Es mejor que pasara de esta manera, así acabo todo de una vez. Vamos a ser felices. No se preocupe por ella que todo está terminado- y el Fox miraba esperanzado hacia todos lados como buscando la aceptación de sus palabras en el viento.
La Suri se emocionaba con aquellas palabras, pero también dudaba, tenía miedo de que las cosas no salieran tan bien como el Fox se las pintaba.
-Mejor bajémonos- le solicitaba ella medio temblorosa.
-Ya no podemos dar marcha atrás miamor- le indicaba él mientras la apretujaba con más fuerza y el olor de aquel perfume se desataba con furia. La Suri se arrepintió de haberle regalado el bote de loción para su cumpleaños, quizá no se imaginaba que no combinaba bien con el tufo a sobaco que el Fox emanaba con furia de macho pijiado.
La Suri sentía un revoloteo en el estómago. El cruce de emociones –pensaba- no le sentaba bien. En el camino le pidió a Fox que le comprara una gaseosa, él le compró la gaseosa y también un guacal de papitas de a dólar con todo y mayonesa para complacer los caprichos de princesa de la Suri. Mientras le pegaban mordiscos, él seguía prometiendo.
-Tengo un primo que me ha dicho que tiene un cuartito donde podemos vivir, con luz y agua, hasta baño propio tiene, imagínese miamorcito, que bonito ha de ser aquello. Es parte de las bendiciones que dios nos tiene preparado.
La Suri al contrario sentía que lo que les iba a llover era la furia divina que azota a las personas que cometen adulterio y de imaginarlo, un escalofrío le recorrió por todo el cuerpo, tanto así que sentía que ni las papas le pasaban por el buche y el retorcijón en el estómago se hacía más intenso. Pero se imaginaba compartiendo aquel cuartito con luz y agua y con su propio baño, parecía un sueño, jamás había vivido en esas condiciones y le resultaba demasiado bueno para ser verdad.
El Fox no paraba de hablar y de endulzar el oído de la Suri con interminables promesas. Cada vez que le quería decir algo la acercaba con fuerza hacia él como para decirle un secreto poco disimulado. La Suri cerraba los ojos sintiendo cómo le penetraba el intenso olor a perfume. Se acordó así de aquella noche en que el Fox llegó a celebrar su fiesta de cumpleaños en el chupadero donde ella trabajaba, como ya le había puesto el ojo, ella le obsequió una cajita envuelta con papel lustre que en su interior contenía el frasquito de loción comprado por catálogo que en el anuncio, prometía ser una fragancia seductora.
Aquello fue el detonador para que el Fox, ya con varios tragos encima, le propusiera a la Suri que esa noche se fueran a un motel para terminar felices su noche de cumpleaños. Ella como ya lo tenía previsto le dijo que sí y fue así como ya medio encandilados se fueron a encerrar las horas que duraba la promoción para amarse como adolescentes en celo. También esa noche se descifraron futuros inciertos y confesiones poco esperadas por ella, como la declaración de que el Fox era un hombre casado. Aún con ello, la Suri le dijo que no importaba, que si lo sabían disimular no habría problema. Eso le dijo aquella noche mientras retozaban y el Fox, ya bastante entonado, se quedó dormido.

Ensimismada en aquel recuerdo estaba la Suri cuando el Fox la interrumpió ofreciéndole un porvenir lleno de ilusiones. Le hacía creer que irse a la mierda era la mejor decisión que podían haber tomado. Quería establecer con ella una relación formal, hacer una nueva vida, le proponía que en aquel sitio hacia donde se dirigían, él podría encontrar un mejor trabajo y ella podía seguir con su oficio de mesera y recibir jugosas propinas en otro chupadero o quizá en algún sitio de caché. El primo lo resolvería todo. De esa manera vivirían por el resto de sus días.
El Fox no paraba de hablar, estaba como alocado, como si una fuerte dosis de psicoactivos se había apropiado de él. Miraba hacia todos lados como quien es perseguido, suspiraba y reía. Su emoción era desbordante y eufórico apretó con todas sus fuerzas a la Suri para darle un profundo beso.
-Me va a destripar la criatura –le dijo ella con sorpresa.

Él se apartó un poco, suspirando miró hacia la ventana, después de un largo silencio, ambos se apoyaron en el asiento de adelante e intentaron dormir. Era mejor descansar un poco para asumir con nuevas fuerzas lo que se les venía. Mientras tanto, el bus continuaba su camino rumbo a aquel horizonte carcomido de inquietudes.

jueves, 16 de junio de 2016

El examen de admisión

El examen de admisión


Erick Tomasino.

Alguien me dijo antes de iniciar el examen de admisión: “Lo difícil no es entrar a la Universidad, lo difícil es salir” con los años le daría la razón.
Todo el mundo hablaba en el bachillerato del famoso y muy temido examen de admisión de la UES, lo hacían ver como si fuera una de las cosas más complejas del mundo, aún había cierto prestigio en el nivel académico, por lo que se decía que no cualquiera entraba. En medio de esas conversaciones nos avisaron que podíamos comprar un temario para orientarnos sobre lo que debíamos estudiar.
Es así que un día volví a la Facultad en busca de aquel texto, lo primero que se me ocurrió fue preguntar en la Administración Académica pero me informaron que ellos no lo vendían, que si quería que preguntara en alguna fotocopiadora, pregunté donde había una y me indicaron un sitio al cual acudí.
El lugar estaba a la par del aula 6 y era un cuartito con una fotocopiadora y un montón de gente entrando y saliendo, muchos medio barbados, con camisetas, algunos con la imagen del Che y supe que aquello era la Asociación General de Estudiantes de la Facultad Multidisciplinaria de Occidente (AGEFMO) ahí me ayudaron para ubicarme, incluso para saber exactamente en qué aula me correspondía hacer el examen, dato que antes no tenía. La amabilidad de aquellos muchachos contrastaba con las formas pesadas con las que algunos funcionarios de la universidad trataban a las/os aspirantes.
Conseguí aquel famoso temario y lo leí de pie a pa.
Se llegó el día de examen, llegué bien tempranito en la mañana. Había muchos jóvenes entusiasmados, otros nerviosos y algunos pocos muy confiados. Yo estaba curioso por descubrir quiénes serían mis compañeros de aula, así conocí a Martín, Ronald y otros que en su mayoría no superarían el primer ciclo.
Terminé el examen sin ningún problema, salí del aula y como me gustaba aquel ambiente decidí quedarme un rato más. Nos juntamos con alguna gente del bachillerato que andaban por ahí para comentar cómo nos había ido, más de alguno aprovechó a fumar a modo de respirar la “libertad” de ser potenciales universitarios.
Yo admiraba todo a mi alrededor, me gustaban los murales y me imaginaba caminando aquellos pasillos con mi pelo largo y talvez siendo uno de aquellos muchachos que vi en AGEFMO.
Días después, aparecerían los resultados en los periódicos. Me entusiasmé mucho al ver mi nombre en la lista de aceptados. Estaba muy contento. Se vendrían nuevas experiencias…